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Franky Banderas


Cartel de Franky Banderas

Lechuga (Juan Luis Galiardo), actor en paro y payaso en activo bajo el nombre artístico de "Lechuguete", malvive actuando a domicilio en fiestas infantiles cuando la fortuna le pone en las manos a Paquito (Raulito), un niño cantante.

Convertido en su maestro de declamación y agente artístico, Lechuga se lanza a la promoción de la criatura: para empezar lo bautiza como "Franky Banderas, el Jilguero de Madrid" y le escribe unas canciones con la colaboración de su hijo Luis, un curita obsesionado por hacer la fusión del gregoriano y el flamenco.

El camino hacia la gloria y la fama no está tapizado de rosas: en un casting Paquito está a punto de ser víctima de unos desaprensivos fabricantes de cine porno, pero el escándalo consiguiente lo lleva a un programa radiofónico que puede ser el de su lanzamiento.

Lechuga, convencido de que nada como el melodrama para cautivar al público, revela en el programa que el niño es hijo más o menos natural y se declara padre putativo y esposo de la madre; desgraciadamente su legítima esposa irrumpe en el estudio dispuesta a estropearle el pasodoble, pero como no hay mal que por bien no venga este segundo escándalo le abre a Franky las puertas de la televisión y a Lechuga el corazón de su madre.

Ya popular, una casa discográfica se hace con la exclusiva del pequeño artista; pero su risueño porvenir -o lo que es lo mismo, el olor del dinero- atrae a quienes hasta entonces no se han ocupado de él, pero que ahora se creen con derechos a su custodia o, sea, a la explotación de la mina...

     Título original: Franky Banderas
     Año: 2003
     Duración: 92 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Comedia.
     Fecha de estreno: 20/02/2004
     Calificación: Mayores de 13 años

 

Comentario

Todo empezó con un anuncio en el periódico: “Sacerdote en crisis se ofrece para fiestas infantiles, cuidar niños... Gregoriano y flamenco”. Si es verdad que todo relato consiste en poner un espejo a lo largo del camino, los relatos ibéricos reflejan un camino lleno de baches en un espejo deformado.

La fusión hispana tratará siempre de guisos apocalípticos, como el gazpacho manchego o las opas de ajo. Todo parece como en el viejo sainete, solo que las entrañables celebraciones colectivas – la verbena de San Cayetano, el churro al amanecer alcohólico, el organillo que se maneja con el codo – ahora se hacen de puertas adentro, en viviendas de bloque, y con pretensiones globalizadoras. Por cierto, ¿conocen la pizza de torreznos con pimiento morrón?

Pero, eso sí, el pueblo sigue teniendo un corazoncito en el que ternura y sexo, necesidad y hartazgo, arte y televisión, honradez y supervivencia, hacen su fusión, su revoltijo...

Galiardo y Chiquito de la Calzada, las casas discográficas del neocapitalismo y las masajistas de la pajilla higiénica, Raulito, el niño bailón y una cuidadora entrada en carnes, el flamenco, los sacerdotes en crisis...