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El precio de la verdad


Cartel de El precio de la verdad

En 1998, pocos meses después de ser nombrado director de The New Republic, Charles Lane despidió a Stephen Glass por inventarse un artículo que apareció en la revista con el título "Hack Heaven" ("El paraíso del hacker"). Este intrigante artículo de rabiosa actualidad empresarial describía con detalle las andanzas de un pirata informático menor de edad cuyo representante logra un lucrativo negocio extorsionando a una compañía de software que había sido una de las víctimas del pirata.

"Hack Heaven" fue el último artículo que llegó a escribir Glass, pero aquella no fue la primera vez que el periodista se había tomado libertades en la forma de retratar la realidad. Finalmente se supo que Glass se inventó la totalidad o parte de los hechos que plasma en 27 de los 41 artículos que escribió para The New Republic. Como periodista por cuenta propia, también escribió artículos inventados para publicaciones como George, Harper's y Rolling Stone.

Tanto la realidad adulterada que plasmaban los artículos orquestados por la imaginación de Glass como la presión que se vivía en las sesiones de selección de artículos para The New Republic, pasando por las conversaciones con Michael Kelly (Hank Azaria), el director que apadrinó a Glass, nos dan una idea de lo estimulante y a la vez agotador que resultaba trabajar en la revista. Como los empleados de la Casa Blanca a quienes investigaban, los compañeros de Glass en la redacción de The New Republic, seleccionados de entre los mejores y más brillantes profesionales, eran gente idealista y mayoritariamente joven, consciente de que el trabajo que estaban haciendo podía convertir el mundo en algo mejor.

     Título original: Shattered Glass
     Año: 2003
     Duración: 99 min.
     Nacionalidad: EE.UU.
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 23/04/2004
     Distribuidora: Deaplaneta S.L.

 

Comentario

Me enteré de lo ocurrido con Stephen Glass con una mezcla de asombro y espanto gracias al artículo de Buzz Bissinger en Vanity Fair, "Shattered Glass". Nada más leerlo, me di cuenta de que me gustaría recrear esa historia.

Los temas de fondo que hay en el ascenso y la caída de Glass tienen gran importancia para mí: la responsabilidad de la prensa, los peligros inherentes en el culto a la personalidad y los dilemas éticos del día a día que nos definen como individuos. Glass se convirtió rápidamente, al menos para mí, en la cara de algo más grande que él, más grande incluso que la revista que tanto perjudicó. Empezó a representar una llamada de alerta sobre el estado del periodismo en este país, llamada que suena con más fuerza con el caso de Jayson Blair, la pasada primavera, en el New York Times. Cuando la gente ya no puede creer lo que lee, las únicas opciones que les queda es enterarse de las noticias por la televisión o dejar de estar al día por completo. Cualquiera de las dos vías, para mí, es muy peligrosa para este país.

Para hacer la película, necesitaba (y recibí) muchísima ayuda por parte de las mismas personas perjudicadas por Glass en The New Republic: Chuck Lane, el difunto Michael Kelly y otras fuentes que prefirieron quedar en el anonimato... Todas estas personas se mostraron extremadamente generosas conmigo, al revelarme información sobre una época de sus vidas que no les causó más que dolor, confusión y vergüenza.

Mención especial merece Mike Kelly, que nunca dejará de ser el hombre más fiel a sus principios que he tenido la suerte de conocer en la vida. Kelly estaba todavía atormentado por el papel que desempeñó en el ascenso de Glass, y no le gustaba nada la idea de que una película lo inmortalizara como el jefe que NO pilló a Glass. Pero era tan grande la integridad de Kelly que no pudo evitar ayudarme. Además, Mike era un reportero por encima de todo. Y lo más importante para él era que yo fuera fiel a la historia. Era un auténtico gigante.

El resultado, creo, fue el equivalente cinematográfico de lo que se considera buen periodismo. "El precio de la verdad" no es un ataque contra un reportero caído en desgracia del mismo modo que tampoco es una explicación de su conducta. Es simplemente una crónica fidedigna de un auténtico lío. Y cuando estás narrando una historia sobre el periodismo y la verdad, ése es el único criterio que vale.

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