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Noviembre


Cartel de Noviembre

¡Cierren las salas, el arte está en la calle! Empujado por el grito revolucionario y un espíritu que todavía conserva su barniz de idealismo, un joven Alfredo decide crear "un arte más libre, hecho con el corazón, capaz de hacer que la gente se sienta viva".

Su concepto del teatro empieza más allá del escenario, se traslada a pie de calle, cara a cara con el público. Allí en una plaza cualquiera, en un parque o en la avenida más comercial de la ciudad, Alfredo y su grupo Noviembre comienzan la función: demonios que provocan a los paseantes, actuaciones de denuncia social, acciones llevadas al extremo que ponen en alerta a las fuerzas del orden público. No hay límites ni censuras, sólo hay ideas y todas valen si son capaces de conseguir que el espectador deje de ser espectador y pase a formar parte del guión; se sorprenda, se asuste, ría o llore. El teatro como la vida, la vida como el teatro… ya no hay diferencia.

     Título original: Noviembre
     Año: 2002
     Duración: 104 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 26/09/2003
     Calificación: Todos los públicos
     Distribuidora: Alta Films, S.A.

 
Nominaciones:
Goya. Mejor diseño de vestuario 2004
Goya. Mejor maquillaje y peluquería 2004
Goya. Mejor actor revelación 2004

Comentario

Desde que era un niño he estado, por razones familiares, relacionado con el mundo del teatro y guardo de estas vivencias muchísimos recuerdos. De todos ellos, hay uno que no se me olvidará y que ha sido el principal motivo que ha dado origen a esta película. En los años setenta, un grupo de actores creó una compañía de teatro independiente actuando en diferentes lugares del territorio nacional sin cobrar ni una peseta por su dedicación. Aquella compañía se llamaba El Piojo Picón y surge al mismo tiempo que otros grupos de teatro independientes que, sin ánimo de lucro, recorrieron España durante la época de la transición. La existencia de tales grupos, su lucha por hacer un teatro diferente, libre, independiente y gratuito sigue siendo para mí un misterio, en una sociedad como la de hoy, en donde cualquier forma de arte está obligatoriamente sometida, como el resto de cosas, incluidos los seres humanos, a las leyes imperativas del mercado.

Es cierto que este teatro utópico y libre se dio en circunstancias especiales y en una época determinada, pero... ¿Qué pasaría ahora si surgiera un grupo teatral como los que aparecieron entonces? ¿Podría darse en la década de los noventa un grupo con el mismo espíritu, o parecido? ¿De qué forma surgiría? ¿Tendría algo por lo que luchar? ¿Cuál sería su sentido ahora? ¿Cómo reaccionaría el público? ¿Qué pasaría si el teatro volviera a la calle? ¿Aportaría algo? Y lo que es más importante, ¿podría sobrevivir? ¿Qué pensarían sus integrantes pasados cuarenta años? ¿Pensarían lo mismo que piensan los actores de los grupos de entonces en este momento? Noviembre ha sido un intento de dar respuesta a esas preguntas.

Alfredo Baeza, protagonista y líder del grupo independiente Noviembre, cree en el arte y cree, como creyeron los artistas de principios del siglo pasado, y también los grupos independientes de teatro de finales de los setenta: que a través de su arte puede cambiar el mundo, o mejor dicho, el estado de las cosas. Ese idealismo, considerado ahora por una gran mayoría utópico, en donde no sólo el arte, sino también la política y la economía estaban dominados por un sentimiento colectivo y un deseo de cambio en la sociedad, convierten a Alfredo y a los demás integrantes del grupo en personajes completamente anacrónicos, quijotescos, abocados inevitablemente al fracaso. Sobre todo, en una sociedad dominada por el individualismo, con un sentido claramente materialista y en donde la gente no cree ya prácticamente en nada. Luchar contra ese escepticismo y volver a creer en la utopía es el principal sentido del grupo independiente Noviembre. Alfredo quiere luchar contra ese estatismo que simbólicamente está encarnado en su hermano Alejandro, quiere luchar contra esa ceguera, contra esa parálisis que ha vivido tan de cerca y sobre todo quiere hacer algo para provocar una reacción: "lo que sea". No quiere ver a la gente inmóvil, muerta en vida, sin reaccionar, como ve a su hermano Alejandro; quiere que lo que hace provoque algo, que mueva algo, en definitiva: que trascienda. Ésa es la principal razón de la creación de Noviembre.

La elección del teatro es un pretexto extrapolable a cualquier otro entorno dentro de nuestra sociedad. Alfredo, y con él Noviembre, son la llave que abre la puerta a algo nuevo que a su vez tendrá que ser renovado por otra tendencia, u otro movimiento, en el momento que éste haya entrado en su periodo de decadencia. De esta manera se evitará cualquier forma de absolutismo, de verdad inamovible que pueda llevarnos a una única y exclusiva forma de pensamiento, ya sea en el arte, en la política o en cualquier otro ámbito. Noviembre es principalmente el movimiento frente al estancamiento de las ideas, frente al escepticismo como principal asesino de toda forma de positivismo, de generador de movimiento, y por lo tanto de creación, de futuro, de vida.

Gabriel Celaya decía que la poesía era un arma cargada de futuro. Creo que el arte, y el teatro en particular son y deben ser un arma. Un arma cargada de ideas, de palabras, pero también de contradicción, de paradoja; un arma, por encima de todo, inconformista que nunca pierda el sentido de la autocrítica. Alfredo y Noviembre simbolizan el sueño, la ilusión de que todavía el mundo y las cosas se pueden cambiar.