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Soñadores


Cartel de Soñadores

Isabelle (Eva Green) y su hermano Theo (Louis Garrel) se quedan solos en París mientras sus padres se van de vacaciones. Así las cosas, deciden invitar a un joven estudiante nortemaericano, Matthew (Michael Pitt). Entregados a su libre albedrío, experimentan mutuamente con sus emociones y sexualidad y desarrollan una serie de juegos psicológicos cada vez más absorbentes. Enmarcada en el turbulento escenario político francés de la primavera del 68, cuando la voz de la juventud tronaba en toda Europa, SOÑADORES es una historia de autoexploración; los tres jóvenes estudiantes se prueban mutuamente para saber hasta dónde son capaces de llegar.

     Título original: The dreamers
     Año: 2003
     Duración: 120 min.
     Nacionalidad: EE.UU., Italia, Francia
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 17/10/2003
     Calificación: Mayores de 13 años
     Distribuidora: Laurenfilm, S.A.

 
Nominaciones:
Goya. Mejor película europea 2004

Comentario

Inusualmente para un film acerca de la obsesión, la pasión y el abanico de posibilidades, SOÑADORES es un proyecto que casi es una realidad por casualidad. En un primer momento, no logró atraer suficiente interés, y jamás se hubiera concretado en las manos de otro director. Cuando "The Holy Innocents", la novela de Gilbert Adair publicada en 1988, llegó a conocimiento de Bernardo Bertolucci, el director estaba sopesando muy detenidamente qué proyecto afrontar próximamente, mientras se adentraba en esta historia introspectiva de un ménage a trois con sentimientos encontrados que transcurre en medio de los disturbios del París de 1968. Este italiano nacido en Parma, que se autoconfiesa francófilo, se siente muy próximo a los hechos de aquel año turbulento, y tenía sus dudas acerca de trasladarlos a la pantalla por miedo a empequeñecer tanto su propia experiencia como la de los otros. "He realizado muy pocas películas en mi vida" -nos dice el director de filmes tan galardonados como THE LAST TANGO IN PARIS (EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS, 1973), THE LAST EMPEROR (EL ÚLTIMO EMPERADOR, 1987), e IL CONFORMISTA (EL CONFORMISTA, 1970)- "porque cada largometraje es en verdad una parte de mi propia vida."

Efectivamente, por el tiempo en que el libro de Adair cayó en sus manos, estaba considerando muy seriamente la idea de una secuela del tipo de su épica obra maestra NOVECENTO (NOVECENTO, 1976) que resiguiera en paralelo las vidas de un granjero y de un terrateniente hasta 1945. "De hecho, mi intención era llegar hasta el fin del siglo" -nos dice el director, que estaba pensando en incluir el París del 68 como uno de los aspectos del film-. "Pero entonces pensé "Seamos realistas. ¿Qué había detrás de NOVECENTO? Una enorme esperanza política, y hoy en día no me parece ver nada parecido, por lo que lo dejé correr."

Sin embargo, el libro de Adair le rememoró algunos momentos maravillosos. "De hecho, no trata tanto de los hechos del 68, los disturbios y la violencia" -continúa-"como del espíritu del momento."

Para Bertolucci, un viejo poeta cuyo amor por las películas se forjó con el cine francés de los años 30 y que aumentó con los directores de la Nouvelle Vague de los últimos años 50 y los primeros de los 60, aquel espíritu contenía una vertiginosa mezcla de elementos. "En los 60 había algo absolutamente mágico" -rememora-, "en el sentido que estábamos... bien, permitámonos emplear la palabra 'soñando.' Estábamos fusionando el cine, la política, el jazz, el rock'n'roll, el sexo, la filosofía, la droga... y yo estaba devorándolo todo en un estado de permanente éxtasis."

Inspirado por la novela, Bertolucci se la pasó a su productor de muchos años, Jeremy Thomas, a quien conoció a principio de los 80 y con quien trabaja desde EL ÚLTIMO EMPERADOR. "Él había estado flirteando con la idea de realizar un largometraje ubicado en París y que transcurriera en los 60 en parte del metraje" -aclara Thomas-. "Hizo diversos intentos sin resultados satisfactorios, y finalmente me dijo 'Me gustaría que leyeras algo…' Y me pasó el libro de Gilbert, lo leí y le dije 'Bueno, esto podría convertirse en una película muy evocativa.' Dado que ésta sería mi quinta colaboración con Bernardo, me pareció fantástico hacer un film que aconteciera en París junto al hombre que ha dirigido en aquella ciudad títulos como EL CONFORMISTA y EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS. Así que me dije, ¿Y por qué no hacer un tercer título allí?"

Así las cosas, Thomas telefoneó al agente de Adair. Y es muy probable que si la llamada la hubiera hecho cualquier otro, la respuesta hubiera sido un rotundo "no". Insatisfecho con el libro, surgido en alguna medida a partir de la experiencia personal, Adair ya había rechazado varias propuestas potencialmente lucrativas de otros productores, no hallándose entre las causas menores de esta actitud el hecho del gran éxito de crítica conseguido con la adaptación cinematográfica de su novela "Love And Death On Long Island." De hecho, le había pedido a su agente que no le llamara si alguien más insistía. "Simplemente, era muy frustrante" -dice el autor-. "Así que mi agente dejó de llamarme al respecto; pero un buen día reincidió. Me dijo 'Me atrevo a proponértelo porque es algo especial, se trata de Jeremy Thomas y Bernardo Bertolucci.' He de confesar que no pude resistirme a tal tentación. Ahora, dado que la novela versa sobre las películas, la política, y el cine en sí mismo, puede parecer obvio que es un tema para la pantalla, y esa es la razón por la que tantos productores se interesaron; sin embargo, me pareció que era particularmente adecuado para alguien como Bernardo. Todo apuntaba a que se trataba de una temática y preocupaciones que reconocía en los propios filmes del director."

Con la contribución de Bertolucci, Adair se dispuso no sólo a rescribir el guión, sino también a hacer lo mismo con su novela con miras a una nueva edición, pero admite que "no es igual a la película. No me parece una buena idea que una novela y una película sean gemelas." Aunque el director y el guionista no se conocieron en los 60, se hacía evidente que sus experiencias eran extraordinariamente similares. Igual que Bertolucci, Adair llegó a París tan pronto como pudo. "También era un francófilo" -dice-, "y nada más salir de la universidad, sentí la necesidad de irme a vivir a París. De hecho, a veces digo que soy francófilo incluso en Francia, lo que es la piedra de toque." "Bertolucci había llegado unos cuantos años antes, tras su debut cinematográfico en 1962 y cuando ofreció su primera interviú, le dijo al periodista 'Si no tiene inconveniente, me gustaría hacer la entrevista en francés.' El reportero le respondió '¿Por qué? Si aquí todos somos italianos.' Y el director le replicó 'Parce que le français, c'est la langue du cinéma.' -ríe mientras lo recuerda-. "Es decir" -traduce-, "el francés es el idioma del cine. El cine habla en francés."

Gilbert Adair estaba en París cuando Henri Langlois, director de la Cinémathèque Française, fue cesado, lo que fue entendido como un insulto por parte de los cinéfilos y los estudiantes de cinematografía que se amontonaban para poder ver sus proyecciones de películas insólitas. Airados con el gobierno, esta gente tomó las calles, en un primer momento para defender a un hombre, pero luego en reivindicación de muchísimo más. "Se trataba de un hecho de la máxima importancia que acontecía en París" -explica Adair-. "Era la primera vez que los jóvenes habían desafiado al Estado, y en realidad habían ganado, porque Langlois fue readmitido. Mucha gente ha sostenido que aquello fueron los prolegómenos a los altercados del mayo del 68; en cierto sentido, era como el asesinato del Archiduque Franz Ferdinand en los albores de la Primera guerra mundial. En el aire se extendía el espíritu de rebeldía y entonces, súbitamente, estalló todo. Yo estaba allí por todo eso; unos años más tarde, quise escribir sobre la experiencia. No pretendía una novela autobiográfica y, ciertamente, "The Holy Innocents" no lo es, pese al hecho de que hay elementos autobiográficos; es más bien algo acerca de un periodo que marcó mi vida para siempre."

Sin embargo, la película sólo se aproxima tangencialmente a los elementos históricos de aquel singular tiempo. "Es la historia de tres jóvenes en 1968" -dice Thomas, que por aquel entonces trabajaba con Ken Loach en los Estudios Pinewood-, "y en aquellos días, París era un semillero para infinidad de idealismos: políticos, de estilos de vida, de cambios de moralidad... Me pareció un periodo fascinante del que hacer un film. Fue un tiempo poderoso, incluso en Londres, cuando yo contaba 19 años, pero no fue tan intenso como en París."

Adair asegura que no se trata de una lección de historia. "Más bien es una pieza de cámara" -continúa-, "pese a que en cierto momento del metraje la historia -los hechos del mayo del 68- irrumpe en sus vidas: un joven norteamericano que estudia en París entabla amistad con dos hermanos franceses, chico y chica."

Bertolucci nos dice: "Todo empieza en París, en cierto día concreto, cuando nuestros "héroes" se conocen. Los padres de los hermanos se han ido de vacaciones por un mes, así que se encierran en la casa. Y entonces desarrollan esa relación tan intensa, una auténtica iniciación, a lo largo de aquellos pocos días. Permanecen encerrados, y cuando salen, son adultos. Han madurado."

"Se trata de un viaje de descubrimiento, el suyo" -añade Adair-. "Trata de primaveras: la primavera de París, la primavera del despertar político de esa ciudad, y la primavera de los cuerpos de estos jóvenes. Cuanto acontece en el interior del apartamento parece reflejar, en cierto sentido, lo que sucede en la calle." Efectivamente, los hechos de 1968 poseen infinidad de significados, no sólo políticos, para todos los implicados. "Se me preguntará si la película versa sobre el 68" -dice Bertolucci-, "y yo responderé que sí; se desarrolla en el 68, y hay mucho del espíritu de aquel año, pero no trata de las barricadas o de las luchas callejeras. Trata más bien de la experiencia en su conjunto. Yo estuve allí, y fue algo inolvidable. Los jóvenes estaban henchidos de esperanza de un modo que jamás antes se había visto, y jamás se volverá a ver. Aquel esfuerzo por sumergirse en el futuro, aquella libertad, fue algo maravilloso. Se trata del último momento en que algo tan idealista, tan utópico, ha tenido lugar."

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