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Atún y chocolate


Cartel de Atún y chocolate

Tres pescadores barbateños, Manuel, un hombre bueno al que apodan "Nadando con Chocos"; el Perra, su amigo fiel, y El Cherif, un paria iracundo y orgulloso, intentan sobrevivir como pueden a pesar de la crisis pesquera que vive la costa gaditana.

El hijo de uno de ellos, Manolín, llega un día a su casa con un problema más: quiere hacer la comunión. Sus padres, Manuel y María, no están casados y el niño no está bautizado por lo que, en un primer momento, lo que impera es la sorpresa. Tratan de disuadirlo. Pero el niño está decidido. Ante la voluntad, casi mística, de Manolín, los padres, que se quieren muchísimo y siempre han formado una pareja sólida sin necesidad de papeles por medio, se ven obligados a pensar seriamente en "ordenar su vida" y casarse.

María, contagiada por la ilusión de su hijo, lo organiza todo: arregla con el singular Cura del pueblo para que oficie la ceremonia, busca los trajes, invita a los vecinos... Pero claro, no hay boda sin convite. Y eso cuesta dinero. ¿Cómo conseguirlo?

De eso se va a encargar Manuel que adora a su familia y no puede permitir que la ilusión de los suyos naufrague. Se "agenciará" un atún destinado a los japoneses (con lo caro que está el kilo de atún, ni los mismos pescadores pueden probarlo...). Lo hará de noche en la misma almadraba y el PERRA lo va a ayudar en esta misión casi imposible.

Este acto de amor hace que todos los amigos del pueblo se solidaricen con la pareja: Las extravagantes bailaoras, la mejor amiga de María, Juani, las compañeras de bingo, Paco, el hijo del Perra y sus amigos "busquimanos", los padres de María, Omar, un morito que "adoptan" María y Manuel, los guardias civiles… incluso El Cherif.

     Título original: Atún y chocolate
     Año: 2004
     Duración: 100 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Comedia.
     Fecha de estreno: 30/04/2004
     Calificación: Mayores de 7 años
     Distribuidora: Warner Sogefilms, S.A.

 
Nominaciones:
Goya. Mejor canción original 2005

Comentario

"Barbate…, atún y chocolate…", na nino nino nino..., estoy oyendo esta canción de Nono García en el coche de Wyoming y me auto ausculto para ver qué me provoca; estaría bien mezclarla con unas imágenes durísimas en blanco y negro de la levantá de los atunes en la Almadraba. Aún faltan algunos meses para que nos den la patada en el colon a ambos en Tele 5 pero, por si eso, ya estoy buscando materia para una película rodable en Barbate y Zahara de los Atunes, donde me escondo cuando necesito tumbarme al sol. Observo a las mujeres jugando al bingo en la calle..., oigo historias de pescadores..., historias tristes de desguaces de barcos..., de incautación de botes de pesca..., de la necesidad de algunos de abandonar su tierra..., de pateras cuajadas de inmigrantes..., de cadáveres entre rocas..., de narcotráfico... Pero yo no quiero una película triste porque la gente de aquí no lo es.

Una historia de amor, de amor a la gente del mar y del amor entre ellos. No puedo hacerla desde fuera como un antropólogo metiendo la nariz en la vida de esta buena gente, ni como un espectador chismoso que vocea lo que ve. Hay que hacerla desde dentro, con su parte de crónica (porque es imposible pasar por aquí con unas orejeras de burro), pero con una estructura clásica de comedia. Y una cosa además, hay que hacerla con mucho respeto, porque a pesar de lo precarias y tenebrosas que a simple vista puedan parecer las vidas de los auténticos protagonistas, éstas nos tienen que fascinar por su luminosidad. Hay que capturar la dignidad de una gente que vive feliz haciendo funambulismo entre el drama y la chirigota; haciendo piruetas en la frontera entre el Norte y el Sur.