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In my country


Cartel de In my country

Langston Whitfield (Samuel L. Jackson) es un periodista del "Washington Post". Su redactor jefe le envía a Sudáfrica a cubrir las vistas de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, en la qué los asesinos y torturadores de la época del Apartheid son invitados a comparecer ante sus víctimas. Si dicen toda la verdad y se declaran arrepentidos, podrían obtener la amnistía.

¿Es posible curar las profundas heridas del Apartheid por medio de la reconciliación? Langston no lo cree así. Busca al coronel De Jager, el torturador más conocido de la policía sudafricana, e intenta penetrar en la cabeza del monstruo, una experiencia que le obliga a enfrentarse a sus propios demonios.

Anna Malan (Juliette Binoche) es una poeta afrikaans que cubre las sesiones de la comisión para una radio. Como sudafricana de raza blanca, el testimonio de los horrores y aberraciones cometidos por sus compatriotas la deja profundamente trastornada.

Anna y Langston deben interrogarse sobre su propia identidad. ¿Cuál es el lugar de cada uno? ¿Hasta qué punto son responsables de lo que otros hacen en nombre de sus respectivos países?

El desgarrador testimonio de las víctimas les afecta profundamente. Los dos viven, de diferentes maneras, apartados de sus familias. Esta experiencia compartida les ayuda a estrechar su relación.

Ésta es una historia sobre los abismos insondables de la crueldad humana y la fuerza redentora del perdón y del amor.

     Título original: Country of my skull
     Año: 2004
     Duración: 100 min.
     Nacionalidad: Reino Unido, Irlanda
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 22/04/2005
     Calificación: Mayores de 18 años
     Distribuidora: Deaplaneta S.L.

 

Comentario

En la época más dura del Apartheid viajé por toda Sudáfrica. Visité townships (distritos segregados) como Soweto. Me alojé en una finca del Estado Libre de Orange y visité las universidades de Durban, Ciudad del Cabo y Johannesburgo, y viajé a Port Elizabeth para ver a Athol Fugard.

Aprendí a admirar el valor de aquellas personas, blancas y negras, que luchaban contra el sistema. Van Zyl Slabbert, por ejemplo, un afrikaner que encabezaba entonces la oposición parlamentaria. Vi cómo a su mujer le escupía en la calle un afrikaner que pensaba que su marido había traicionado a su raza.

Me entusiasmó, como a todo el mundo, el triunfo de Mandela, su victoria moral y su generosidad. Me conmovió profundamente el libro de Antjie Krog y su crónica de la cobertura de las sesiones de la Verdad y la Reconciliación, un valiente intento de erradicar las profundas divisiones y heridas que dejó el Apartheid, y aproveché la ocasión para hacer una película con todo ello.

Como observador ajeno, pero solidario y más o menos informado, me preocupaba la idea de contar una historia tan importante para el pueblo sudafricano. Sin embargo, mis amigos sudafricanos me convencieron de que sólo un extranjero objetivo sería capaz de abrirse paso entre los matices del problema y con ayuda de un fantástico equipo de técnicos sudafricanos decidí hacer mi película de la forma más realista posible. Elegí un estilo sencillo y austero.

Emocionalmente ha sido la experiencia más apabullante de mi carrera, enfrentarse día a día al dolor y la agonía de todas las historias que dejó el Apartheid.

Cuando preparaba la película, pensé que la decisión más importante era quizás la elección de la actriz que debía encarnar a Anna. La mitad de las actrices famosas de Hollywood y Europa estaban haciendo cola para conseguir el papel. Elegí a Juliette Binoche por su riqueza emocional y por su capacidad para mostrarse absolutamente vulnerable en la expresión de su dolor, sin el menor atisbo de autocomplacencia o autocompasión. Para mí, trabajar con ella ha sido una revelación. ¿Cómo puede una persona ser tan frágil y tan fuerte al mismo tiempo?

Sam Jackson, en cambio, es un actor hábil, ingenioso e irónico que es capaz de darlo todo en la primera toma. O sea, que cada uno de ellos necesitaba cosas distintas de mí en el proceso de guiarles hasta un punto que les permitiera hacer la escena juntos.

Para compenetrarse con Juliette, Sam exploró sus emociones más íntimas, las que normalmente oculta a la cámara, y Juliette reaccionó a la capacidad de improvisación de Sam. La historia de amor de Anna y Langston, blanca y negro, es el espejo del conflicto entre las dos sociedades sudafricanas, y en su relación resuenan las historias que escuchamos en la Comisión para la Verdad y la Reconciliación.

La experiencia me ha abierto los ojos a la posibilidad de mejorar el mundo. Qué maravilla que Sudáfrica, que tanto ha sufrido a causa del racismo, pueda dar al mundo ahora una lección sobre cómo cicatrizar una herida. Deseo con todas mis fuerzas que la película, que está dedicada a Nelson Mandela y al pueblo oprimido de Sudáfrica, haya conseguido reflejar una parte de este espíritu.

La elección del reparto

Según Robert Chartoff, "elegir el reparto de esta película fue fácil. Pocas veces he tenido la suerte de contar con dos actores que tuvieran tantas ganas de hacer una película". La primera reunión entre Chartoff, Boorman y Samuel L. Jackson tuvo lugar hace unos años, en Los Angeles. "Sam entró en la habitación", cuenta Chartoff, "se sentó, nos miró a John y a mí y dijo: 'Quiero daros las gracias por darme este guión'. Dijo que un actor aspira a hacer un personaje memorable una vez en su vida, y que a él, ese personaje se lo habíamos dado nosotros".

Los productores no tuvieron que seguir buscando. "Estoy vinculado al proyecto desde el principio", explica Jackson. "Este guión es mucho mejor que cualquiera de los que he leído últimamente, y es muy real. Espero que esta película estimule el debate entre la gente que la vea".

Hendee: "Samuel se identificó hasta tal punto con el personaje que no me imagino a otra persona en el papel de Langston". Su comprensión intuitiva del personaje le permitió aportar numerosos matices a su composición. Para John Boorman, "Sam Jackson resulta un poco distinto de cómo lo imaginábamos en el guión. Hay en él un desenfado, una agilidad, una agudeza y una ironía que han aportado una nueva dimensión al personaje".

La elección de Juliette Binoche fue fácil para los productores. "Le dimos el guión a su representante", cuenta Chartoff. "A diferencia de tantas actrices que no se leen un guión sin una oferta de por medio, Juliette se lo leyó y no sólo se comprometió de inmediato, sino que se enamoró del personaje. También le gustaba el hecho de que el director fuera John Boorman y el tema que trataba la película".

John Boorman explica su decisión: "Necesitaba una actriz que supiera manejar las tensiones emocionales que lleva consigo el personaje. En su forma de actuar hay verdad, en los momentos de mayor intensidad emocional a veces no sabe lo que hace, para ella es una especie de experiencia extracorpórea. Es como si estuviera de pie a mi lado, observando a Anna, pero sin saber qué haría Anna, sin poder controlarla. Es un método muy peligroso, pero también muy excitante, el polo opuesto de Sam Jackson, que es un actor consumado, muy técnico, sabe entrar y salir del personaje como si pulsara un interruptor".

"Juliette ha resultado tan hipnótica y maravillosa como yo esperaba", cuenta Hendee. "Entre Juliette y Sam se estableció una química espléndida. Cuando se elige un reparto siempre preocupa saber si entre los actores habrá química, y en este caso hay muchísima".

Brendan Gleeson era un candidato evidente para el papel de De Jager. Curtido en figuras complejas y negativas, Gleeson es conocido por su capacidad para humanizar los personajes que interpreta. Para Hendee, "Brendan ha enriquecido muchísimo el personaje de De Jager. Interpreta a una persona a la que todos los testimonios sitúan más allá de toda redención. Y sin embargo, Brendan consigue ayudarnos a penetrar en su personaje y simpatizar con él".

La calidad de las interpretaciones de los actores sudafricanos que componen el grueso del reparto fue una revelación para los autores del filme. "La hondura de los actores autóctonos me tiene asombrado", confiesa Chartoff. "Yo no sabía qué esperar, pero todos y cada uno de ellos han demostrado el máximo oficio y la máxima profesionalidad".

En su debú cinematográfico, Menzi Ngubane, joven y dinámica estrella de la televisión, interpreta al ingeniero de sonido de Anna, Dumi. "Es todo corazón, ha hecho un trabajo estupendo y ha sido una presencia muy cercana en el rodaje", afirma Hendee. "Su maravillosa voz ha sido una revelación. En una escena se canta una canción de forma espontánea, y él dominaba el coro. Nos sorprendió muchísimo que tuviera tan buena voz y, no sé si por modestia o no, él actuó como si estuviera tan sorprendido como nosotros".

En las escenas multitudinarias intervinieron alrededor de trescientos figurantes, todos y cada uno de ellos elegidos personalmente por John Boorman. Según Russell Boast, jefe de casting de figuración, "John es muy exigente en materia de autenticidad y representación. En la medida de lo posible evité las agencias, saqué a la gente de las calles. Quería que John tuviera gente normal, absolutamente representativa de nuestra sociedad".

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