Un hombre es atropellado por un vagón de metro. Para los allí presentes, lo ocurrido ha sido un trágico accidente. Para Sara no. Ella ha visto cómo Jaime empujaba a la víctima. Un extraño impulso lleva a Sara a contactar con Jaime para decirle que ella sabe que no ha sido un accidente, y que lo ha grabado en vídeo. Cazadora y presa se adentran en una perversa, y cada vez más íntima, relación a distancia. La total soledad de los protagonistas en medio de una ciudad de cuatro millones de habitantes, pese a utilizar todos los medios de comunicación modernos: móviles, Internet, webcam; el uso que cada personaje hace de los otros, como si de simples objetos se trataran, van enmarcando el cuadro y tiñendo de ese tono propio del cine negro, el clima y la tensión en que la relación se desarrolla. Finalmente son las terribles obsesiones de muerte de ambos las que les unen en un dramático encuentro físico, y de las que, paradójicamente, renacerá una semilla de vida. |