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El corazón fantasma


Philippe es un hombre de mediana edad, cuyo oficio es el de pintor, de cuadros. Le dice a su madre, provocándole un notorio asombro, que su trabajo es una manera de mantener a sus dos pequeños hijos. Obligado a dejar su casa porque su esposa, Annie, lleva a vivir con ella a su amante, inicia una relación con una joven, Justine, visiblemente menor. En algún momento entrega una de sus pinturas en un departamento burgués. Lo atiende la empleada doméstica que le dice que el patrón no está pero que le avisó que iban a traer el cuadro. Philippe pregunta si le dejó algo, se infiere que evidentemente alude al pago. Ella le responde que no. Corte. En el siguiente plano él y Justine abordan un tren internacional. Queda claro que el dinero por su obra le fue entregado, de lo contrario no podría viajar, pero el momento en que le fue dado ha sido elidido. Un ejemplo de las muchas veces, y de las muchas maneras, en que Garrel rompe el encadenamiento causa-efecto.

En su viaje, Philippe y Justine van a una localidad de playa. Ella se aburre, nombra Venecia casi al azar y hacia allí se dirigen. De la primera ciudad costera –¿Costa Azul?– o de la más célebre atravesada por canales se registran calles anónimas que apenas permiten asegurar que la producción se trasladó hasta allí. Nuevamente, se elide, todo aquello que cinematográficamente podría caracterizarlas y, en su lugar se muestran situaciones intrascendentes en pequeños cuartos de hoteles, que incluyen el lavado de la ropa. Contra el espectáculo, Garrel elige lo cotidiano, aquello que para otro sería lo desechable, sin articularlo en función de una trabazón lógica.

     Título original: Le Coeur fantôme
     Año: 1996
     Duración: 87 min.
     Nacionalidad: Francia
     Género: Drama.
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