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Héctor


Cartel de Héctor

Sofía ha muerto. El coche conducido por ella, sin ningún otro acompañante, se precipitó en un barranco. Héctor, su único hijo, 16 años, viaja en un tren de cercanías que se aleja de la gran ciudad. Le acompaña Tere, hermana de su madre. Héctor se ha quedado solo y su tía le traslada desde una céntrica casa con jardín al pequeño piso de un barrio en la afueras. Héctor trata de comprender la nueva realidad que se muestra ante sus ojos. Una forma de vida distinta a la suya pero que cada día siente más próxima. Pero, enseguida, llegado desde el otro lado del océano, aparece Martín. Tiene más de sesenta años y es padre de Héctor. El chico sabía de su existencia, aunque nunca ha querido conocerle. Martín le persigue hasta conseguir explicar la razón de su ausencia y ganarse el corazón de su hijo.

     Título original: Héctor
     Año: 2003
     Duración: 107 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 07/05/2004
     Distribuidora: Warner Sogefilms, S.A.

 
Nominaciones:
Goya. Mejor interpretación masculina de reparto 2005
Goya. Mejor actriz revelación 2005
Goya. Mejor actor revelación 2005
Oscar. Mejor música original 2006

Comentario

"Héctor" muy cerca de estrenarse. Por fin es una historia que puede proyectarse en la pantalla, con un punto de partida y un desarrollo para cada uno de los personajes de los que se ocupa la película.

A lo largo del trabajo de guión, nunca antes - en ninguna de mis tres anteriores películas- había sentido con tanta intensidad eso que muchas veces he oído relatar: en algunas ocasiones, los personajes adquieren vida propia y no queda más remedio que escucharles si queremos que la historia llegue a buen puerto (o quizás debería decir a un puerto natural). Para mi, escribir "Héctor" junto con David Planell ha sido, ante todo, un ejercicio en el que he intentado que los protagonistas se expresasen a su propio ritmo. Y un esfuerzo para dejar a un lado el temor a que no me contasen exactamente lo que yo quería oír.

Quizás todo lo anterior tiene que ver con el hecho de que Héctor, el personaje, llegó a mi de forma imprevista, sin perseguirlo, casi como si él - un chaval de dieciséis años- me buscase: huérfano reciente de madre, en plena adolescencia, sin un padre en el que refugiarse y a cuestas con la imposición de marcharse a vivir con su tía Tere a un barrio en la afueras de la gran ciudad. Este breve punto de partida desató enseguida un montón de preguntas que tardaron tiempo en tener una respuesta: ¿qué acontecimientos o experiencias habían marcado a Héctor?; ¿de qué o cómo había muerto su madre?; ¿por qué su tía tiene que hacerse cargo del chico?; ¿cuáles eran las razones de un padre ausente?......

Presentí desde el principio que debía imponerme una forma de reto que iba a afectar a la estructura del guión y por lo tanto de la película: tratar de contar la historia siempre hacia adelante, sin vueltas atrás, sin flash-backs. ¿Y por qué esa decisión - tan común- se planteaba como un reto?. La primera razón es de orden externo a la propia historia. En mis tres anteriores películas, los flash-backs suponían zonas necesarias para componer el conjunto del relato. Necesitaba, personalmente, huir de una forma de construcción ya utilizada. La segunda razón, la que de verdad hacía de tal opción un reto, está relacionada con uno de los personajes de la historia: Sofía, madre de Héctor, ha muerto cuando se inicia el relato. Pero, sin embargo, es uno de los ejes básicos de la narración. ¿Cómo construir, con todos sus matices, un personaje ausente de la pantalla?, ¿Cómo contar su historia a través del resto de los personajes sin que resultase tedioso?. Confieso que la tentación de recurrir al flash- back estuvo en más de una ocasión a punto de ganar la partida.

Elegimos un barrio colindante a Madrid como escenario principal de la historia. La película podría haber transcurrido en los márgenes de cualquier otra gran ciudad pero Madrid ofrece una luz muy particular que yo quería atrapar para la pantalla. He buscado una película luminosa, diáfana y limpia de imagen porque no creo en esa distinción sesgada entre luz de comedia y luz de drama. Si el intento era narrar una historia pegada a la realidad debíamos dejar que la luz simplemente acompañase a los personajes en su recorrido, sin miedo a que un día limpio y soleado chocase con las oscuras sensaciones que a veces envuelven a los personajes. Y quería una película cálida. En definitiva "Héctor" es una historia que trata de asuntos del corazón.

A comienzos de la escritura de guión tuve un extraño pensamiento que se convirtió en una premonición: Héctor, el chaval de dieciséis años, es como un rayo luminoso que atraviesa fugazmente un territorio. No supe entonces muy bien qué significaba aquéllo. Pero pensé que si aparecía semejante imagen había que intentar rastrearla. La perseguimos. Y ahora puedo decir que, al menos para mi, ha terminado cobrando todo su sentido dentro de la historia.

Tan cerca de que la película se estrene y se me escape del todo, me parece que siempre recordaré "Héctor" como una suerte de milagro. En eso -y en alguna otra cosa más- conecta con Rylands. Llegó en el momento oportuno para mi como guionista y directora y han sido muchas las dificultades de distinto tipo que hemos tenido que salvar para sacarla adelante. Pero, al final del recorrido, me quedo con la grata sensación de haber aprendido un poco más. Y también, por qué no decirlo -lo mismo que hace 9 años en Oxford- me quedo con una vaga nostalgia de aquellos días en los que todo en "Héctor" estaba por hacer.