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In good company (algo más que un jefe)


Cartel de In good company (algo más que un jefe)

Dan Foreman (Dennis Quaid) tiene 51 años y su vida es buena... en conjunto. El veterano jefe de ventas de publicidad del semanario Sports America acaba de celebrar el mejor año de la revista, gracias en gran medida a la cálida, honesta y amistosa forma de negociar de Dan y al espíritu de equipo del departamento que él encabeza. Incluso las noticias del inesperado embarazo de su esposa y de la admisión de su hija mayor, Alex (Scarlett Johansson), en la exclusiva (por no mencionar cara) Universidad de Nueva York hacen feliz a Dan, aunque le dejan ligeramente preocupado por la economía familiar, pero, como siempre ha hecho, se las arreglará.

Carter Duryea (Topher Grace) tiene 26 años y piensa que su vida es formidable, en su mayor parte. El joven prodigio ha progresado firmemente a en la multinacional Globecom. Los directivos incluso le conocen por su nombre - Carter está siendo preparado para su próximo peldaño en la escalera corporativa: dirigir la venta de publicidad en una de las principales publicaciones recientemente adquiridas por Globecom en su última operación, la revista Sports America. Desafortunadamente para Carter, su ascenso coincide con el final de sus siete meses de matrimonio y no tiene a nadie, salvo un pez, con quien compartir su felicidad. Pero sabe que está en el buen camino y se las arreglará.

La exasperación de Dan cuando le rebajan de categoría no es nada comparada con su incredulidad al ser sustituido por Carter. Dada la edad de su nuevo jefe y su relativa experiencia en la venta de publicidad (ninguna), Dan tiene pocas ganas de ser el "protector" de Carter. Pero a la luz de los nuevos acontecimientos en casa, necesita su trabajo tanto como Carter necesita el suyo. Forjando una frágil relación por las necesidades corporativas, los dos empiezan a trabajar juntos para cumplir la orden de Globecom de recortar el presupuesto del departamento mientras aumentan los beneficios en un 35 por ciento.

El celo de Carter por cumplir ante los altos ejecutivos no le hace ganar muchas simpatías en las oficinas de Sports America. Su método de trabajo centrado en lo básico, carente del lado humano del negocio, choca a menudo con Dan y su devoción a su equipo. Tal como Dan lo ve, esta gente es una familia -algo de lo que Carter carece totalmente. La soledad del nuevo jefe de departamento le lleva incluso a convocar una reunión de personal en domingo y después autoinvitarse a cenar en casa de Dan con su familia, donde Carter conoce a Alex.

Después, cuando el solitario jefe de ventas tropieza con la igualmente solitaria estudiante en una cafetería de Manhattan, el casual encuentro vuelve a encender las chispas que surgieron inicialmente en la cena familiar... chispas que originan una relación, que la pareja esconde de Dan. El manual corporativo tiene poco que decir sobre acostarte con la hija universitaria de tu empleado y si llegara a saberse, la noticia de su relación amenazaría seriamente la relación de Carter con Dan, la íntima relación de Alex con su padre y los progresos que los dos vendedores han hecho en Sports America.

En general, la vida se ha vuelto un poco más complicada para Dan y Carter.

     Título original: In good company
     Año: 2004
     Duración: 109 min.
     Nacionalidad: EE.UU.
     Género: Drama. Comedia
     Fecha de estreno: 15/04/2005
     Calificación: Todos los públicos
     Distribuidora: Aurum Producciones S.A.

 

Comentario

El director Paul Weitz admite sentirse atraído por las historias que examinan las sorpresas, las ironías y coincidencias de la vida, que él, junto a su hermano y colaborador, Chris Weitz, exploraron con éxito en la adaptación cinematográfica de la novela de Nick Hornby Un niño grande (que también co-dirigieron), nominada a los Oscars® de la Academia.

Intrigado por la anticonvencional relación padre/hijo, ilustrada en la comedia dramática Un niño grande y anteriormente en la simpática comedia American Pie (su debut en la dirección con Chris), Weitz, que escribió el guión original para In Good Company, vuelve a esa premisa... pero con una diferente, aunque fascinante, perspectiva.

El siempre cambiante paisaje económico de fusiones corporativas y conglomerados empresariales que ha dominado las noticias en los últimos años demostró ser el perfecto mundo caótico en el que ambientar su guión.

Paul Weitz comenta: "Al abordar In Good Company, realmente quería hacer una película en la línea de Billy Wilder, lo que en cierto modo habíamos intentado con Un niño grande. Un niño grande, sin embargo, era una película muy inglesa, y ahora quería abordar particularmente mitos americanos y observar cómo, hasta cierto punto, las tendencias económicas afectan a las vidas individuales. Wilder era capaz de equilibrar cinismo y optimismo, particularmente en películas como El apartamento, en las que realmente capturaba la colisión del Sueño Americano y nuestra tendencia a la ambición profesional y cómo eso se equilibra con ser humano. Y eso es algo que aún está muy presente en nuestro mundo de hoy".

Después de casi seis meses afinando y documentando su idea inicial para el guión y conferenciando con su hermano Chris (que ejerce como productor de la película), Paul había concebido una historia muy humana sobre la improbable relación entre dos hombres que ven alteradas sus satisfactorias existencias por la alarmante revelación de que ya no tienen ningún control sobre el aspecto profesional y personal de sus vidas. En el proceso, Weitz había intentado introducirse en el conflicto emocional y económico que resonaba en una multitud de personas - el sentimiento imperante de que, en este nuevo orden mundial de grandes corporaciones multinacionales, casi todo el mundo tiene una historia sobre un familiar o amigo que ha sido desplazado, despedido o afectado de algún modo... mirando a un nuevo hecho cotidiano nacional, el cineasta había encontrado una historia humana.

Weitz señala: "La gente me contaba historias sobre parientes y amigos, en mitad de su vida, que habían sido despedidos o caído víctimas de la reducción corporativa de plantilla. Y ahora estos cincuentones estaban buscando empleo en un momento en que habían esperado estar haciendo grandes cosas, con muchos años de trabajo detrás, o reciclándose para tratar de entrar en la fuerza laboral en una línea diferente de trabajo. Todo eso alimentó mi idea sobre un hombre de 51 años que repentinamente se ve, a causa de una absorción, como empleado de un tipo que tiene la mitad de su edad y tiene que tratar con la humillación de esa situación".

Pero en el típico estilo Weitz, la exploración de lo que podría ser un funesto giro en la vida de un personaje que tiene que andar con pies de plomo en un nuevo terreno corporativo con la esperanza de mantener su empleo, es manejada con humor amable e impulsada por los personajes. "Como Chekov, pienso que nada es totalmente serio, la forma en que la gente trata normalmente con los desafíos en la vida es riéndose de ellos. No encuentro una separación entre 'drama' y 'comedia', es realmente una cuestión de modulación de la comedia".

Chris Weitz vio alterada para esta película su habitual dinámica de trabajo con su hermano: "Paul estaba realmente decidido a contar esta historia, ambientada en un mundo de reducción de personal y sinergia cuando las grandes corporaciones absorben a las pequeñas y controlan las vidas de la gente. Mi primer papel fue como su caja de resonancia de ideas y apoyarle durante el proceso de escritura. En realidad estar menos implicado en este proyecto ha sido como una bendición para mí -el estrés ha sido mucho menor. He dejado la mayoría de las decisiones diarias a Paul".

El papel de Dan Foreman está hecho a medida para Dennis Quaid, que inherentemente aporta una presencia confiada, honesta, junto a una sutil profundidad emocional a cada papel que interpreta. Él fue el primer actor elegido para In Good Company y el ancla para la relación entre los personajes centrales de la película.

Dice Weitz sobre Quaid: "Creo que es realmente genial que Dennis -que aún está haciendo películas de acción y es un actor protagonista- estuviese dispuesto a aceptar el rol de Dan. Pero lo que creo que realmente funciona es que aquí tenemos un personaje que está en peligro de quedar marginado, que aún es increíblemente joven e increíblemente vital. Es más interesante ver a esa clase de hombre quedar al margen. Tengo suerte de que Dennis estuviese dispuesto a interpretar a un personaje un año mayor que él -cada día, teníamos que poner gris en su pelo. Debería haberle dado algo del mío".

Chris Weitz añade, "Sólo con su presencia, Dennis aporta una firme honradez a su personaje".

Escoger al atlético Quaid en el papel de un barrigón hombre de negocios de 51 años con el pelo gris requirió algo de imaginación. Pero con ayuda de su estilista administrando a su pelo aplicaciones diarias de color gris y a la diseñadora de vestuario Molly Maginnis (Mejor Imposible) utilizando un estilo creativo de guardarropa, fue envejecido para encarnar a su personaje de mediana edad. "Este personaje no es mucho más viejo que yo, así que me consolé con el hecho de que tuvieran que envejecerme para interpretarlo", dice Quaid riendo. "Me alegro de ser lo bastante mayor para hacerlo. Me encanta el papel".

Para Quaid, el atractivo del proyecto está en Weitz y su inteligente y multidimensional guión. El actor señala, "Paul es uno de los directores con más talento del momento. No hay mucha gente que pueda hacer una comedia como ésta; es muy humano e íntimo. Trabajé con Mike Nichols hace unos 15 años (en Postales desde el Filo, junto a Meryl Streep) y me recuerda a Mike".

"Lo que también es genial", continúa Quaid, "es que Paul realmente crea un proceso de colaboración en el plató. Algunos guionistas/directores insiten continuamente en el texto, pero para Paul, se trata de un proceso de descubrimiento, incluso para sí mismo".

Weitz añade, "Dennis ha estado haciendo esto durante tanto tiempo que es un actor nato y extremadamente sutil. A veces yo sabía que lo que él estaba haciendo funcionaba en la escena, pero nunca me acerco a menos de 10 pies de distancia cuando ruedo, así que no podría decir exactamente lo que Dennis hacía en los primeros planos. Fue sólo cuando me senté en la sala de montaje cuando vi todas las pequeñas cosas que él estaba haciendo. Es uno de esos actores que hacen que las cosas parezcan lo más naturales posible, y creo que muchos de estos actores están menospreciados, porque su fuerza no está en gritar que están realizando una gran interpretación. Ellos en realidad están tomando toneladas de decisiones que hacen real al personaje".

Topher Grace y Scarlett Johansson están de acuerdo con Quaid en lo concerniente al guionista/director, que a menudo se mostraba igual de colaborador con ellos cuando se trataba de improvisar o reescribir sus diálogos.

Grace comenta: "Soy relativamente nuevo en este juego, pero creo que la clave de todo es trabajar con grandes directores. Es un medio de directores. Paul es muy abierto, aunque tiene una idea muy específica de lo que quiere. Es un tipo fascinante".

Por su parte, Johansson afirma que "Paul es uno de los directores más inspiradores con los que nunca he trabajado; está muy excitado con improvisar y obtener nuevas ideas. Ha sido definitivamente provechoso para nosotros los actores, y su guión es una pequeña y perfecta joya, todos los personajes están increíblemente bien desarrollados. No importa qué historia esté contando, es muy real".

Topher Grace es probablemente más conocido por su papel protagonista en la popular serie cómica That '70s Show, pero fue su primer papel cinematográfico en la película nominada al Oscar de Steven Soderbergh Traffic la que llamó la atención de los cineastas cuando buscaban un actor para interpretar a Carter Duryea. La habilidad de Grace para dotar a su personaje de una afilada inteligencia junto a un impecable ritmo cómico hicieron fácil para Weitz la decisión de casting para el ambicioso joven Máster en Administración de Empresas, cuya vida personal empieza a derrumbarse cuando consigue el ascenso de sus sueños.

El director comenta que "Topher tiene una gran energía, muy diferente a la de Dennis, lo que crea un gran contraste en la relación central. Hice algo tras su primer ensayo, que en retrospectiva podría haber sido desastroso. Leímos una escena y entonces le dije a Topher, 'Okey, quiero que le des algunas notas a Dennis'. Y Topher dijo, '¿Estás bromeando?' 'No, hablo en serio'. Yo pensaba en ese momento que como el guión pide que el chico joven dé órdenes al tipo mayor, sería interesante ver lo que ocurría allí con las dinámicas de los actores.

"Lo que terminé aprendiendo primero y principalmente sobre Topher es que es muy inteligente. Dijo, 'No voy a hacer eso'. Y los dos se rieron. Pero Topher tomó la decisión absolutamente correcta. Los dos actores fueron lo bastante inteligentes para ayudarme a evitar un mal comienzo como su director".

"Nos recuerda mucho a un joven Jack Lemmon", añade Chris Weitz, "en términos del juvenil entusiasmo que puede aportar incluso al más cínico de los personajes. Fue una de nuestras decisiones de casting más fáciles".

"Creo que cuando alguien hace una interpretación realmente buena, uno tiende a pensar que son exactamente como su personaje. Ni Dennis ni Topher son particularmente como los personajes que están interpretando y aún así ambos habitan completamente en estos tipos, lo que pienso que habla a las claras de su habilidad interpretativa. Y están geniales juntos", comenta Paul.

Grace, que filmó In Good Company durante una pausa en su popular serie de televisión, está emergiendo como un actor cinematográfico de talento con diversos roles en proyectos tan diferentes como Win a Date with Tad Hamilton y P.S., junto a Laura Linney. Grace trata cada nuevo personaje cinematográfico como un seminario continuo y estaba entusiasmado por trabajar tan íntimamente con Quaid: "Poder trabajar cada día durante tres meses con alguien tan experto como Dennis... es la mejor escuela de graduación del mundo. Le observo mucho y no me habla con aires de superioridad, como debería", afirma Grace riendo, "lo cual es magnífico".

Quaid estaba igualmente impresionado con la habilidad de su joven co-estrella para abordar algunos de los largos y emocionalmente complejos diálogos de Weitz. "Topher tiene mucho talento. Me sorprenden los actores que provienen de las teleseries cómicas. Sabe cómo hacer funcionar los diálogos. Se lo traga, lo echa fuera y lo hace funcionar. Ha clavado con precisión algunas escenas muy importantes con un montón de diálogos difíciles".

El papel de Alex, la hija mayor de Dan y Ann, que vuela con sus propias alas y se embarca en una relación secreta con el joven jefe de su padre, atrapó inmediatamente la atención de Johansson. Con 19 años, vio similitudes entre ella y el personaje y pensó que, después de más de un año trabajando en un drama tras otro, una comedia -particularmente una con la que tuviese tanta afinidad- sería el proyecto perfecto.

"Alex resonó en mí", afirma Johansson. "Tenemos la misma edad y mucho de lo que ella está pasando -marcharse y tratar de averiguar qué quiere hacer realmente- es algo por lo que yo pasé no hace demasiado tiempo. Es una buena correspondencia".

Por suerte para los cineastas, contrataron a la joven actriz antes de lo que ellos llaman la "fiebre Scarlett", el estreno y subsiguiente avalancha de elogios y aclamación de la crítica que recibió por sus interpretaciones en Lost in Translation y La joven de la perla.

"Somos muy inquisitivos en lo referente a los castings", dice Chris Weitz. "Sabemos a quién queremos y vamos a por ello con decisión. Es como si estuviésemos creando un equipo de béisbol. Vamos tras nuestros agentes libres y Scarlett, por ejemplo, fue una adquisición clave. Ella es extraordinariamente natural y tiene una voracidad en todo lo que hace, que es el motivo por el que ha conseguido tantos elogios".

Quaid, un actor veterano que ha visto de primera mano la luz deslumbradora de los focos de los medios, afirma, "Scarlett es una actriz increíble. Puedes ser el ojito derecho de los medios pero si no tienes el talento, no lo tienes -y ella definitivamente lo tiene".

"Tuve suerte de contratar a Scarlett porque ella hace que el personaje sea increíblemente real", señala el director. "Me gusta la idea de presentar una relación en la cual los conflictos no vienen de una disfunción, sino de que el padre y la hija son completamente funcionales y sienten un genuino amor el uno por el otro. Están en el proceso de redefinir su relación, con Alex pasando de ser la mejor colega de su padre a una mujer independiente y adulta".

Una prueba más del calibre del guión de Weitz y de su reputación como director es la estelar nómina de actores que los cineastas reunieron para los papeles secundarios: Marg Helgenberger es Ann, la embarazada esposa de Dan (quien simultáneamente filmó su papel mientras grababa su popular serie de televisión CSI Las Vegas); David Paymer (Cómo conquistar Hollywood) como Morty, el pesimista vendedor de Sports America; Philip Baker Hall (Como Dios) como el propietario de la empresa de equipamiento deportivo Eugene Kalb; Clark Gregg (La mancha humana) como Steckle, uno de los miembros del equipo de dirección de Globecom; Selma Blair (Hellboy) como la efímera esposa de Carter, Kimberly; y Malcolm McDowell (La naranja mecánica) como Teddy K, el enigmático y carismático presidente de Globecom.

El afecto de Helgenberger por el guión, el reparto y los cineastas es evidente cuando dice, "Es un guión maravillosamente calibrado, con la yuxtaposición de la vida laboral y la vida familiar de Dan. El guión de Paul es cálido, divertido y observador, y cuenta una historia realmente actual. Pero no te golpea en la cabeza con los temas de la edad -se acerca a ello desde una perspectiva cómica, lo que es un modo mucho más sutil de abordar los temas. Dennis es un gran profesional y trabajar con el resto del reparto es simplemente maravilloso. Son proyectos como éste los que realmente me atraen para trabajar en el cine. Hay mucho corazón y alma aquí".

El rodaje comenzó a mediados de marzo, filmando en Los Angeles y sus alrededores, incluyendo la zona residencial de Pasadena, filmando interiores y exteriores de la casa de los Foreman; y el centro de Los Angeles, que proporcionó no sólo el marco urbano para varias escenas, sino también los platós, que albergaron los impresionantes decorados de 6000 pies cuadrados que comprendían las diversas áreas de trabajo dentro de las oficinas de Sports America.

El diseñador de producción William Arnold y su departamento artístico pasaron cerca de tres meses diseñando, construyendo y vistiendo el moderno decorado acristalado de Sports America, que está elevado a seis pies de altura sobre el suelo permitiendo una amplia vista del skyline de Nueva York (en realidad una gran transparencia en color de 25' de alto y 211' de largo) rodeando partes del plató. Un desafío específico para Arnold fue tener que crear un modo práctico de transformar el decorado existente en dos oficinas adicionales y diferentes de Sports America, para mostrar cómo la absorción de la compañía y los subsiguientes movimientos de personal afectan al espacio de trabajo -lo cual se consiguió utilizando una segunda transparencia con una vista alternativa de la ciudad y también reconfigurando las paredes y volviendo a vestir los cavernosos decorados, por cortesía del decorador David Smith.

Una vez comenzada la filmación, fue Chris Weitz quien se encontró en un territorio desconocido mientras veía a su hermano ocuparse en solitario de las tareas de dirección. "Ahora se me respeta mucho menos en el plató", dice bromeando, "Me siento como la esposa-florero que revolotea por allí y con quien la gente se siente obligada a hablar".

Pero Chris, que está a punto de hacer su propio debut como director en solitario en His Dark Materials: The Golden Compass, se pone serio cuando habla de su hermano y sus capacidades como director: "Paul es fantástico cuando se trata de trabajar con los actores. Tiene sus raíces en el teatro y siente una profunda comprensión y amor por lo que un actor hace cuando va a interpretar una escena".

El productor ejecutivo Andrew Miano se hace eco de este sentimiento, y añade, "Una de las cosas a las que responden los actores es la oportunidad de interpretar un papel que les suponga un desafío y les permita aportar su propia perspectiva... Creo que eso es lo que atrae a los actores de Paul. Es capaz de darles una oportunidad para brillar".

Weitz, sin embargo, no ha abandonado sus raíces teatrales. Recientemente volvió a los escenarios de Nueva York, escribiendo la comedia negra Roulette, que se estrenó en febrero de 2004 (mientras él estaba en la pre-producción de la película) en el prestigioso Ensemble Studio Theatre, del que ha sido miembro desde 1993. Ha escrito y dirigido numerosas producciones teatrales incluyendo Mango Tea y All for One, que protagonizaron Calista Flockhart y Liev Schreiber. Su última obra, Privilege, será producida por el Second Stage Theater en primavera.

Parte del desafío para tres de las estrellas de Weitz reside en las exigencias físicas (por ejemplo, atléticas) del guión. Para preparar su papel como una deportista de talento, Johansson empezó a entrenar con el tenista profesional Nels Van Patten en enero de 2004 y siguió con sus lecciones semanales durante el agotador calendario de entregas de premios, fiestas y premieres que rodearon los estrenos de Lost in Translation y La joven de la perla.

"Soy una chica de Nueva York y no he empuñado una raqueta de tenis en toda mi vida. Pero esa es una de las ventajas de esta profesión, tienes oportunidades de aprender cosas nuevas y Nels me ha hecho una entusiasta de este deporte".

Quaid y Grace también tuvieron que prepararse para su ración de desafíos atléticos, particularmente para la escena del baloncesto, donde el equipo de publicidad se enfrenta a la directiva en un partido "amistoso" -los directivos son tan amistosos que reclutan jugadores de otros departamentos, como envíos y recepciones.

Quaid, que anteriormente ha protagonizado varias películas de temática deportiva, admite que el baloncesto no es su punto fuerte. Grace también reconoce haber peleado un poco con las escenas: "No soy muy buen jugador de baloncesto... hicieron falta un montón de tomas hasta que metimos una canasta. Pero la buena noticia es que Dennis es peor que yo así que no me sentí tan mal", añade con una sonrisa.

Los actores y el equipo pasaron ocho semanas rodando en Los Angeles antes de trasladarse a Nueva York durante una semana, para capturar los exteriores únicos del Madison Square Garden, Washington Square Park, Chinatown, TriBeCa y la Universidad de Nueva York.

Cuando el final del rodaje se aproximaba, puede afirmarse -empezando con las primeras reflexiones de Weitz sobre su guión y terminando con la última toma filmada en el Madison Square Garden- que el duro trabajo de 35 departamentos diferentes compuestos por varios cientos de personas en ambas costas plasmó las globalizadoras filosofías que son un mantra para los empleados de Globecom en el guión. Como diría Teddy K., "Bonita demostración de sinergia".

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