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El silencio del agua


Cartel de El silencio del agua

La historia de KHAMOSH PANI, basada en hechos reales, comienza en 1979 cuando Pakistán se empieza a introducir en la vía de la islamización después del golpe de Estado del general Zia. Enlaza el destino de una mujer y la evolución política de Pakistán a lo largo de los últimos veinticinco años.

Estamos en 1979 en Charkhi, un pueblecito del Pendjab pakistaní. Aïcha es una mujer alegre de unos cuarenta años que nunca habla de su pasado. Desde la muerte de su marido, su hijo de 18 años es el centro de su existencia. Salim, buen chico, dulce y soñador, está enamorado de Zoubida.

En Pakistán, el general Zia-ul-Haq acaba de tomar el poder y de instaurar la ley marcial. El país se introduce en la vía de la islamización. Salim empieza a frecuentar un grupo de fundamentalistas musulmanes. Zoubida es abandonada poco a poco por su enamorado, mientras Aïcha se preocupa por ver a su hijo cambiar tan brutalmente.

Los acontecimientos se precipitan con la llegada de los Sikhs venidos de la India para su peregrinaje. Uno de ellos comienza a buscar a su hermana, una tal Virou, que los musulmanes capturaron en 1947. El pasado sale bruscamente a la superficie…

     Título original: Khamosh pani
     Año: 2003
     Duración: 99 min.
     Nacionalidad: Francia, Alemania, Pakistán
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 18/03/2005
     Distribuidora: Festival Films

 

Comentario

- ¿Cómo nació la idea de esta película?

En 1996, pensaba desarrollar un documental con Satha (el coproductor pakistaní de la película). Nos pusimos a buscar temas para el cincuenta aniversario -1997- de la independencia de Pakistán y de la marcha de los británicos del subcontinente hindú. Comencé a interesarme por la violencia que pudieron sufrir las mujeres durante la división de la India y Pakistán en 1947, y a recopilar información sobre los raptos de mujeres por la parte adversa cerca de las fronteras del Punjab y de Bengala.

- ¿Ha tratado Vd. de encontrar a alguna de esas mujeres capturadas?

He intentado localizar en la ciudad fortificada de Lahore a mujeres susceptibles de haber sufrido violencias durante la división. Pero me he encontrado con un silencio de plomo.

¿Cómo puede una mujer resignarse a una vida que le ha sido impuesta, a una vida que ha empezado desde la violencia? Una mujer que no ha podido decir una sola palabra sobre su futuro. No siempre podemos elegir, a veces tenemos compromisos, o los planes que hacemos en nuestras vidas no siempre salen como hemos previsto. Pero aquí, se trata de otra cosa, y yo he podido experimentar profundamente la violencia ejercida a una mujer apartada de los suyos, que tiene que vivir en un país que no ha elegido, forzada a convertirse a la religión de su raptor y a traer al mundo a sus hijos. Sin embargo, la vida debe continuar, imperturbablemente.

Creo que lo que me ha atraído de estas historias, es que verdaderamente he podido captar la gran vulnerabilidad de esas mujeres. Esto me ha recordado la suerte que corrieron las que, en Bosnia o en Kosovo, fueron raptadas o apresadas, y en un pasado más lejano, y a las tragedias vividas por las judías en la Europa destrozada por la guerra. Me di cuenta de que no podía filmar a una mujer que había vivido semejante situación. Mi idea del documental ya no se pudo concretizar. Pero la historia debía ser contada. En forma de ficción.

- Entonces prosiguió con sus investigaciones…

Si, para construir una historia a partir de hechos auténticos. Entonces, viajé a la India en 1997 y conocí a feministas que habían inscrito en una perspectiva histórica las experiencias de mujeres hindúes y pakistaníes raptadas. Pero sobre todo hablé con gente que había estado en la "Comisión de Recuperación". Me contaron historias atroces. La "Comisión de Recuperación", dirigida por Miridula Sarabhai, creía ardientemente poder remediar los errores históricos, trayendo a las mujeres raptadas a sus casas al otro lado de la frontera. Lo cual les obligada a desplazarlas de la India a Pakistán y de Pakistán a la India.

La "Comisión de Recuperación" solo fue operativa durante algunos años después de la división. Imagine a un miembro de esta Comisión que llama a su puerta mientras le está dando de comer a su bebé y que le anuncia que usted pertenece al otro lado y que la Comisión le va a llevar de vuelta con sus padres. Pero que no se puede llevar al niño porque éste se tiene que quedar en el país donde nació… Imagine cuanto esto le trastornaría, pensaría: "Estoy ahora atada a mi marido (que ayer fue mi raptor), mi casa está aquí, y no quiero volver a ver a mis padres…". "Después de tres años, estuve al borde de la depresión nerviosa", me dijo una mujer de la "Comisión de Recuperación". "Yo quería hacer el bien, pero evidentemente, cometíamos un error: era demasiado tarde para reparar la crueldad de la división. La vida había seguido su curso. El tiempo no espera a nadie. Entonces empezamos a luchar para modificar la ley que nosotros mismos habíamos ayudado a que se votara. Pero no era posible. Las acciones de los gobiernos son extrañas. Y muchos como Mindula Sarabhai creían todavía en las virtudes de la "Ley de Recuperación". Y así se repetían las historias que me contaban.

- La historia del pozo en el que las mujeres se suicidaban, ¿es verídica o inventada?

Es totalmente cierta. Un día, estaba en Bhogal, una zona residencial de Delhi, bien conocida por los inmigrantes del Punjab de Pakistán. No recuerdo bien en que circunstancias me encontraba allí - en todo caso los detalles se han borrado de mi memoria. Tenía una cita con el consejero municipal. Me habló con mucha brevedad. No sabía mucho acerca de 1947 y me sugirió que me encontrara con su hermana mayor que tenía 16 años en 1947. Ella empezó a hablarme sobre el año 1947: "Vivíamos en Dheri. En el otro lado, estaba Chakri, donde se casó mi hermana. Dheri y Chakri eran pueblos gemelos. Nos enteramos de que Chakri ya había sido atacado y que los musulmanes avanzaban hacia Dheri. En Chakri, las mujeres renunciaban a vivir, saltando en el pozo del pueblo. En nuestro Gurdwara (lugar santo sikh), en Dheri, nuestras mujeres juraban que harían lo mismo. Esperábamos alrededor del pozo días y noches. Mi padre estaba allí. Era el hombre más respetado de nuestro pueblo. Todos los demás habitantes hacían guardia en la entrada del pueblo. Si les mataban, entonces sabíamos que teníamos que saltar al pozo."

La historia prosiguió a medias palabras y quizás no sea cierta del todo. Deduje que Dheri se salvó por la gracia de un santo sufí cuya tumba se encontraba a la entrada del pueblo. Los musulmanes se cegaron por los poderes del santo y no entraron en el pueblo. Al fin y al cabo, Dheri fue salvado por el ejército.

- Así es como encontró a su personaje principal…

Si, y decidí llamarle Virou: la mujer valiente, una mujer que vive en un pueblo que he llamado Chakhi. La historia de Virou es la de una mujer atrapada en un conflicto y, como mujer, encarna una situación universal. La de la mujer en Bosnia, en Sri Lanka, en Afganistán, en Irak…

Cuando escribí la historia, quise poner su pasado en relación con el presente. A pesar de todos sus esfuerzos para llevar una vida propia, su vulnerabilidad no disminuye. Su aislamiento se refuerza y se profundiza con la evolución política del país. Esculpiendo el personaje de Aïcha / Virou, lo he mirado vivir a través de su único hijo, Salim - su talón de Aquiles ya que es el único vínculo con el país en el que vive.

- ¿Como se escribió el guión?

Mis investigaciones avanzaban. Había consultado los registros de la policía en Pakistán. Había vuelto a la India con más preguntas sobre los Sikhs, sus creencias, sus peregrinajes, la política inter-religiosa entre musulmanes y Sikhs y, particularmente, las relaciones de los Sikhs con Pakistán después de 1947.

- ¿Cuál es su sentimiento sobre el entorno político que la historia de su película pone de manifiesto?

Siempre he trabajado con mujeres desfavorecidas, estén en la cárcel, luchen por la custodia de sus hijos, o luchen por derechos elementales. Virou personifica de manera extrema la vulnerabilidad de las mujeres. Y es realmente a través de ella que he encontrado una manera de expresar mis más profundos temores ante la intolerancia político-religiosa, no solo en Pakistán, sino que también en el mundo entero.

- Su película hace un retrato poco lúcido sobre el régimen del General Zia-ul-Haq, el cual desencadenó el islamismo de su país, proceso ilustrado por el personaje del hijo, Salim. ¿Cuál era su intención?

Para mí, la religión y la política deben ser terrenos separados, si lo que buscamos es justicia e igualdad. Desde el momento en que el General Zia-ul-Haq decidió utilizar los recursos de la Constitución para convertir en suprema la Voluntad de Dios, por encima de la voluntad popular, nos adentramos en un período peligroso para Pakistán. EL SILENCIO DEL AGUA no es una crítica hacia el fundamentalismo religioso. Los fundamentalistas también tienen el derecho de hablar libremente y nada debe prohibirles ocupar su propio lugar en la sociedad. Una gran mayoría de la gente, así como sus dirigentes políticos, ha abdicado todo poder frente a las fuerzas religiosas minoritarias. En mi película, quiero más bien insistir en las consecuencias de este fenómeno. La islamización de los años Zia se infiltró como el humo en las grietas de la sociedad pakistaní. Al filo de los años, la hemos visto cambiar lentamente, pasando de un modelo abierto y liberal, a un estado más conservador y restrictivo. Se puede ver hoy en día esta mezcla de religión y política en algunos países occidentales, antaño laicos, y donde el poder de las fuerzas religiosas va creciendo. En los Estados Unidos, los neoconservadores y la derecha cristiana ocupan la delantera de la escena política. Cuando en junio de 2003 Tony Blair visitó a George W. Bush para discutir sobre Irak, parece ser que rezaron juntos en la capilla de la Casa Blanca. En el Reino Unido, Tony Blair invitó a las organizaciones cristianas y otros "grupos de fe" a desempeñar un papel decisivo en la acción política.

- La película habla también de la vida de los habitantes del pueblo de Charkhi muy detalladamente. ¿Era indispensable para la historia?

Los habitantes de mi película, como en un microcosmo, revelan el clima político del país. Las conversaciones y las réplicas en el tenderete del peluquero van cargadas de insinuaciones políticas que nos ayudan a resaltar las distintas facetas de la sociedad pakistaní. El mismo peluquero representa el espíritu más abierto y liberal, mientras que sus dos amigos son más maleables. Se sienten acorralados y siguen las reglas nuevas establecidas por Rachid et Mazhar, que acaban de llegar al pueblo.

Un salón de té donde la gente se encuentra regularmente no tiene nada de particular. Siempre hay lugares donde se discute de política, donde circulan los chistes sobre política, ya sea en círculos masculinos de ciudades europeas cosmopolitas, o en modestos salones de té de remotos pueblos asiáticos.

- ¿Cómo ha conseguido rodar su película en Pakistán en el año 2002?

Nuestro primer obstáculo fue la falta de profesionales y de apoyos técnicos en Pakistán, tan necesarios para esta película de ficción. También estaba la cuestión de las financiaciones. En gran parte, encontramos soluciones a todo esto y a otros problemas, gracias a nuestros coproductores en Francia y Alemania.

Para el casting, me esforcé en recurrir al mayor número de personas cercanas a nuestro lugar de rodaje. Para los papeles principales, hice un casting en Pakistán y en la India. Quitando a Kirron Kher, trabajé con aficionados. Organicé talleres para que ensayaran.

El primer día de rodaje debía ser el 7 de octubre de 2001. Con los acontecimientos del 11 de septiembre, tuvimos que parar la preparación y posponer el rodaje. El fenómeno Al-Qaida añadió un grado de autenticidad a al película al subrayar la rapidez de los cambios políticos.

- ¿Cómo eligió Vd. a Kirron Kher para el papel protagonista?

El personaje de Virou / Aïcha tiene características sufíes (una personalidad abierta y generosa), cuya filosofía de vida se puede resumir así: "Un Dios único no existe, lo que importa son los Dioses en su conjunto." Este punto de vista viene seguramente de mi propia educación sufí. De todos modos, yo buscaba a una actriz que pudiera expresar la esencia de la visión sufí del mundo. Quizás mi madre fue inconscientemente el modelo del personaje de Virou / Aïcha, pero no tuve conciencia de ello hasta que conocí a Kirron. Enseguida sentí que, no solo ella podía actuar, sino que sobretodo podía encarnar al personaje.

- Vd. nos cuenta toda esta historia, filmándola desde el punto de vista de Aïcha y Zoubida…

Para mí, no hay nada más natural que contar una historia desde el punto de vista de las mujeres.

Dicho esto, no me considero como una mujer que haría películas, sino como una mujer que contaría historias que pudieran enriquecer nuestra comprensión del mundo, de nuestro pasado como de nuestro presente, con el fin de alumbrar mejor nuestro futuro.d

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