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Un año en la luna


Cartel de Un año en la luna

La acción comienza a finales de septiembre. Íñigo viene a Madrid para estudiar Psicología, y se queda en la casa de su hermana Esther, que comparte piso con Gabriel, un escritor de relatos porno. Ella no pasa por un buen momento y no le hace ninguna gracia la llegada de su hermano. Gabriel está encantado.

En la facultad, Iñigo conoce a Sonia, una chica misteriosa. Se siente muy atraído por ella, y ahí empiezan sus problemas.

Esther trabaja en una agencia de viajes y tiene una relación con su jefe, Javier. Sabe que en la vida de él hay otra mujer, pero Esther confía en que Javier la deje.

Gabriel conoce a Almudena, una chica de buena familia que se va a casar con el eterno opositor. Entre ellos se desata la pasión.

Todos se ven a escondidas, a veces también se citan en La Luna, un bar del centro de Madrid. Lo lleva Alberto un hombre muy ilusionado con su negocio, pero con serios apuros económicos. Alberto también esconde una historia de amor.

     Título original: Un año en la luna
     Año: 2004
     Duración: 90 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 02/09/2005
     Calificación: Mayores de 18 años
     Distribuidora: Sherlock Films S.L.

 

Comentario

Algunos ya han visto la película, y nos llegan los primeros comentarios.

"¿Lo más profundo de nosotros es la piel?", una de los diálogos más comentados. Lo dice Iñigo, uno de los protagonistas, en un momento en que toca fondo. Estudiante de psicología, lanza esta pregunta sobre algo que dijo Gilles Deleuze, "lo más profundo de nosotros es la piel". Expresa muy bien lo que queremos contar. Nuestros personajes tienen conflictos a partir de sus historias de piel. Empiezan con momentos de sexo pero, cuando buscan compromiso, aparecen los problemas y sufren.

Por qué los cortes en el montaje... Bueno, "Un año en la luna" es una película de actores, y queríamos sacar lo mejor del rodaje, el mínimo gesto, echando mano incluso de las tomas malas o momentos previos a que yo diga "acción". Este recurso marca el ritmo de la película, acelera la narración y nos permite una libertad total: vamos al grano, haciendo pequeñas elipsis, aunque a veces el corte sea brusco, y salte para los que defienden el montaje invisible. Pero creemos que así tenemos algo más expresivo, y personal.

Los colchones en el suelo… El mundo que presentamos es urbano, lugares y casas de paso, en su mayoría. Siempre me ha gustado la habitación donde encontraron a Marilyn Monroe por última vez. La cama deshecha, paredes limpias, sin cuadros, bolsas en el suelo, un teléfono, lo mínimo, un lugar donde no se tiene sensación de hogar, de calor. En la película, la casa donde viven los protagonistas, tiene algo de esto. Es amplia, con un fresco en una de sus paredes, muy burguesa, pero está ocupada por tres jóvenes y cuatro muebles. El esplendor en ruinas. Momentos en los que los personajes se dejan caer sobre los colchones, solos, pasándolo mal, sin saber qué hacer, y también momentos de placer.

Los espejos, los cristales, las imágenes reflejadas… Nos ayuda a contar, y componer, a partir de los rostros de los actores Ya se sabe, el cuadro dentro del cuadro, y una manera de centrar la mirada del espectador, todavía más. En nuestro caso, esos planos no estaban planificados, salían en el rodaje, como si la propia película nos dijese "por aquí, así quiero que me conteís". Además, prefiero ver a los personajes entre espejos, puertas, ventanas y, sobre todo, paredes blancas, antes que en un mundo pop de sofás, lámparas, plantas, posters, y papeles pintados.

No parece que esté rodada en video… Sí, lo está, en betacam digital. Si hubiésemos apostado por el dogma, igual se hubiese notado más, pero la estética dogma no es la que más me llega, y hacer un buen dogma, coherente, no es tan fácil como algunos piensan. Eso de cámara al hombro y todo vale, a nosotros no nos valía. Decidimos iluminar, acariciar al actor, lo que enseñamos, con una luz nítida. Los actores tienen que estar intensos, con chispa, creíbles, eso siempre, pero también queríamos que estuviesen guapos. La historia lo pide, y siempre me han gustado las películas que te dan ganas de pasarle la lengua a la pantalla. Luego, pusimos mucho cuidado con el kinescopado a 35 mm.