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Mi padre es ingeniero


Cartel de Mi padre es ingeniero

La historia de un hombre y de una mujer que, desde niños, no pueden vivir el uno sin el otro. Ya son adultos y son médicos. Sus respectivas carreras amenazan con separarles, pero no lo permitirán. Contra toda probabilidad, escogen enfrentarse al destino y a la realidad para quedarse juntos.

     Título original: Mon père est ingénieur
     Año: 2004
     Duración: 90 min.
     Nacionalidad: Francia
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 03/06/2005
     Distribuidora: Golem Distribucion, S.L.

 

Comentario

- Mi padre es ingeniero, extraño título que parece sacado de una novela de espías de los años cincuenta. ¿No será un mensaje cifrado?

Para mí, ese título reunía en una única fórmula enigmática el misterio de dos identidades: la de Natacha (Ariane Ascaride), pediatra, militante en el barrio en el que nació, cuyo nombre tiene que ver con "Natal" (la buena nueva) y con Rusia, y la de Jérémie (Jean-Pierre Darroussin), médico comprometido en la acción humanitaria en el mundo entero, cuyo nombre significa "elevado hacia Dios" y cuyo santo se celebra el 1 de mayo. Los dos aprendieron ruso juntos, como si de un nuevo esperanto se tratara, y la frase "Mi padre es ingeniero", sacada del libro de ruso, se convirtió en el símbolo de todas sus esperanzas frustradas. Siempre se han amado, incluso cuando la vida les separó durante un tiempo. He querido ver en sus cabezas, penetrar en el enigma de su amor y de su compromiso, de su biografía... De la mía también, dicho sea de paso.

- Al igual que en su película Dieu vomit les tièdes, también hay un mestizaje entre el compromiso comunista y la fe católica.

Sí, pero no en el mismo nivel. Las imágenes son cristianas, pertenecen a lo sagrado, a la infancia, a algo permanente, a un mundo maravilloso. Es lo que da vida a los personajes, es su inconsciente. Pero en el compromiso consciente, en el discurso, en querer cambiar el mundo, se impone la tradición comunista de la que son portadores Natacha y Jérémie por lo que les enseñaron sus padres. Es como si el fondo, el contenido, la objetividad fueran comunistas, y la forma, el modo, la subjetividad fueran cristianos. De una parte, la película está poblada de cosas estáticas, como si fueran bodegones y, por otro lado, hay otras en movimiento, un intercambio de un lado a otro. Pero, en el centro, hay un personaje que detiene su vida, que se pone en huelga de vida porque ya no puede administrar tantas contradicciones.

- Natacha entra en un misterioso estado cataléptico y Jérémie decide retirarse del mundanal ruido. Ambos encarnaban dos modos de compromiso social y político pero, de pronto, todo se detiene...

Es la figura del militante enfrentado al fracaso. La sensación de que todo lo que hace es inútil. Es el momento en que se derrumba. Todos conocemos ese momento, yo mismo he pasado por ahí. También hay una dosis de orgullo en esto: los demás no están a la altura, no son lo que deben ser, etc. El problema es que nos han estructurado así, no podemos dejarlo, hay que seguir. En mi caso, seguí haciendo política a través del cine y conseguí salir a flote.

- En este caso, no apunta a ningún tema social y colectivo.

Natacha, a pesar de algunas victorias militantes, vive en un universo estrecho y regresivo. Primero viene la desilusión, el choque físico y, luego, la depresión. La actuación de Vadino (Gérard Meylan), el vecino que pega a su hija embarazada porque está enamorada de un árabe, nos lleva a pensar en todas las regresiones de identidad de las que somos testigo. La unión social desaparece, convertida en un fantasma de pureza carente de relación con los que nos rodean. También Jérémie, metido de lleno en la acción humanitaria, sólo ha visto la muerte. Sólo hay eso de Ruanda a Kosovo y tiene la impresión de que la humanidad no progresa.

Al final, Jérémie consigue hacer autocrítica. No puede estar del lado del poder: la urgencia, lo humanitario es su particular forma de dominar el mundo. Decide quedarse con la oposición, lo que Natacha había escogido desde el primer momento. Al unirse a ella en ese "coma despierto" conseguirá salvarse, salvar sus ganas de deseo y de vida.

- Hay un juego entre los dos: "¿Seguimos, lo dejamos?"

Encontré la frase en las memorias del filósofo Jean Toussaint-Dessanti; es un pequeño ritual que su mujer y él habían inventado. Lo he puesto en boca de Jérémie y Natacha. Es un código. Saben que nunca lo dejarán. Su valor reside en transformar siempre su modo de seguir, tanto en la vida pública como en la privada.

- En cuanto a lo que dice Vadino, el vecino de Natacha: "No me quitarán el hecho de ser francés", tengo la impresión de que no emite un juicio, de que está en contra y a favor de la frase.

En contra, porque me gusta Francia como la tierra que acoge las diferencias. Para mí, ser francés no es un pedigrí como el de los perros de raza. La identidad de cada uno es una construcción infinita. A favor, porque quiero escuchar, oír, entender por qué esa gente dice cosas así. Quiero hablar de la frustración, de la pobreza afectiva e intelectual que les lleva a pensar así. Vadino dice: "No tengo otra cosa", y cuando lo dice, dice la verdad.

- En esta película, lanza una mirada muy cruda a la clase obrera. Quizá sea la mirada menos idealista de todas. Me atrevo a adelantar una hipótesis: se permite tal lucidez porque se apoya en una parábola, y eso le permite embelesar al mundo.

Ya tuve esa misma mirada cruda en La ciudad está tranquila. Pero puede que sea verdad y que la presencia de la Pastoral en Mi padre es ingeniero me haya permitido llegar hasta el fondo del desencanto de mis personajes para poder recuperarlos con la historia de la Natividad. Está claro que fui hasta el final de la "negrura" de Vadino porque sabía que, al final, se perdonaría al personaje del malo ante el belén. Todo esto me dio mucha libertad.

- ¿Qué es eso de la Pastoral?

En Nápoles, en Italia, en Provenza, en todo el Mediterráneo se inventó para el nacimiento de Cristo una especie de teatro popular, una historia con personajes locales que encontramos en las figuras del belén: la panadera, los pastores, el embelesado, el pescador, el molinero... Utilicé el texto provenzal del siglo XIX y el de Yvan Audouard, escrito en los años cincuenta en francés más actual, para hacer una adaptación libre.

Hace mucho que doy vueltas a la idea del belén. Ya aparece en L'argent fait le bonheur y en A la vie, à la mort. Esta vez, llego hasta el final: todos estos personajes reunidos y vueltos hacia la cuna simbolizan para mí la comunidad de los pobres, de los explotados. En mi opinión, la única comunidad que merece la pena.

- Las imágenes del belén se superponen a la historia.

Así es. Quise forzar el arquetipo hasta conseguir entregar una clave para descifrar el mundo entero a través de Jérémie mirando fotos de los sintecho en Irak. La sobreimpresión permite que dos espacios, dos tiempos se confundan, que entren en consonancia, que se alumbren mutuamente, espero.

- ¿Tiene que ver con la utilización repetida de la panorámica de 360 grados?

La cámara gira sobre su eje como lo haría la mirada de un niño en el círculo que le rodea. La panorámica subraya un momento de alegría en la reunión de los inquilinos cuando Natacha y Vadino hablan de un mundo donde todos serían solidarios. Pero la panorámica se convierte en desdicha durante la comida del bautizo en la que el crimen lo destruye todo: todo se derrumba porque la persona que mira ya no está en el interior del círculo.

- Con una figura semejante, me refiero al círculo, a la totalización, ¿no nos acercamos a la locura?

En muchos aspectos los personajes se nos parecen. Probablemente sean más excesivos de lo que somos, pero por eso mismo me interesan, por excesivos. La exigencia de Natacha es excesiva, violenta. Sus palabras convierten al mundo en deudor. Su integridad es una acusación. Hay algo en el personaje que me molesta, aunque también lo admiro. Roza la mística. Compromete todas sus fuerzas, incluso la física. En el momento en que se derrumba, su cuerpo deja de funcionar, su voz se apaga.

- ¿Se hacen películas como ésta para que el comunismo exista?

Sí, es una forma de conversión. "Soy comunista, soy amor de pies a cabeza", como dice Nazim Ikhmet.

- ¿No es mucho pedirle al amor que sea comunista? ¿El amor divino, la dimensión religiosa del amor, no protege de los desbordamientos del amor, no lo canaliza?

No, no me lo parece. El amor, el afecto, el cariño, todo esto es el amor comunista. No lo niego. En mi opinión, lo religioso debería servir como unión. No concibo el amor religioso sin la práctica, su papel es transformar el mundo cotidiano. Para mí, no hay otro mundo.

- En esta película, por primera vez utiliza dos escenarios diferentes, el espiritual y el temporal. Confirma la separación entre los dos. No todo puede ocurrir en la realidad.

Sí, pero la fábula debe acabar por unirse a la realidad. No dos escenarios paralelos. Al final, cuando Vadino viola a Natacha, ella se cae entre las figuritas del belén que decoran su consulta, hay un momento dudoso entre los dos decorados, los dos espacios se mezclan antes de que entendamos que las figuritas se han vuelto de carne y hueso, que todos los personajes se han reunido para la escena del perdón. La relación de Natacha con un mundo ideal debe derrumbarse para que la Pastoral cobre vida. Al mismo tiempo, eso le dará la fuerza necesaria para volver a la realidad, para decir "Seguimos" en los títulos de crédito.

- Para continuar hay que llegar al límite del fin. Es una idea común a todas sus películas.

Eso es. Desde Ce dernier été, relato la crónica de un mundo en vías de extinción. Al describir cómo todo se detiene, sigo adelante. La voluntad de seguir es la voluntad de ser a pesar de que desaparezcan ciertas cosas de donde hemos salido. En Mi padre es ingeniero he conseguido retomar todos los grandes motivos de mi biografía y darles una nueva forma y buena salud. En el fondo soy un seguidor del repertorio: es posible trabajar siempre con los mismos temas.

- Esta vez da la impresión de haber tenido una gran libertad artística.

Quería encontrar formas nuevas, formas totalmente diferentes de lo que había hecho hasta ahora. He creado un desequilibrio al mezclar tres tiempos, el presente, el flash-back y la Pastoral. Es un poco como si la historia recorriese una carretera de tres carriles yendo de uno a otro sin pausa. Sinceramente, no hubiera creído que la película pudiese salir tan bien. La construcción teórica funcionaba, pero no estaba nada seguro de la construcción emocional y afectiva.

- También hay una cierta abstracción en los decorados, una sensación de coreografía en los movimientos. En cierto modo es como si Mi padre es ingeniero fuese su primera película firmada, con estilo propio, una película de autor.

Intento hacer películas cada vez más claras, más abstractas y más dibujadas. Lo estoy consiguiendo. Ya lo había intentado en De todo corazón al mezclar artificialmente tres decorados para hacer una reconstrucción más real que la propia realidad. Pero, al mismo tiempo, tengo la impresión de haber recobrado la ingenuidad, la frescura de mi primera película, Dernier été.

- De hecho, hay muchas fotos sacadas de sus anteriores películas colgadas de las paredes de las casas de sus personajes, como si esos fotogramas se hubieran convertido en álbumes de familia. ¿Es posible que Mi padre es ingeniero sea una película testamento, que va a pasar a otra forma de cine?

Efectivamente, con Le promeneur du Champ de Mars, la película que acabo de rodar dedicada a los últimos días de la vida de François Mitterrand, por primera vez me alejo de mi biografía. Me he inspirado en otras cosas. Pero todo puede renacer de las cenizas. Había hecho muchas películas seguidas. Quizá vaya a Armenia dentro de dos o tres años y responda así a una petición generosa que me han hecho. Necesito trabajar con otro ritmo, con más amplitud.

- Y para terminar, quisiera hacerle un elogio. Mi padre es ingeniero firma un pacto extraordinario con el espectador: de todas sus películas, es la que más observa, está basada en la mirada.

Siempre ha estado ahí, es lo que más me interesa y es lo que se afianza cada vez más. Sin darme cuenta, me inclino por las líneas claras, las cosas simples. Hay que hacer las cosas con calma. Ésa era la idea cuando empecé a hacer películas.

- ¿Cuál es la formula?

Ser honrado con uno mismo. Y trabajar mucho.

- ¿Hacerse cargo de sus deseos de niño?

Sí, y ser un niño lleva mucho tiempo.

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