La señorita Adela Castro, de una de las mejores familias de una bella localidad del norte de España, ha gastado los cuarenta y tantos años de su vida en soledad, en meditar que se ha quedado soltera porque físicamente no le quedaba otro remedio. Tiene un secreto, se afeita todos los días y además tiene desarreglos de conciencia que obligan a su confesor a enviarla a un médico que la diagnostica que es un señor. |