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El juego de la verdad


Cartel de El juego de la verdad

Alberto y Susana son la pareja perfecta. Guapos, con una intensa vida social, con un trabajo reconocido y con grandes planes a la vista: una casa nueva y una boda por todo lo alto. Alberto es subdirector de un enorme supermercado. Y Susana es la presentadora más sexy de un telenoticias en una cadena local de televisión.

Ernesto y Lea son sus mejores amigos. Pero a ellos las cosas no les van tan bien. No tienen dinero, no tienen futuro, y desde luego no tienen planes. Él repite monótonamente las ofertas en un supermercado por megafonía en lugar de trabajar en la radio. Y ella tiene que hacerse pasar por sordomuda para hacer la traducción para sordos en un informativo en lugar de ser presentadora.

Pero todo cambia un buen día, en el que los peores presagios de Ernesto (hipocondriaco incorregible) se hacen realidad: a causa de un error médico que él mismo propicia sin darse cuenta, le diagnostican un cáncer incurable, y le dan tres meses de vida como máximo.

A partir de ese momento, las vidas de todos ellos dan un vuelco espectacular y salen a relucir las mentiras y las medias verdades en las que viven inmersos. Susana descubre que Alberto en realidad no quiere casarse con ella. Lea se destapa como una chica fantasiosa que se inventa amantes para suplir la falta de estímulos en su vida. Y todos escuchan por boca de Ernesto cuál es el verdadero deseo que le gustaría cumplir antes de morir: acostarse con Susana...

     Título original: El juego de la verdad
     Año: 2004
     Duración: 100 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Comedia.
     Fecha de estreno: 24/09/2004
     Calificación: Mayores de 13 años
     Distribuidora: Manga Films

 

Comentario

Desde siempre, los conflictos sentimentales y generacionales, o las relaciones de pareja me han provocado una gran curiosidad. En el caso de esta película, hay algo de todo esto. Pero si bien las motivaciones eran similares, sí he tratado de cambiar en la forma de contarlo. La idea era tratar de conciliar una cierta frescura en la definición de los personajes y sus relaciones, con una estructura y una estética lo más cinematográfica posible. Para ello era importante abstraer a los personajes de un entorno demasiado reconocible. Sería un entorno urbano, de gran ciudad, pero sin buscar el naturalismo o hacer hincapié en los lugares habituales. Huir de alguna manera de "la calle" y trasladar las acciones a decorados que pudiéramos controlar, para darle a todo una estética similar, lo más sofisticada posible sin llegar a destacar demasiado sobre los personajes.

En esta ocasión he contado con la ayuda de Roberto Santiago en el guión, y juntos empezamos a pergeñar la historia de dos parejas en torno a los treinta, y un trasfondo de conflictos generacionales flotando en todo momento. Enseguida salió el elemento de la muerte como detonante y culpable de la idea en torno a la que gira la película: ¿que ocurriría si alguien que está a punto de morir plantea como último deseo el acostarse con la mujer de su mejor amigo? Así empezó todo, como una idea central que nos iba a permitir hablar de los temas que nos preocupan o interesan: el miedo al compromiso, los límites de la amistad, la toma de decisiones importantes, y en definitiva la búsqueda de los deseos personales, lo que uno espera de la vida, lo que le gustaría llegar a ser y lo que nunca ya va a poder ser. Enseguida surgió el elemento de la verdad, tratada como un juego inocente cargado de veneno. ¿ Qué ocurriría si entre nosotros nos dijésemos siempre la verdad? ¿ Sería honesto por nuestra parte, o supondría en ocasiones una crueldad innecesaria? De alguna manera estas preguntas suponen el pilar sobre el que se asienta buena parte de la historia, y es a partir de estas preguntas donde arranca el juego de la comedia. En ocasiones negra, ácida, y otras veces romántica, muy romántica y blanca, muy blanca. Es un tópico decirlo, pero como la vida misma.

Para mí ha supuesto un reto conciliar cuatro personajes protagonistas, varias líneas argumentales y sobre todo tratar un tema tan delicado como la muerte sin caer en el drama o el esperpento.

Por eso he tratado de darle a todo la mayor coherencia posible, he intentado envolver a toda la película de una estética estilizada y sobria, y he intentado que cada elemento sea lo más invisible posible, que funcione como un todo, de manera uniforme, sin que nada ni nadie destaque sobre lo único importante, los personajes. Son ellos quienes cuentan la historia, los que dan verdad a los elementos surrealistas (que los hay) y los que mantienen el tipo cuando la trama se vuelve mezquina y despiadada.

Estoy particularmente satisfecho del trabajo de los actores. Tristán Ulloa, en su primer papel cómico, ha compuesto a un entrañable perdedor lleno de esquinas, un personaje del que nunca sabes si en el fondo está manipulando con su aparente fragilidad a todos los demás.

Me gusta mucho su relación con Natalia Verbeke, quien tiene un talento innato para transmitir emociones. Ella ha puesto mucho romanticismo en su personaje, sensualidad y una mirada cargada de un sutil misterio.

Creo que María Esteve, ya de sobra conocida su bis cómica, en esta ocasión ha sabido utilizarla con más madurez que nunca. Su Lea es frágil, inocente pero también manipuladora y a ratos implacable. Y todo sin dejar de transmitir dulzura.

Si tengo que buscar una definición para Oscar Jaenada diría que es un actor valiente, que se tira a la piscina sin miedo, pero también riguroso, metódico. Una mezcla explosiva llena de fuerza y muchísimo sentido del humor. Un lujo.

Pero en realidad, por encima de todo, con esta película me he propuesto dos retos mucho más personales. El primero ya puedo decir que lo he conseguido: pasármelo muy mientras la hacía.

El segundo tengo que esperar un poco para comprobarlo: hacer una película que les guste también a mis padres…