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Mondovino


Cartel de Mondovino

Desde la selva brasileña hasta las callejuelas de Brooklyn, desde los Pirineos hasta los aristocráticos palacios florentinos, ricos y pobres, nativos y emigrantes siempre compartieron un mismo sueño: el de convertir, como por arte de magia, la uva en vino.

« Mondovino » se rueda en distintos países en los que nos relata los pleitos de sucesión que dividen a las familias, desde la de los magnates Mondavis de Napa (California), hasta las tres generaciones de los Montille en Borgoña, que libran una cruel batalla (tanto dentro como fuera) por defender las pocas hectáreas de tierra de sus ancestros. La película sigue el recorrido de un conocido enólogo bordelés que va predicando la buena nueva de la modernidad por el mundo, pasando por los grandes de Italia, hasta Napa y Argentina. El vino, símbolo de la civilización occidental desde hace tantos milenios, se convierte en casus belli por motivos de dinero o de gloria.

     Título original: Mondovino
     Año: 2005
     Duración: 135 min.
     Nacionalidad: Francia, EE.UU.
     Género: Documental.
     Fecha de estreno: 24/02/2006

 

Comentario

-Además de ser cineasta, Vd. también está inmerso en el mundo de los vinos. ¿Podría explicarnos sus comienzos?

Para mí, el vino siempre ha estado ligado al placer y a la amistad. Empecé a interesarme por el vino a la edad de quince años cuando trabajaba como camarero en algunos restaurantes de París. Posteriormente, obtuve un diploma de sumiller en Nueva York, donde tuve la oportunidad de elaborar bastantes cartas de vinos para restaurantes. Mi padre, Bernard Nossiter, era corresponsal en el extranjero para periódicos americanos, y por esa razón crecí en diversos países como Francia, Italia, Grecia, India y Estados Unidos. De esta manera, desde muy joven tuve la ocasión de ver como mi padre le tomaba el pulso al país hablando con todo el mundo. En el curso de mis encuentros con viticultores de todo el mundo durante estos 20 últimos años, he podido constatar que este pequeño mundo del vino podría ser en sí mismo la representación "del resto del mundo". Existe una razón muy simple para ello: el vino, con toda su infinita complejidad de expresiones, es lo más semejante a la imagen del ser humano sobre la faz de la Tierra. Forma parte de las tradiciones judeocristianas y grecorromanas; las mantiene, o más bien, las prolonga, vivas, vitales y actuales. El vino es, pues, un depositario único de la civilización occidental. Intentar captar el estado del mundo del vino, supone forzosamente buscar nuestra relación con la vida y la muerte, y buscar la conexión con un pasado orientado hacia el futuro.

-¿Resulta crucial para los viticultores la calidad humana y la calidad cultural?

Un viticultor es a la vez un agricultor, un comerciante y un artista. Su vínculo con la tierra es de gran humildad (pues están sometidos a los caprichos de la naturaleza) y, al mismo tiempo, el vino que produce con su esfuerzo sobre esa misma tierra está directamente relacionado con las grandes ambiciones de la cultura en la que él vive. Y como los artistas, él intenta hacer soñar, aportar placer y provocar intercambios entre las personas. La obra por la que el viticultor entrega su alma es, a diferencia de las obras de arte, intrínsecamente efímera y producto de la inmediatez. Así pues, evita necesariamente la trampa aludida por Orson Welles, "la única cosa más vulgar que trabajar por dinero es trabajar para la posteridad." Un viticultor es, en consecuencia, una de las personas mejor situadas para revelar las tendencias y las fuerzas subyacentes de una cultura en un momento dado.

- ¿Es, pues, bajo el prisma del vino desde donde Vd. observa la evolución de las diferentes culturas?

Por ejemplo, no es una casualidad que el vino conociera una expansión prodigiosa en los Estados Unidos durante los años 70. Se descubrió un vino californiano a veces áspero, un poco difícil de tragar, pero siempre provocativo, radical y lleno de energía. Los viticultores también poseían ese mismo impulso para descubrir, el mismo deseo de experimentación que encontrábamos en las películas de Cassavetes, Scorsese o Coppola de aquella época. Con los años 80 y la llegada de una cultura "reaganiana", el vino de California empezó a cambiar. Vimos aparecer vinos más civilizados, más mediatizados, elaborados gracias al dinero, pero sin alma. El vino se convirtió en un "big business". Y en ese mismo momento, en Hollywood, se comenzaron a ver películas más complacientes, más comerciales. Los pequeños viticultores californianos de los años 70 que se parecían a los borgoñeses fueron comprados de nuevo por grandes empresas. Coca-Cola adquirió Sterling Vineyards en los años 80. Después, en los 90, Coca-Cola revendió la "winery" a Diageo, una compañía aún más internacional, justo cuando la idea del país de origen de una gran sociedad se volvía absurda. Podemos pues observar a través del vino las mutaciones de la cultura americana y la

evolución de su lugar en el mundo.

¿Es eso lo que refleja más claramente MONDOVINO, una suerte de "estado del lugar" en diferentes países?.

Al principio, yo tenía una idea diferente en mente. Los orígenes y el núcleo de la película son mucho más personales. Empecé a trabajar con un buen amigo, el cineasta uruguayo Juan Pittaluga e hicimos una especie de casting de viticultores de diferentes regiones. Cuando Juan y yo empezamos a hablar con los viticultores borgoñeses, a ambos nos sorprendió la intensidad de las relaciones paterno-filiales y la expresión de esa intensidad en el amor y el conflicto que inducía a la producción de alguna cosa tangible. Obviamente, eso nos hizo pensar en nuestros propios padres, ambos habían fallecido jóvenes y habían dejado tras de sí fuertes expresiones de su amor y de su compromiso con el mundo. Esta noción de transmisión entre generaciones, de lo que pasamos a nuestros hijos y de lo

que no sobrevive…de lo que se ha perdido…o de lo que rechazamos conscientemente, es para mí el Grial de esta aventura filmada en 3 continentes. Hemos tenido la ocasión de contactar con gente que se denomina conservadora y que, al final, se revelan como radicales extremos en su modo de resistir a las tendencias, o a un " pensamiento único ", como dice Hubert de Montille, brillante viticultor de Volnay. La mayoría de estas entrevistas nos hicieron replantear nuestros conceptos previos. Fue muy excitante "sentir en peligro algunas de nuestras certezas" en un mundo, con todo, consagrado al placer.

- ¿Por qué escogió Borgoña como punto de partida?

He citado anteriormente los Estados Unidos, pero lo que sucedió en Borgoña durante los años 70 me parece muy interesante respecto a la influencia que tuvo en la política y la economía del país. Los viticultores borgoñeses querían industrializarse y entrar a formar parte del mundo moderno, y se encontraron sometidos a la presión de los entusiastas de los abonos químicos. Estas gentes, como salidos directamente de la aldea gala de Asterix, se tuvieron que enfrentar de repente a las peores argucias del mundo moderno, pero el cariño que sentían por su tierra, por su cultura, era tan grande que al principio debieron ceder a dichas argucias para enseguida pasar a una resistencia activa, encarnizada. Insisto en esta idea porque no se trata ahora de adoptar una posición reaccionaria. En Borgoña existe la mayor complejidad en materia de gustos vinícolas y extrañamente también la mayor radicalidad frente a las trampas que depara el mundo actual. Estas gentes pelean por proteger una idea simple, explicada con enorme fuerza por un viticultor sardo que se une a la causa, Battista Colombu, "defender la dignidad y la belleza del individuo es quizá lo más importante que se puede hacer en un mundo que irónicamente intenta alimentar constantemente nuestra individualidad".

- Vd. ha llamado a las puertas de un club muy exclusivo. ¿Cómo le han acogido en el mundo del vino?

Extraordinariamente bien, ¡incluso por aquellos que no comparten mis ideas! En los círculos vinícolas, la gente tiene un instinto gregario y un espíritu sociable. Incluso a los que producen vino por las razones menos idealistas también les cuesta resistirse a esa especie de seducción natural que emana de la botella, ¡a esa magia que se opera por la transformación del jugo de uva en una poción de felicidad! Y si bien es cierto que una especie de "omertá" pesa sobre ciertos abusos, el mundo del vino sigue siendo bastante inocente en Occidente.

-Su postura ha sido más propia de un aficionado al vino que de un investigador, ¿no es cierto?

Yo diría que fui más bien "un descubridor". Me lancé a este proyecto con ganas de compartir el placer de mis descubrimientos. Siempre me he querido mantener a distancia del esnobismo de los iniciados que consiste en utilizar una jerga ampulosa y absurda para hablar de vinos. Cada vez que me confeccionaba una carta de vinos y formaba un equipo de sala para un restaurante, insistía en que todos los camareros hablaran de vino utilizando sus propias palabras, con sinceridad. No se debe engañar sobre el contenido de una botella en la misma medida que un cómico no lo hace respecto a sus sentimientos. Una postura falsa sería inmediatamente percibida por los expertos en vino, o por los espectadores, incluso por los menos experimentados. Para la película, quise limitarme en lo posible al punto de vista de un observador que, aunque no le interese en absoluto el vino, sí se sienta receptivo ante cualquier cosa que le permita enriquecer su vida diaria…y que se preocupe por el futuro de esos pequeños placeres que, al fin y al cabo, son tan esenciales para nuestra supervivencia.

- ¿Es cierto que existen dos mundos opuestos, por un lado los viticultores que predican los valores de una tradición, de una cultura, de una tierra, y por otro los adalides de la globalización del vino, que producen caldos aparentemente sin defectos, pero que parecen ser la perfecta imagen de lo que se da en llamar el gusto internacional?

No, yo no veo las cosas así. Intento evitar cualquier tipo de maniqueísmo separando entre buenos y malos, y he optado por hacer una película que dé una visión a la vez intensamente comprometida, pero también extremamente tolerante, una visión que espero haber heredado de mi padre periodista. La situación en el mundo del vino es mil veces más compleja que una simple oposición binaria. La resistencia, desde una óptica general, es un acto ético respecto al mundo, y no un acto ideológico. Los resistentes que aparecen en la película pertenecen a todas las clases sociales, a todos los status económicos y a todas las ideologías. Mantienen una lucha encarnizada contra sus opuestos, violenta en ocasiones, y al mismo tiempo el amor está presente en los dos ámbitos. El mundo evoluciona y el film intenta mostrar la complejidad de esa evolución. Un médico, un funcionario o un tendero se enfrentan a las mismas luchas diarias que las que se dan en el mundo del vino. Las verdaderas decisiones no son nunca fáciles.

-Su película nos permite descubrir a Michel Rolland, famoso enólogo y consultor de grandes personalidades del mundo del vino en doce países. ¿Quién es verdaderamente este personaje?

Michel Rolland vendría a ser el Spielberg de los vinos, como le llama Jean-Luc Thunevin, colaborador de Rolland, y cotizado viticultor de Parker. Rolland aspira el aire de su tiempo de manera instintiva, se halla tan profundamente inmerso en su época que, "provoca alegría", como proclama su adversario y admirador, Aimé Guibert. Comprende las tendencias, las aspiraciones, los flujos y deduce las posibles concreciones, lo que se traduce en la confección de productos que se anticipan a los deseos de los consumidores, incluso en ocasiones llega a la provocación. Este hombre es inabarcable, su fama es internacional y no tiene parangón. Cuando ya estaba acabando mi película, en lo más recóndito de Argentina, podía esperarme que alguien mencionara su nombre, pero nunca que me dijeran, "Michel Rolland ha cambiado por completo el vino argentino, y gracias a él, ya no se parece en nada a lo que era antes". Michel Rolland es el equivalente de un consultor en el mundo de los negocios o en la vida política, capaz de proporcionar fórmulas que desemboquen en un producto que sea recibido favorablemente en el mercado mundial donde reina una gran competencia.

-¿Cuál es el motivo de que los vinos californianos se hayan implantado tan sólidamente?

En los siglos XV y XVI, las grandes familias, en realidad, nuevos ricos, como los Medicis y los Strozzi, subvencionaban a poetas y pintores para asentar su poder en la sociedad. Hoy en día, el arte ha dejado su sitio al vino. Ahora tiene más prestigio en la sociedad internacional poner un nombre en una etiqueta de una botella de vino que un retrato firmado por cualquier pintor, fotógrafo… o cineasta. Desde finales de los 80, el vino californiano, además de encabezar el mercado internacional en cuanto a volumen de negocios y presencia de botellas en todo el mundo, también ha jugado un papel preponderante en lo que atañe a las tendencias. Su gusto, llamado "internacional ", ejerce influencia en la mayoría de producciones del mundo, incluyendo, y cada vez más, países como Francia e Italia.

- En Italia, las grandes familias vinícolas como los Frescobaldi y los Antinori son eternos rivales. En Francia, la resistencia de los de Montille provoca duelos verbales con floretes.¿No existe un aspecto novelesco en el film?

Durante el rodaje, comprendí que estaba en el interior de una novela de Dickens o de Balzac. Entonces intenté adaptar mi puesta en escena a tal estado de cosas. Tenía que vérmelas con una insensata amalgama de seres salidos de todas las culturas y todos los niveles sociales, ya fueran económicos o ideológicos, una especie de barómetro viviente de todos los grados de pretensión, o de humildad, que el mundo post-industrial puede ofrecer. Entonces, me volví a encontrar en una de esas situaciones en que tienes la impresión de trabajar con grandes actores.

¿Cree Vd. que el tipo de mundo que se describe en el film es exclusivo del mundo del vino?

Fue un placer para mí poder ofrecer al espectador ese júbilo de lo novelesco, esa posibilidad de poder sentir, de vivir, de llegar a creer lo inverosímil y lo increíble. Ese mundo, tan pequeño, no tiene obviamente el poder para decidir sobre cuestiones de vida o muerte para la gente. No obstante, por medio de todos los personajes que intervienen en el film, hemos tenido la oportunidad de comprender, precisamente de manera humana e íntima, lo que es una multinacional, las personas que la dirigen, su papel, los diferentes tinglados internacionales, sus relaciones de fuerza, sus posturas… Sin necesidad de mostrar sociedades ocultas o virtuales, he tenido acceso a las personas

que se hallan en el centro de los poderes vinícolas, justamente porque es un mundo lejos de los poderes reales. Y ese privilegio como director de cine es el que he intentado transmitir al espectador.

- En su película descubrimos un universo fascinante y despiadado. Un universo donde todos los sueños están permitidos. ¡Los hermanos Mondavi quieren imponer una dinastía en la que se imaginan plantando viñas en Marte!

Es extraño. Como en una novela, sus ambiciones se vuelven contra ellos. Como si el mundo del vino sintetizara el Balzac de "Las Ilusiones Perdidas", el folletín "Dallas" y la telenovela mexicana "Pueblo Chico, Infierno Grande" En enero de 2004, la directora de Mondavi exigió a Robert, Tim y Michael, el padre y los dos hermanos Mondavi, que dimitieran de sus cargos de gestores. Eso fue la consecuencia de su decisión de convertirse en una gran empresa multinacional, que cotizara en Bolsa, y de aprovechar las leyes darwinistas del mercado. Así fue como quedaron reducidos a los papeles de simples figurantes dentro de la empresa que el padre había luchado tanto para construir.

-"La forma de producir un vino revela como se es", afirma Alix de Montille.

Totalmente de acuerdo. Y podría decir que lo que un espectador pensará de cada personaje del film es lo mismo que pensará de su vino.

- ¿También la forma de hacer películas revela la personalidad de un director?

Sí, probablemente. Desgraciadamente, hacemos películas que se nos parecen. He abordado este tema tal y como lo hice en mis películas precedentes, sin hacer distinción entre "ficción" y "documental". En mis películas de ficción siempre he buscado que el actor, tomado en su contexto (con decorados, etc.) inicie una relación vital con la realidad que le rodea. En "Mondovino" se produce la situación inversa, pero en esa misma línea también he buscado la posibilidad de poner en escena personajes reales y de inducirlos a que fueran ellos mismos con tanta intensidad como fuera posible. En definitiva, eso vincula su trabajo al de un actor. He tardado un año y medio en rodar esta película y lo he hecho en un estado de total felicidad. Gracias a mi experiencia fílmica, creo haber conservado un respeto por el oficio, dejándome llevar por la deliciosa espontaneidad que esta nueva tecnología numérica, ligera y avanzada, me permitía. Gracias al trabajo innovador y brillante de Tommaso Vergallo, de Digimage, la textura de 35 mm me recuerda los films de los años 70, periodo en color que siempre he preferido por su calidad de película. La elección de rodar con dos amigo, el cineasta uruguayo Juan Pittaluga y la fotógrafa antillano-brasileña Stéphanie Pommez, también nos ha ofrecido la posibilidad sobre el terreno de establecer un intercambio con los participantes menos codificado, menos estricto, más íntimo y lúdico que si hubiéramos rodado con un equipo técnico tradicional… Esta complicidad y libertad han creado una energía humana casi en el interior de la cámara…aparato que parecía a menudo una prolongación de mi cuerpo, de mi oído, del placer de mis descubrimientos…Con frecuencia yo mismo he hecho el encuadre de mis películas pero nunca con tamaña intimidad y alegría pura… aunque a veces se tenga la impresión de que el cámara ha bebido demasiado. ¡Conservemos nuestra lucidez, pero que viva la embriaguez!

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