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Maroa


Cartel de Maroa

¿Una niña de 11 años, audaz superviviente de la jungla de asfalto, fascinada por Mozart en medio de un acto delictivo? Imposible, o al menos improbable. El alimento cotidiano de Maroa son telenovelas cursis, changas y raps que interpretan al barrio, y por las noches, el chasquido de las balas, los disparos reflejados en las encuestas que cuantifican 130 muertos, cada fin de semana, en las barriadas de Caracas. Brígida, su abuela, adivinadora, tramposa y vendedora de lotería, la maltrata y le exige rendición exacta de las cuentas, pero es su única familia. Impetuosa y decidida, la vida de Maroa no tiene futuro hasta el momento que escucha un clarinete. La conexión es mágica y profunda. Los días de Maroa giran en torno a las clases de música que imparte el músico Joaquín, tímido e incondicional, quien se interesa de inmediato por esta niña talentosa, carente de la más elemental disciplina. Joaquín, el único que siembra esperanza en su abandono, descubre que, a través de Maroa, su mundo cambia para siempre.

     Título original: Maroa
     Año: 2005
     Duración: 102 min.
     Nacionalidad: España, Venezuela
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 15/07/2005
     Calificación: Mayores de 13 años
     Distribuidora: Alta Films, S.A.

 

Comentario

¿Una niña marginal del barrio El Guarataro fascinada por Mozart? Inverosímil... Su alimento cotidiano es la telenovela Delirio de amor, la grosería incesante de la vecina que se busca la vida vendiendo crack, la alegría de la salsa y las guarachas que se escuchan en todo el barrio, las lisonjas procaces de los hombres, recostados en las esquinas, con su cerveza en la mano. Y en las noches el chasquido de los tiros, los disparos reflejados en las despersonalizadas estadísticas que cuantifican de 95 a 120 muertos, cada fin de semana, en las barriadas de Caracas.

Son niños y jóvenes provenientes de este ambiente los que habitan los reformatorios. Cuando escuché por primera vez a la orquesta de una de estas instituciones, no podía dar crédito a lo que estaba viendo. La cicatriz que atraviesa desde la oreja hasta el mentón el rostro del flautista contrasta con el orgullo chispeante de su mirada mientras domina, como virtuoso de su instrumento, la difícil pieza. La carita seria de una niña de ocho años, que intenta tapar la huella de una quemadura salvaje en la mejilla con un mechón de sus cabellos, que amenaza con enredarse en las cuerdas de su violín. La mirada agresiva y desdeñosa de la violonchelista quinceañera, cuyas manos negras empuñan el violonchelo como si fuese un arma. Todos niños de extracción humilde, que atienden con concentración a la batuta del director, mientras recorren un repertorio sencillo y festivo. Sus miradas nerviosas se cruzan con nosotros, su público, quieren reconocimiento, lo esperan y finalmente lo reciben con atronadora emoción.

Es una experiencia que deja huella, una experiencia que debe darse a conocer con las herramientas infalibles del cine, capaz de transmitir el hecho mismo, la emoción y el sueño que subyace en la historia: la desesperanza derrotada a través de la música. Era necesario seguirle la pista, descubrir cómo son los individuos que, con paciencia de monjes, se enfrentan diariamente a la imposible tarea de transformar vidas echadas a la alcantarilla en jóvenes capaces de sentir alegría de vivir.

¿Qué sucede en el interior de una niña que creció en el rudo ambiente del barrio y el abandono de la calle, cuando escucha o toca a Mozart? ¿Qué piensa? ¿Por qué le fascina esta música? ¿Cómo sucede la transformación? De esta experiencia nació MAROA.

Yorlis Domínguez es Maroa

A sólo un mes del inicio de rodaje, y después de hacer un casting de 250 niñas sin encontrar esa mezcla de inocencia, sensualidad, violencia y genio musical que debía ser MAROA, ella apareció, muy cinematográficamente, sorprendente, inesperada, caminando con sus padres por una calle cualquiera. Como Maroa, la heroína de la película, Yorlis Domínguez conoce las tentaciones y peligros de los barrios de la gran urbe latinoamericana. Como en los guiones con trucos para hacer llorar, venía del psicólogo, quien le había recomendado a sus muy humildes padres que la llevaran a un casting, porque la actuación podía ayudarla a superar sus problemas. Su primera paga como actriz costeó una nueva casa para la familia de siete personas. Tal vez por todo eso su primera vez frente a una cámara es tan auténtica. Se apodera de su personaje de manera espontánea y certera, imprimiéndole su frescura y la fuerza de su mirada a cada escena.