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Tiempos modernos


Cartel de Tiempos modernos

Un obrero de la industria del acero acaba perdiendo la razón, extenuado por el frenético ritmo de su trabajo. Después de pasar un tiempo en el hospital recuperándose, al salir es encarcelado por participar en una manifestación, en la que se encontraba por casualidad. En la cárcel, también sin pretenderlo, ayuda a controlar un motín por lo que gana su libertad. Una vez fuera de la cárcel reemprende la lucha por la supervivencia, lucha que compartirá con una joven huérfana que conoce en la calle.

     Título original: Modern times
     Año: 1936
     Duración: 86 min.
     Nacionalidad: EE.UU.
     Género: Comedia.
     Fecha de estreno: 29/08/2003

 

Comentario

Tiempos Modernos significó la última aparición en pantalla de Charlot, personaje que dio a Charles Chaplin fama mundial, y que todavía permanece en el imaginario colectivo como una de las más reconocibles figuras que se hayan dado en el mundo del arte.

El mundo del cual Charlot se despedía era muy diferente al que le vio nacer dos décadas atrás, antes incluso de la Primera Guerra Mundial. Por aquel entonces, había compartido y simbolizado las penurias de todos los desfavorecidos de un mundo que justo salía del s.XIX. Tiempos Modernos nos lo muestra enfrentado a muy distintas vicisitudes en plena resaca de la Gran Depresión Americana, cuando el desempleo masivo coincidió con la también masiva implantación de la automatización industrial.

Chaplin era un hombre muy preocupado por los problemas sociales y económicos de esta nueva era. En 1931 y 1932, dejó Hollywood para embarcarse en una gira mundial de 18 meses. En Europa, quedó desolado ante el auge del nacionalismo y los efectos sociales de la Depresión, así como por el desempleo y la automatización. Leyó libros sobre teoría económica, y desarrolló su propia Solución Económica, un inteligente ejercicio de idealismo utópico, basado en una distribución más equitativa no sólo de la riqueza, sino también del trabajo. En 1938, comentó en una entrevista: "El desempleo es la cuestión más importante... la introducción de las máquinas en el trabajo debería ser de ayuda a la humanidad, y no una fuente de tragedia dejando a la gente sin trabajo".

En Tiempos Modernos, decidió transformar sus observaciones y ansiedades en comedia. Charlot, quien aparece en los créditos de la película como 'Obrero de la Fábrica', es uno más de los trabajadores que intentan enfrentarse a los problemas que conlleva vivir en los años 30, no muy distintos a las ansiedades y neuras del s.XXI: pobreza, paro, huelgas, revienta-huelgas y esquiroles, intolerancia política, desigualdad, la tiranía de la tecnología, las drogas. El portentoso título con que se abre la película, "La historia de la industria, de la iniciativa empresarial - la humanidad en búsqueda de la felicidad" - sigue con una yuxtaposición simbólica de planos de ovejas pastando y obreros saliendo en tropel de una fábrica. El personaje de Chaplin es visto por primera vez como un operario al que su monótono e inhumano trabajo en una cinta transportadora de una cadena de producción, está a punto de volver loco. Además, le utilizan como conejillo de indias para probar una nueva máquina con la que se pretende dar de comer a los obreros mientras trabajan.

Sorprendentemente, Charlot tuvo una compañera en esta batalla contra el nuevo mundo. A su regreso a América tras su gira mundial de 1931, Chaplin había conocido a la actriz Paulette Goddard, quien se convertiría desde entonces, y por muchos años, en una compañera ideal. Su personalidad le inspiró el personaje de la chica huérfana de Tiempos Modernos: una chiquilla cuyo padre murió durante una demostración laboral, y que unirá fuerzas con Chaplin. No son rebeldes ni víctimas, sino, escribió Chaplin, "los únicos espíritus libres en un mundo de autómatas. Somos unos niños carentes de cualquier responsabilidad, mientras el resto de la humanidad se hunde bajo el peso del deber. Somos espiritualmente libres". En un sentido, entonces, son anarquistas.

Chaplin planeó en primera instancia un final triste y sentimental para su película. Mientras Charlot estaba convaleciente en un hospital, recuperándose de un ataque de nervios, la joven huérfana se convertía en enfermera, separándose de él para siempre. Este final llegó incluso a rodarse, pero fue finalmente abandonado a favor de una conclusión más alegre. "Saldremos adelante", se puede leer en el subtítulo; y la pareja, cogidos del brazo, se alejan optimistas por un camino de campo hacia el horizonte.

Cuando Tiempos Modernos se estrenó, el cine sonoro llevaba ya diez años de explotación comercial. Hasta entonces, Chaplin se había resistido a recitar diálogos, sabedor de que la clave de la universalidad de su humor se hallaba precisamente en la pantomima. No obstante, esta vez se prestó a preparar algunos diálogos, llegando incluso a grabar algunas pruebas. Finalmente, se lo pensó mejor y, como en Luces de la Ciudad, acabó utilizando sólo música y efectos de sonido. Las voces humanas sólo aparecen en segundo plano, filtradas a través de aparatos de tecnología: el jefe que se dirige a los obreros desde una pantalla de televisión; el vendedor que es sólo una voz en un fonógrafo.

Una sola vez, la voz de Chaplin se escucha directamente. Haciendo de camarero, Charlot es requerido para sustituir al tenor de un café-teatro, especializado en temas románticos. Escribe la letra de las canciones en los puños de su camisa a modo de chuleta, pero la pierde, por lo que se verá obligado a improvisar la canción con una maravillosa jerga que pretende hacer colar como italiano. La voz de Chaplin se había podido escuchar ya en la radio, e incluso en un boletín informativo cinematográfico, pero esa sería la primera y única vez que el mundo podría oír a Charlot.

Aparte de esta inseguridad sobre el sonido del film y el final cambiado, el rodaje fue fluido y poco problemático y, para lo que era habitual en Chaplin, comparativamente rápido. Seguramente ayudó a esto último el que la historia está claramente estructurada en cuatro 'actos', cada uno equivalente, más o menos, a una de sus antiguas películas de dos bobinas. Tal y como escribió en su día el crítico americano Otis Ferguson, podrían haberse titulado por separado La Tienda, El Preso, El Vigilante y El Camarero Cantor.

Como ya había hecho en Luces de la Ciudad, Chaplin compuso su propia banda sonora, y como de costumbre, hizo pasar a sus arreglistas y directores un mal rato, con el resultado de que el distinguido y reputado músico de Hollywood, Alfred Newman abandonó el proyecto.

La película fue víctima de una extraña demanda por plagio. La firma franco-germana Tobis denunció a Chaplin por haberles supuestamente robado ideas y escenas de otro clásico sobre el trabajo industrial en el s.XX, Viva La Libertad (A Nous La Liberté), dirigida por René Clair. El caso no se sostenía, y Clair, gran admirador de Chaplin, estaba avergonzado por todo ello. Pero Tobis persistió, y volvió a presentar cargos en 1947, después de la Segunda Guerra Mundial. Esta vez, el estudio de Chaplin accedió a pagar una suma modesta, aunque fuera tan sólo para librarse de aquel fastidioso asunto de una vez por todas. Chaplin y sus abogados mantuvieron siempre que la obstinación de aquella empresa, de capital mayormente alemán, estaba motivada por los deseos de vengarse de Chaplin por los sentimientos anti-nazis expresados en El Gran Dictador.

Para beneficio de las generaciones futuras, Tobis fracasó en su empeño original para que el film de Chaplin fuera permanentemente retirado de circulación. En lugar de eso, Tiempos Modernos sobrevive como un válido comentario sobre la supervivencia del ser humano dentro de las circunstancias industriales, sociales y económicas del s.XX. Y sigue siendo relevante, en términos humanos, en pleno s.XXI.

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