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La Flor del mal


Cartel de La Flor del mal

Si el tiempo existe, ¿se puede transmitir la culpabilidad de generación en generación como si se tratara de una enfermedad genética? ¿Qué consecuencias puede tener una falta no expiada en el culpable y también en sus descendientes y familiares? Al término de la Segunda Guerra Mundial, en el ambiente letal de los arreglos de cuentas relacionados con la colaboración, una mujer será absuelta de un crimen que ha cometido. La película se desarrolla en la actualidad, durante las últimas elecciones municipales, momento en el que se comete otro crimen. ¿Quién es el culpable? ¿El que comete el crimen o el que se acusa de haberlo cometido?

¿Y culpable de qué?

Y si el tiempo no existe…

     Título original: La Fleur du mal
     Año: 2002
     Duración: 104 min.
     Nacionalidad: Francia
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 17/10/2003
     Calificación: Mayores de 13 años
     Distribuidora: Wanda Films

 
Nominaciones:
Goya. Mejor película europea 2004

Comentario

La Fleur du Mal trata de la transmisión de la repetición en la burguesía de provincias de hoy en día. El punto de partida del guión es el siguiente: la historia de una mujer que es absuelta de un crimen del que es culpable y que se va a acusar de otro crimen que no ha cometido.

La película introduce en escena lo que queda de tres generaciones de los Charpin-Vasseur, una familia de la burguesía de Burdeos. De la primera generación: Micheline Charpin-Vasseur, a la que llaman tía Line (Suzanne Flon). De la segunda generación: Anne Charpin-Vasseur, sobrina de tía Line (Nathalie Baye) y su marido Gérard Vasseur (Bernard Le Coq). De la tercera generación: Michèle Charpin-Vasseur (Mélanie Doutey), hija de Anne y de su primer marido, que falleció en 1981, y François Vasseur (Benoît Magimel), hijo de Gérard Vasseur y de Nathalie, que murió al mismo tiempo que el padre de Michèle. (…)

Tres generaciones, pero también tres tipos de lugares: las casas familiares, inmutables, los sitios relacionados con la campaña electoral (las viviendas de protección oficial, el cuartel general de la campaña, el ayuntamiento) y la farmacia-laboratorio, los dominios de Gérard Vasseur. La acción, que se desarrolla en círculos concéntricos, conduce a los personajes por todos esos lugares. Sin embargo, todos ellos acaban regresando a la casa familiar.

Tres generaciones, tres tipos de lugares, tres pistas para crear suspense: la campaña electoral, un factor de suspense falso pero que hace avanzar la acción. No creo que el espectador ponga en duda que Anne será la vencedora, porque todo apunta a que ganará, pero de todas formas, la película va avanzando hacia el día de la elección. Se trata de un desenlace como cualquier otro.

Más creíble es el tema de descubrir quién es el autor de la octavilla de denuncia, ¿el candidato de la extrema derecha o el marido de la candidata? Este factor de suspense también es una pista falsa porque, en realidad, el problema no está en descubrir si el marido de la candidata es el verdadero autor de la octavilla sino el hecho de que todos los miembros de la familia lo crean capaz de haberlo escrito.

El asesinato que inaugura la tercera parte de la película sólo lo podrán prever los que hayan estado muy atentos al comienzo de la película, cuando se ve un hombre asesinado. Pero en ese momento, el espectador es testigo de la muerte. Sabe de qué se trata, quién lo ha matado y por qué. Apenas es capaz de preguntarse si la encantadora Michèle va a ser descubierta porque es difícil imaginar que pueda ser de otro modo. Se desvirtúan completamente los recursos habituales de las películas policíacas (¿quién es el asesino? ¿por qué? ¿lo descubrirán?). (…)

Pero más allá de esta historia, sin duda singular, Claude Chabrol, a través de la puesta en escena, dice algo de la burguesía que se concreta en esta frase: "El tiempo no existe, es un presente perpetuo".

Como los personajes son guapos, simpáticos e interesantes, la declaración sobre la burguesía es aún más cruel. (…) Los personajes son tan normales que asusta. Si no se hubiera producido un crimen, quizás no habría nada que contar porque nada cambia. Pero incluso el crimen se utiliza para dar a entender que nada cambia. Jamás…(…) Como escribió Chabrol en 1995: "Los mejores criterios de una obra auténtica, ¿no son en la mayoría de los casos su inconsciencia total y su perfecta necesidad?"

Extracto de "Qui est criminelle?" texto que acompaña al guión de La Fleur du Mal .

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