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Amor idiota


Cartel de Amor idiota

Una pequeña crisis lleva a Pere-Lluc Solans, el protagonista, a cometer un acto infantil, inmaduro y exhibicionista en un restaurante. Durante la celebración de la cena anual del Gabinete Càrdenas de Orientación Psicoprofesional, bastante bebido y deprimido, como acto de expiación, se baja los pantalones y deposita el miembro viril en la bandeja de la carne de olla, con una amenaza muy poco sólida de pinchárselo con el trinchante de la carne.

Será el momento de presentar a sus dos amigos y compañeros, Àlex y Jordina. Sobre todo esta última, que lo salva de la situación con determinación y muestra el tipo de amistada que mantienen, y que marca su relación. También aparece el padrino y valedor de Pere-Lluc, el señor Càrdenas, un hombre que se acerca a los setenta años y todavía conserva una cierta energía vital. Es el fundador y jefe del Gabinete que lleva su nombre.

Al cabo de unos días, Pere Lluc se entera de la muerte en Argentina de su amigo Nicco Zenone, ocurrida cinco meses antes. Aparte de la pena por la pérdida, se enfada estúpidamente por el hecho de haber tardado cinco meses en saberlo. Era imposible saberlo antes, ya que el amigo estaba en el extranjero y se veían muy poco.

Sale de copas, solo, para olvidar la pena. De regreso para casa, borracho, tropieza con la escalera de aluminio de una chica que se dedica a colgar banderolas en las farolas. Cae al suelo y, medio conmocionado, se queda fascinado con ella. La chica no le da ninguna importancia y tan pronto como se asegura de que Pere Lluc no se ha hecho daño, continúa con el trabajo. Atontado por el alcohol, el frío y el golpe, la sigue a escondidas y la observa mientras trabaja. Hasta el final de la jornada, cuando, en plena noche, la chica, después de trabajar, se va a un bar. Él continúa siguiéndola y la espía hasta que la pierde de vista.

Durante unas cuantas semanas, Pere-Lluc Solans intenta olvidar esa noche, con aquella aventura tan rara. Se dedica al trabajo, que consiste en preparar y en caso necesario, impartir, alguno de los cursos ideados por su padrino, dirigidos a la nueva clase de ejecutivos yuppies. Se trata de reciclarse y ponerse al día. Un día consigue ponerse en contacto telefónico con la antigua mujer de Nicco, que le explica cómo fue su muerte. Mientras tanto, va reflexionando sobre su condición de idiota y nos presenta más a fondo a sus dos amigos: Jordina Valldejolí, "delgada, de ojos grandes y mano derecha de mi padrino. Bonita sin ser una belleza, tiene treinta y dos años y ya hace quince que trabaja en la empresa. Nunca nos hemos sentido atraídos físicamente pero sentimos un gran afecto el uno por el otro. Esto ya es más de lo que tienen muchas parejas…". Está enamorada secretamente de Àlex Mallol, segundo amigo del protagonista, que está casado. Pere-Lluc dice: "Discuto con frecuencia con él si nos hemos de considerar fracasados. Entre porro y porro opina que todo es relativo. Es tan idiota como yo, pero ha administrado el fracaso de diferente manera". Tanto Àlex como Jordina intentan cuidar a Pere-Lluc e incluso le presentan chicas.

Un domingo por la noche, mientras vuelve a casa, parado en un semáforo ve las mismas banderolas que colgaba la chica que lo había fascinado quince días antes. Y decide que volverá a verla. Al día siguiente consigue los datos que le permiten situarla: es una empresa pequeña denominada: Pulido Comunicacions S.L.

Pere-Lluc busca a la chica y vuelve a seguirla hasta el final de la jornada. La chica, igual que días antes, se cambia en la furgoneta del trabajo y se va a un bar. Él continúa siguiéndola y mirándola a escondidas. Se siente ridículo y en un momento dado se va corriendo hacia su casa.

Al día siguiente se acerca a la dirección de la empresa. Entra en contacto visual con la chica. La observa trabajar dentro de la oficina. Sin querer se deja contactar por ella, que lo toma por un posible cliente. Atrapado, Pere-Lluc se inventa la posibilidad de un pedido absurdo de banderolas de tema indeterminado.

Pere-Lluc se obsesiona más y más por la chica de las banderolas. Un día se acerca a la sede de Pulido Comunicaciones y descubre a la chica con su marido, a punto de cerrar e irse para casa. En vez de dejárlo correr, los sigue hasta su casa, quiere saber dónde viven. Salen de Barcelona hasta una urbanización de las afueras. Es un chalet con jardín. Entra a escondidas y los espía desde fuera.

Pere-Lluc recupera la energía que le ha faltado durante tantos años a causa de esta nueva situación. Se dedica a espiar a la chica sistemáticamente. "De noche o de día, en su casa, en el local o en la calle, durante las noches de trabajo. Espero horas y horas que salga de trabajar o, escondido en el jardín, que llegue a casa. Tengo la necesidad de mirar a esta chica. Y como eso es lo que quiero, admito el riesgo que estoy corriendo…". Se vuelve descuidado y llega un momento en que es consciente de que la chica sospecha que alguien ronda alrededor de su vida, tanto en su casa, como en Barcelona, durante el trabajo nocturno. Durante una reunión nostálgica, llena de alcohol y porros, le explica lo que le pasa a su amigo Àlex. Pere-Lluc, consciente del peligro que corre decide hacer una última visita a la casa de la chica para hacerle unas fotos a escondidas y poder tener un recuerdo.

Esta expedición es una tortura. Bajo un diluvio constante, provisto de su cámara equipada con película hipersensible, chorreando, consigue fotografiar a la chica, que, despreocupadamente, antes de meterse en la cama, se ha acercado, desnuda, a la ventana de su habitación. Pere-Lluc, mojado, helado, impresionado, es descubierto por la chica cuando estaba a punto de irse. Tiene lugar una situación en que, primero, ella lo reduce con un golpe de una de las troncos de la chimenea. Después él se defiende y la tiene a su merced. Para demostrarle que no le importa nada, la deja ir pero ella no lo denuncia ni se lo dice a su marido. Pere-Lluc vuelve a su casa, derrotado, empapado y enfermo.

Está unos cuantos días en la cama, con un resfriado que casi degenera en pulmonía. Lo cuidan sus amigos, que lo visitan y le hacen compañía. Durante una de estas visitas, oye desde la habitación como, finalmente, sus amigos hacen el amor. Unos días más tarde, cuando ya está bastante recuperado, recibe la visita de su padrino, que le explica que está saliendo con una mujer de su edad. Pere-Lluc se da cuenta de que su entorno inmediato lleva entre manos asuntos amorosos. Él no. Y además, comete actos extraños, locos, incluso ilegales.

Cuando se recupera, lo primero que hace es volver a seguir a la chica. La diferencia es que, esta vez, la llama. La chica le da un par de bofetadas pero acaba accediendo a hablar con él. Después de esta noche se suceden una serie de noches en que él la sigue mientras trabaja, ella lo sabe, no dice nada, deja que lo haga y, cuando acaba, según el día, permite que Pere-Lluc se acerque a ella y, en un bar, mientras espera que su marido pase a recogerla, charlan. Después de muchas noches, la chica acaba por acostumbrarse a la presencia de Pere-Lluc. Una de estas noches, en que la chica está bastante ebria, están a punto de besarse. Al final, Pere-Lluc se convierte en el secreto de la chica.

Después, una de las noches, el marido los descubre en uno de los bares, pero ella disimula. Se queda hablando en la barra con el marido que tiene a la derecha, y finge no conocer a Pere-Lluc, que está a su izquierda. Este último, en uno de los actos de locura y de suicidio a que nos tiene acostumbrados, acaricia el muslo de la chica a escondidas, por debajo de la barra. Ella disimula y sigue hablando con el marido.

Asustado de sí mismo, pasan unos cuantos días en que intenta olvidar la cuestión y reemprende su vida en el Gabinete. Charla con su amigo sobre la relación que mantiene con Jordina etc. Recibe una nota oficial de Pulido Comunicaciones rogándole que vaya, para hablar de su pedido. Acude. La chica quiere aclarar el episodio del otro día en el bar.

Pero acaban cenando juntos y haciendo el amor por primera vez en un Hostal. En plena noche, cuando Pere-Lluc se despierta, ella ya no está a su lado. Lo da todo por bueno, aunque no la vuelva a ver. Sólo por esta noche, ya ha valido la pena.

Comienza una nueva etapa en la relación, más salvaje. Él continúa siguiéndola las noches que la chica sale a plantar banderolas. La diferencia es que ahora, los dos, caen presos de una especie de frenesí sexual. Después del trabajo, en vez de hablar, en los veinte minutos o media hora que tienen antes de que llegue el marido, hacen el amor. De cualquier manera, en cualquier lugar, donde pueden y como pueden.

Al cabo de unas semanas, se da cuenta de que la chica se queda sola un par de días porque el marido está fuera. Se citan, Pere-Lluc tiene la esperanza de un par de días de amor tranquilo. Hacen el amor en la oficina, van, como dos enamorados, a un acto social. Cuando llega el momento de irse a dormir, la chica, de repente, le ruega que deje de verla hasta nueva orden. Tiene que aclarar sus ideas y lo mejor es que dejen de verse. Le pide que espere su llamada.

Aquí empieza una etapa en que Pere-Lluc vive esperando la llamada de la chica. Le pasan muchas cosas, continúa charlando y observando la evolución amorosa de sus amigos y de su padrino, continúa rumiando la muerte de su amigo Nicco, hace el amor de mala manera con una mujer madura… Espera la llamada que no llega.

De repente toma una decisión que hubiese debido tomar tiempo atrás. Se va a Buenos Aires. Consigue llegar al cementerio de Chacarita donde está enterrado su amigo. Se despede de él directamente y se queda tranquilo. De regreso se da cuenta de lo que debe hacer respecto a la chica. Después de un mes de esperar su llamada, desde el hotel de la ciudad porteña, es él quien la llama. Y ella no le cuelga el teléfono. Y mientras vuelve a Barcelona, la va llamando, desde todas los aeropuertos. Hasta que llega a la ciudad y va directamente a buscarla. Ella lo está esperando.

La mete dentro del coche y, en broma, le dice que la secuestra. Se la lleva. Los dos se van sin saber demasiado bien a dónde van. Hablan de todo y de nada. La situación los supera. Pere-Lluc se pierde y acaba en la Zona Franca. En un momento dado ella le dice que pare el coche inmediatamente. Obedece, la chica baja y se dirige a una cabina de teléfono. Pere-Lluc ve cómo se aleja y, desde el coche, observa cómo llama. No sabe qué significa. Piensa, reflexiona sobre todo lo que le ha pasado, las posibilidades que puede tener con la chica, en el supuesto de que regrese después de llamar y le diga que continúen. Dentro del coche, por el retrovisor, ve como la chica sale de la cabina y se acerca. De repente la pierde de vista. Ya está aquí. Abre la puerta. Se queda con él. Le dice tranquilamente: -¿Nos vamos?

     Título original: Amor idiota
     Año: 2004
     Duración: 105 min.
     Nacionalidad: España, Andorra
     Género: Comedia.
     Fecha de estreno: 11/02/2005
     Calificación: Mayores de 13 años
     Distribuidora: Manga Films

 

Comentario

Para empezar, me gusta explicar, una vez más, una cosa básica para mí: toda película comporta explicar una historia. Una buena historia. Cuanto más buena, mejor. Detrás de cada proyecto que he iniciado como cineasta, siempre se encuentra mi placer, mi fascinación, mi pasión, mi complicidad, mi necesidad, diría, de explicar, de implicarme, de sumergirme profundamente en la historia que he escogido. No entiendo el cine de otro modo. Y, evidentemente, todos estos sentimientos afloran ahora, al plantearme Amor Idiota.

Amor Idiota es una película cuyo guión he escrito a partir de la novela Amor d'Idiota de Lluís-Anton Baulenas, publicada en catalán por Edicions 62 de Barcelona, autor que ha desarrollado una amplia obra narrativa principalmente en el campo de la novelística y del teatro y que ha sido reconocido unánimemente como uno de los más importantes narradores catalanes contemporáneos. Desde el inicio de su ascendente trayectoria siempre he pensado que sus textos - con sus personajes, su temática, su mundo, en definitiva con su gran capacidad fabuladora - tenían una gran fuerza para ser adaptados al cine.

Con Baulenas nos unió en el año 2000 una experiencia enormemente gratificante tanto artística como comercialmente: nuestra película, protagonizada por Rosa María Sardà, José Coronado y María Barranco, Anita no perd el tren, cuyo éxito a todos los niveles trascendió las fronteras ibéricas. Empezó su andadura internacional seleccionada oficialmente en el Festival de Berlín (Alemania) en la prestigiosa sección Panorama, para seguir en los de Mar del Plata y Buenos Aires (Argentina); London (UK); Chicago, Seattle, San Francisco, San Diego, AC/Los Angeles, Miami, St. Louis, Puerto Rico, Cleveland, Philadelphia, Rochester, Portland, Washington, Georgia y Tiburon (USA); Toronto y Montréal (Canada); Paris, Toulouse, Bastia, Nantes, Annecy, Foix y Montpellier (Francia); Hamburg y Koln (Alemania); Bruselas (Bélgica); Sidney (Australia); Troia y Oporto (Portugal); Milano (Italia); Moscú (Rusia); Oslo (Noruega); Luxembourg (Luxembourg); La Habana (Cuba); Santo Domingo (Rep. Dominicana); Taipei (Taiwan); Osaka (Japón); Belgrado (Serbia); Estambul (Turquia); Tel-Aviv, Haifa y Jerusalem (Israel); Varsovia (Polonia); Santiago y Valdivia (Chile); Montevideo (Uruguay); Caracas (Venezuela); Marrakech (Marruecos); Tunez (Tunez); Bratislava (Eslovaquia); Karlovy Vary (Chequia)… un largo historial. Obtuvo, entre otros premios: Mejor Película Iberoamericana y Mención Especial del Jurado para Rosa Maria Sardà (Festival de Mar del Plata), Mejor Película y Mejor Actriz (Festival de Miami), Mejor Película, Mejor Actriz, Mejor Guión y Mejor Música (Festival de Peñíscola), Mejor Director (Tiburon Film Festival), Mejor Película en los Premios de la Cartelera Turia, nominada al Goya como Mejor Guión adaptado... A la vez ha sido vendida y exhibida con gran éxito en más de una quincena de países, a varias líneas aéreas...

Los resultados conseguidos con la historia de Baulenas, Anita no perd el tren, fueron una de las razones que me indujeron a embarcarme en este proyecto, pero no la única. Creo que está muy claro que lo que me interesa más es la posibilidad de avanzar por una vía, aún poco explorada en nuestra cinematografía, determinada en buena medida por trasladar y dar un sentido cinematográfico a muchas obras literarias que piden a gritos su versión para la gran pantalla. En el caso de Amor Idiota la inquietante historia de Baulenas me sirve para una aventura apasionante. He traducido las andanzas de Pere-Lluc en un guión con la voluntad de verme reflejado (el cine es la mirada del director) tanto en el contenido como en la apuesta formal. Baulenas nos habla de un tema universal, un tema al que, como se observa fácilmente viendo mis películas, vuelvo muy a menudo: la necesidad de comunicación, afecto, amor, cariño… la búsqueda del otro, el deseo de amar y ser amado. Del tema, de la historia y de su propuesta tragicómica me sirvo y la filtro con mi forma de hacer cine.

Como ya he escrito en otras ocasiones, mi modo de hacer cine me parece difícil de definir. Es más, creo que no soy la persona indicada para hacerlo. Siempre intento encontrar temas muy personales, que me afecten profundamente e impliquen un estilo personal de contarlos. Las historias que escojo no son nunca fáciles ni convencionales y siempre comportan un riesgo implícito. Son historias basadas en personajes y esto se debe al gran placer que experimento trabajando con actores. Soy de la escuela de la interpretación, de los personajes, del texto, de la palabras... Siempre me han gustado directores tan distintos, pero tan cercanos a estos planteamientos, como Mankiewicz, Rohmer, Bergman o Woody Allen...

Al mismo tiempo, siento una inmensa atracción por el paisaje urbano de Barcelona. En Amor Idiota, creo que es obvio que seguirá esa relación profunda entre mi ciudad y mi trabajo... También me interesa el mundo de los perdedores; aunque si uno hace ese tipo de películas, va a contracorriente, dado que el cine de gran consumo es como una inmensa vía de escapismo donde los espectadores son forzados a ver la enésima copia de un mundo de ganadores natos. Mi gusto no es ése, prefiero explorar y explicar temas sobre la pérdida de las ilusiones en la sociedad contemporánea o sobre la necesidad que todos tenemos de amar, de comunicarnos, de encontrar nuestra media naranja. Me doy cuenta de que siempre acabo dando vueltas alrededor del mismo tema. Amar y ser amado. El gran tema.

Amor Idiota no es sólo una historia que me atrae, también encaja perfectamente con el tipo de películas que me gusta hacer; principalmente basadas en personajes que me permiten trabajar con un sólido reparto, con actores provenientes en su mayor parte del mundo del teatro. Ahí es nada poder contar con Cayetana Guillén-Cuervo, Santi Millán, Marc Cartes, Mercè Pons, Jordi Dauder… La comprensión mutua entre el director y los actores es algo que considero absolutamente imprescindible. Necesito de esa compenetración. Me gusta hablar de los detalles, de los motivos de los personajes que estamos creando juntos. Creo firmemente que la disciplina teatral de los actores ayuda inmensamente a construir las películas que dirijo.

Una película se basa en tres elementos: historia, narrativa y reparto. Si uno de los tres no encaja bien o falla, el resultado final es más que dudoso. El concepto es la base de la mise-en-scène en el cine y es el director quién da sentido a la historia. En una película de ficción, se debe seguir la idea, el criterio que da unidad y significado a todos los elementos que participan en la misma. Luces, decorados, actores, ritmo, música, montaje, todo debe estar de acuerdo con el concepto del director. No soy partidario de empezar a trabajar hasta tenerlo todo claro, ya que considero que esta profesión requiere mucha reflexión y ésta se debe hacer antes del rodaje. Una de las cosas que he aprendido es a seguir el concepto hasta el final. Para bien o para mal. Supongo que es uno de los atractivos de mis películas. No se trata únicamente de un riesgo temático; también intento siempre asumir un riesgo narrativo. Soy consciente de mi tendencia a explicar historias cronológicamente discontinuas y también de mi reputación por crear frisos minimalistas como se puede ver en mis películas más recientes. Pero, por encima de todo preciosismo, creo que el concepto narrativo debe estar al servicio de la historia y no al contrario. En este caso, Amor Idiota sigue un orden cronológico, con unos pocos flash backs, pero con un tratamiento que tiene mucho que ver con el minimalismo.

Siempre he defendido un cine donde la calidad y la creatividad primen sobre los grandes medios; un cine de ideas y de contenido. Creo que es la apuesta que más razonablemente podemos hacer, como europeos, y que a la vez nos puede servir para llegar a nuestros espectadores.