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Perder es cuestión de método


Cartel de Perder es cuestión de método

Una mañana, la policía descubre un horrendo crimen. Se trata de un cuerpo empalado en las orillas de un hermoso lago cerca de Bogotá. Para resolver el caso, el periodista Víctor Silampa y su ocasional compañero, el oficinista Emir Estupiñán, deberán internarse en los vericuetos de una historia macabra, pero también humana y divertida.

Con la ayuda de Quica, una joven prostituta, y a cambio de algunos favores para el Coronel que está encargado del caso, nuestros protagonistas, con riesgo de sus vidas, logran llegar al fondo de una gigantesca trama de especulación inmobiliaria. Políticos y empresarios corruptos, prostitutas, esmeralderos, apasionados del naturismo y periodistas de todo tipo completan el mosaico de personajes, con el telón de fondo de la ciudad de Bogotá

     Título original: Perder es cuestión de método
     Año: 2005
     Duración: 105 min.
     Nacionalidad: España, Colombia
     Género: Intriga.
     Fecha de estreno: 03/06/2005
     Distribuidora: Alta Films, S.A.

 

Comentario

Hacía muchos años que tenía deseos de hacer una película sobre la que es quizás, la más grande amenaza para la democracia en Colombia: la corrupción. Y no puedo negar que mi paso por el Congreso de la República hace unos años agudizó ese viejo anhelo. Justamente fue por esos días cuando cayó en mis manos un ejemplar de Perder es cuestión de método. El título de la novela de Santiago Gamboa ya auguraba un espacio donde podrían vivir muchos de esos entrañables perdedores con corazón de triunfadores que habitan el mundo que me gusta imaginar, el de los que creen en la justicia y están dispuestos a luchar contra toda la porquería que la contamina, aun a sabiendas de que están destinados a la derrota.

En cuanto empecé a leer la novela, me di cuenta de que en ella no sólo había espacio para los románticos; ahí también estaba retratado el viscoso y repugnante mundo de los especuladores y los corruptos, y de las mafias que se organizan al abrigo de los pequeños espacios que el Estado les deja libres para enriquecerse a su antojo. Fue en ese momento cuando en la novela vi una película, una película de las que me gusta ver y de las que me gusta rodar; porque los conflictos que generan estas dos radicales y contradictorias miradas de la sociedad son la esencia de PERDER ES CUESTIÓN DE MÉTODO y de cierta manera han sido también la esencia de mi cine.

PERDER ES CUESTIÓN DE MÉTODO es una película que intenta mostrar Colombia desde un ángulo muy particular, a través de la lucha diaria entre románticos y nihilistas, una película donde el difícil ejercicio de sobrevivir en la lucha cotidiana nos enfrenta con las diferentes facetas, muchas veces inimaginables, de la vida solidaria de los desposeídos y de la guerra cruel que se libra entre los poderosos.

En PERDER ES CUESTIÓN DE MÉTODO he podido regresar al cine urbano, a Bogotá, que con sus paisajes de cemento sirve de marco a un fresco de esa ciudad que sospechamos pero no conocemos y de los sugestivos individuos que la habitan, que no pueden evitar ser simpáticos, a pesar de ser perversos. Es mi mirada de esa "colombianidad", que nos permite ser creativos en el arte o en la literatura, en los negocios o en la tecnología, pero también en el delito y en la picardía, porque como lo resumió Séneca, "La corrupción es un vicio de los hombres, no de los tiempos".

Con PERDER ES CUESTIÓN DE MÉTODO intento desde una perspectiva socrática ejercer mi derecho como ciudadano para rechazar la conformidad, la indolencia, la pasividad y el fatalismo a que nos hemos acostumbrado, he querido hacer una película donde se muestre cómo, cuando la justicia, en lugar de ser un límite al poder, se convierte en un reflejo de ese poder, ella misma se transforma en la encargada de crear los espacios propicios para que florezca la corrupción. También intento mostrar que la corrupción, a la que generalmente tomamos como una causa de nuestra pobreza económica y política, es en realidad sólo un efecto de ella. Durante años he vivido en un país acostumbrado a la idea de que la persecución del interés propio y sus mecanismos de lucro personal -violencia para medrar y manipulación constante y astuta para retener el poder-, son no sólo válidos, sino elegantes. Con esta película deseo a mi manera luchar contra ambos, contra los corruptos y contra los que se han acostumbrado a su presencia.