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El último samurái


Cartel de El último samurái

El capitán Nathan Algren es un hombre a la deriva. Las batallas que libró en otro tiempo parecen ahora lejanas e inútiles. Una vez arriesgó su vida por el honor y por la patria - en Antietam (Maryland) y Gettysburg (Virginia) - pero en los años transcurridos desde la Guerra de Secesión estadounidense, el mundo ha cambiado. El pragmatismo ha reemplazado al valor, el interés personal ha ocupado el lugar del sacrificio y el honor no se encuentra por ninguna parte - especialmente en el Oeste, donde su papel en las campañas contra los indios acabó en desilusión y tristeza.

En algún lugar de las implacables llanuras junto a la ribera del río Washita, Algren perdió su alma.

En un mundo completamente distinto, otro soldado ve como su modo de vida está a punto de desintegrarse. Es Katsumoto, el último líder de un antiguo linaje de guerreros, los venerados samuráis. Del mismo modo que el estilo de vida moderno invadió el Oeste americano, acorralando y condenando a los indios americanos, también acabó con el Japón tradicional. Las líneas telegráficas y los ferrocarriles que llevaron el progreso amenazan ahora los valores y códigos con los que los samuráis han vivido y han muerto durante siglos.

Pero Katsumoto no se irá sin pelear.

Los caminos de estos dos guerreros convergen cuando el joven emperador de Japón, cortejado por los intereses norteamericanos que codician el mercado japonés en expansión, contrata a Algren para preparar el primer ejército de reclutas moderno de Japón. Pero cuando los asesores del emperador tratan de erradicar a los samuráis como parte de los preparativos para un gobierno más occidentalizado y favorable al comercio, Algren se encuentra inesperadamente impresionado e influido por sus encuentros con los samuráis. Sus fuertes convicciones le recuerdan al hombre que en otro tiempo fue.

Inmerso ahora en un territorio duro y desconocido, con su vida y, tal vez lo que es más importante, su alma pendientes de un hilo, el atormentado soldado norteamericano se encuentra en medio de una violenta y épica lucha entre dos épocas y dos mundos, contando sólo con su sentido del honor para guiarle.

     Título original: The last samurai
     Año: 2003
     Duración: 144 min.
     Nacionalidad: EE.UU., Nueva Zelanda
     Género: Aventuras.
     Fecha de estreno: 09/01/2004
     Calificación: Mayores de 18 años
     Distribuidora: Warner Sogefilms, S.A.

 
Nominaciones:
Oscar. Mejor actor de reparto 2004

Comentario

Aunque el rodaje de El último samurái comenzó oficialmente en octubre de 2002, el director Edward Zwick ha estado fascinado desde hace mucho tiempo por la cultura y el cine japoneses. En cierto sentido, ha estado imaginando El último samurái desde que era adolescente.

"Vi por primera vez Los siete samuráis de Akira Kurosawa cuando tenía 17 años y desde entonces la he visto más veces de las que puedo recordar", rememora Zwick. "En esa película concreta está todo lo que un director necesita aprender sobre cómo contar una historia, sobre el desarrollo de los personajes, sobre cómo rodar escenas de acción y cómo dramatizar un tema. Después de verla me dispuse a estudiar todas y cada una de sus películas. Aunque no podía saberlo entonces, me marcó el camino para convertirme en director de cine".

A Zwick, que estudió historia durante mucho tiempo, el período conocido como la restauración Meiji le parecía especialmente atractivo. El final del dominio del viejo shogunado dio lugar al primer encuentro significativo de Japón con Occidente después de un aislamiento voluntario de 200 años.

"Sobre todo", dice Zwick, "fue una época de transición. En todas las culturas, ese momento de cambio de lo antiguo a lo moderno es especialmente doloroso y dramático. Es también extraordinariamente visual. Cada imagen, cada paisaje, cada habitación cuenta una historia, la yuxtaposición de lo viejo y lo nuevo. Un hombre con bombín pasea al lado de una mujer que lleva un kimono. Un hombre que dispara un rifle de repetición se enfrenta a un hombre que empuña una espada".

Zwick conoce bastante bien las historias que transcurren en ese período, habiendo dirigido Tiempos de gloria y Leyendas de pasión, que transcurren ambas a finales del siglo XIX.

"Me siento atraído, una y otra vez, por ese momento histórico", reconoce. "Hay algo conmovedor, incluso hipnótico, en el hecho de observar a un personaje que experimenta una transformación personal en un momento en que toda la cultura que le rodea está asimismo sumida en el caos".

Tom Cruise, elegido para interpretar al obsesionado capitán Algren, comparte el interés de Zwick y su admiración por el espíritu japonés, en concreto el de los samuráis. Al igual que Zwick, descubrió a Kurosawa y el cine japonés cuando era adolescente.

"Siempre he tenido un profundo respeto y he sentido una gran atracción por la cultura y el pueblo japoneses", dice Cruise. "La elegancia y la belleza de los samuráis, el espíritu del bushido, de la fuerza, la compasión y la intensa lealtad, su compromiso en cumplir su palabra y la voluntad de dar su vida por lo que ellos creen que es justo. Era algo a lo que no podía resistirme. Cuando Ed se reunió por primera vez conmigo para hablar de ella, supe que tenía que hacer esta película. Me siento fuertemente conectado con su tema, así como con los personajes de la historia".

Las películas de Zwick han explorado a menudo las complejidades de la guerra y el honor. Dramatizar las diferencias, así como los puntos que tienen en común un soldado occidental y un guerrero samurái, era algo irresistible.

"Primero en la facultad y luego durante años, leí mucho sobre historia japonesa", explica el director. "Me emocionó profundamente "The Nobility of Failure" de Ivan Morris, donde cuenta la historia de Saigo Takamori, una de las figuras más famosas de Japón, que primero ayudó a crear el nuevo gobierno y luego se rebeló contra él. Su hermosa y trágica vida supuso el punto de partida para nuestra historia de ficción".

El cambio del Japón feudal a una sociedad más moderna supuso la desaparición de ciertas costumbres y convenciones "arcaicas" personificadas por la clase guerrera conocida como los samuráis. Durante muchos años, los samuráis ocuparon un puesto muy respetado en el orden social. Al igual que los caballeros ingleses, los soldados samuráis protegían a los señores, o, en este caso, al shogunado, al que habían jurado lealtad. Al igual que los caballeros respetaban y defendían su sistema de caballería, los samuráis vivían de acuerdo con un código llamado bushido, "conducta del guerrero", que resaltaba, entre otras cosas, la lealtad, el valor, la fortaleza y el sacrificio.

En contraste con las modernas armas que Occidente ofrecía ahora a Japón, los samuráis parecían anacrónicos respecto a los defensores del progreso. Esta nueva pasión por todo lo moderno no dejaba sitio a los samuráis con sus legendarias espadas y sus anticuadas nociones del honor. El reto de Katsumoto, como último líder samurái, es mantener sus principios personales en una sociedad que ya no los valora. Su lucha, especialmente en combinación con el viaje espiritual que emprende Algren a su pesar, atrajo a Zwick.

"Los valores básicos de la cultura samurái siempre me han parecido admirables y válidos", dice. "En concreto, la creencia de que la violencia y la compasión van juntas y que la poesía, la belleza y el arte son parte de la formación de un guerrero del mismo modo que la destreza en el manejo de la espada o la fuerza física. Asimismo, me interesa la inesperada posibilidad de renacimiento espiritual que llega a esas vidas para quienes parecía que tenían menos posibilidades". Hablando de su deseo de combinar estos elementos en El último samurái, dice, "Nuestra historia es una aventura romántica en el más amplio sentido de la palabra y, al mismo tiempo, una odisea muy personal. El reto es crear una historia en la que las relaciones rivalicen con el contexto más amplio, el paisaje interior resonando contra la trama épica.

"El personaje de Katsumoto me resulta tan fascinante como el de Algren", continúa diciendo Zwick. "Katsumoto es una figura tradicional, incluso reaccionaria, que se resiste a la marea del cambio e intenta aferrarse a valores que merece la pena preservar. Personalmente, me identifico con su dilema y veo como es aplicable a otros muchos aspectos de la vida moderna".

Del mismo modo que el código de los samuráis es vívidamente expresado por Katsumoto y sus hermanos, también es evidente en la hermana de Katsumoto, la joven viuda de guerra Taka, que se encuentra con Algren a través de las circunstancias más amargas. Taka, interpretada por la actriz japonesa Koyuki, se comporta con una compostura tan estricta que el extraño americano no sospecha las complejas y poderosas emociones que ella siente hacia él hasta que se da cuenta de que es tan samurái como homólogos masculinos. Sólo entonces empiezan a comprenderse mutuamente.

A medida que transcurre El último samurái, los espectadores experimentan la turbulencia física, emocional y espiritual de esta exótica y contradictoria época a través del capitán Algren. Zwick dice, "Cuando él lo descubre, tú también lo haces; cuando él se siente conmovido por ello, tú también".

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