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Los actores


Cartel de Los actores

En un elegantísimo restaurante de los Campos Elíseos, La Maison du Caviar, tres veteranos actores, Jean-Pierre Marielle, Jacques Villeret y André Dussolier charlan animadamente. Súbitamente, Marielle repara en que el camarero ignora su demanda de un vaso de agua caliente para su café. Al actor le asalta una terrible pregunta: ¿Habrá pasado ya su hora? —"El actor que nadie escucha ni ve ha dejado de existir", dice Blier— ¿O quizá se trata de una vasta conspiración contra los actores? Va a tener que resolver el misterio.

Mientras, sus compañeros de mesa, que acaso confunden su turbación con un reto interpretativo, la realidad con el oficio, no hacen otra cosa que sumirle aún más en su depresión, manifestando que ya es un actor viejo, y Marielle empieza a pensar que, efectivamente, ha perdido el poder de declamar: el camarero ha ignorado la petición porque ésta no ha sido suficientemente convincente. Y a continuación se dispara un auténtico delirio interpretativo, sumido en una impúdica vorágine hecha de absurdo desconcertante y paranoico, punteada de ese lenguaje soez hiriente pero brillante que Blier hace contrastar con ambientes supuestamente refinados, de ese universo tan caro a este director que no busca sino épater le bourgeois, y que se resiste a toda sinopsis posible.

     Título original: Les acteurs
     Año: 2000
     Duración: 103 min.
     Nacionalidad: Francia
     Género: Comedia.
     Fecha de estreno: 17/05/2002

 

Comentario

Bertrand Blier ha logrado incluir en "Los actores" todo el "Quién es quién" del cine francés que actualmente ya sobrepasa los 50 años, el cual, además, se ha prestado gustoso a la propuesta. El director ha contado con 55 millones de francos de presupuesto, una cifra que en Francia no se considera elevada, y los actores han dejado aparte sus exigencias particulares, adaptándose a unas condiciones de contrato generales. "Ha habido acuerdos comunales entre los agentes de los actores para que todo fuero lo más democrático posible... no ha habido caprichos particulares" -comenta Blier.

El director considera que: "Esta generación de actores que ya cuenta más de cincuenta años pertenece al patrimonio francés". Y, de hecho, la propia película, según Blier: "...en ciertos aspectos...es una película de patrimonio. Pienso que se lo debo a Alain Resnais y a "On connaît la chanson" (1997). Me dejó atónito, no solamente que fuera capaz de hacerla, sino que, además, tuviera éxito. Es eso, precisamente, lo que yo considero "una película de patrimonio". En el cine francés existe ese problema de identidad: ¿Existe todavía eso? ¿Vale la pena? Creo que sí, pero es preciso ser muy francés y oficiar como autor; ese es el secreto. O de la contrario, dedicarse al cine de barraca, tipo "Titanic".

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