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La doble vida del fáquir


Cartel de La doble vida del fáquir

La buhardilla de un colegio construido a finales del siglo XIX en Sant Julià de Vilatorta aloja un viejo proyector cinematográfico que vuelve a funcionar para proyectar una película rodada allí mismo en 1937: Imitando al faquir. Los protagonistas eran los alumnos de aquella institución, entonces huérfanos y ahora venerables espectadores de su propia infancia atrapada en las imágenes rodadas por Felip Sagués, un cineasta amateur refugiado durante la guerra civil en este pueblo próximo a Vic.

Carmina Sagués evoca la figura de su padre mientras cinco de los protagonistas de Imitando al faquir rememoran el rodaje y la vida cotidiana en aquella escuela gestionada por curas. A estos testimonios se añade el de María Teresa Pascual, hija de un marqués que veraneaba en Sant Julià y protagonista femenina del film. Ella y Artur Pous, el chico que interpretaba al valiente explorador que se disfraza de faquir para liberar a su hermana de ficción de las garras de un perverso sultán, no han vuelto a verse desde que compartieron aquella aventura adolescente y ahora rememoran la experiencia.

Un grupo de alumnos de ahora, de la misma escuela, asisten a una proyección de la película protagonizada por sus viejos condiscípulos. La escena final que contemplan, una batalla campal de intención cómica, remite a una guerra mucho más sangrienta que se luchaba cada vez más cerca de las puertas del colegio.

Los recuerdos del final de la Guerra dejan paso a una nueva aventura cinematográfica protagonizada por algunos de los alumnos que hoy acuden al colegio. Los niños se vuelven a disfrazar de sultanes delante de un espejo que borra la frontera entre el pasado y el presente y un nuevo faquir, interpretado por el cineasta Joaquin Jordá, les propone otro juego de magia, un hechizo derivado de un azar que, a la vez, ilumina las paradojas de la memoria histórica.

     Título original: La doble vida del fáquir
     Año: 2005
     Duración: 90 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Documental.
     Fecha de estreno: 30/09/2005
     Distribuidora: Wanda Films

 

Comentario

El hallazgo de una vieja película fue el detonante de esta historia. El film, con el sugerente título de Imitando al faquir, daba pistas pero no desvelaba los secretos que contenía más allá de su argumento aparentemente naïf: un juego de disfraces con el convulso escenario de la guerra civil española de fondo.

Rodada en el verano del 37, fue la primera película amateur de Felip Sagués, un hombre de negocios aficionado a la magia y al cine. Sus protagonistas fueron los alumnos de un orfanato de Sant Julià de Vilatorta, donde él y su familia se habían refugiado durante la Guerra, huyendo de Barcelona. Sagués se inspiró en las películas americanas de aventuras exóticas de los años treinta, pero a pesar de la destreza cinematográfica que demuestra Imitando al faquir y de sus artesanales homenajes a Hollywood, lo que más nos fascinó fueron las historias personales que se intuían tras los ocasionales actores infantiles con los que trabajó Sagués y las excepcionales circunstancias en las que se rodó su película.

Las primeras charlas que mantuvimos con algunos de los alumnos que participaron en aquel rodaje, ahora octogenarios, nos conmovieron, como lo hizo María Teresa Pascual, la hija de un marqués convertida en actriz para la ocasión. Tampoco fue difícil convencer a Carmina Sagués de que, aunque Imitando al faquir fuese la obra menos galardonada de su padre a lo largo de su fructífera carrera como cineasta amateur, era la que nos interesaba como motor de nuestro proyecto. Y el majestuoso Co·legi del Roser de Sant Julià, donde se rodó la película de Sagués en 1937, también se ha ganado el rango de personaje en nuestra película. Desde la primera vez que lo visitamos, sus paredes empezaron a susurrar secretos de los que habían sido testigos y esperamos que la cámara haya sido capaz de captar.

Finalmente, el cineasta Joaquín Jordá, el primer interlocutor al que contamos nuestra historia, nos regaló una anécdota que hemos incorporado a la película para darle otro giro con la complicidad añadida de su protagonista original.

La confianza y los sabios consejos de Antonio Chavarrías, productor e inesperado foto-fija, han conducido el proyecto por un largo proceso de preproducción, rodaje y postproducción, un trayecto durante el que hemos contado siempre con las ideas enriquecedoras que han ido incorporando todos los miembros del equipo

Así ha nacido La doble vida del faquir, sin unos límites definidos entre el documental y la ficción para dar cabida a los diversos materiales que el cine y la historia ponían a nuestra disposición y teniendo siempre presente la máxima de Jean Renoir cuando afirmaba que la puerta del plató debe dejarse siempre abierta por si, de pronto, irrumpe la realidad.

Nota del productor

La doble vida del Faquir arranca de un suceso mágico. Hace casi 70 años, en medio de una guerra civil, un cineasta amateur rueda una película de aventuras en el pequeño pueblo en el que se esconde. Los protagonistas son niños de un orfanato y las pequeñas hijas de un marqués, que también se esconde de los rigores revolucionarios.

Durante unos días, los niños y las niñas viven sumergidos en el espacio irreal y fantástico de la historia que ruedan, convertidos en aventureros, magos, sultanes o princesas de un mundo en que todo es posible.

Al terminar el rodaje y más tarde la Guerra, todos volvieron a su realidad y condición, sus vidas siguieron los caminos previstos sin que huérfanos y futuras marquesas volvieran a verse nunca.

Esta historia ya tiene, para mí, suficiente entidad e interés como para justificar la existencia de este documental.

Pero lo que resulta más sugeridor y apasionante de la propuesta de Elisabet y de Esteve es el hecho de volver a reproducir la magia de aquellos días, volver a convertir en protagonistas a aquellos niños en una nueva película, en un juego de espejos en el que un nuevo rodaje aparece como un reflejo de lo que pasó hace tanto tiempo.

Un espejo que comunica el pasado con el presente, los protagonistas vuelven a los mismos escenarios, recorren los pasillos, los patios y los claustros del viejo orfanato. Entre aquellas imágenes y las de hoy habrá pasado toda una vida, los niños de entonces son los ancianos de ahora, la evocación se convierte en reflexión sobre el paso del tiempo, sobre los sueños cumplidos o perdidos, sobre el papel que juega la ilusión en nuestras vidas y también sobre el papel del cine como sublimación de la realidad y como espacio mítico e inalcanzable.