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Un franco, catorce pesetas


Cartel de Un franco, catorce pesetas

España, 1960. Dos amigos, Martín y Marcos, deciden marcharse a Suiza en busca de trabajo. Dejan a sus familias en España y emprenden un viaje hacia una nueva vida en la Europa del progreso y las libertades. Allí descubrirán una mentalidad muy diferente a la que deberán adaptarse, trabajando como mecánicos en una fábrica y viviendo en un pequeño pueblo industrial. Con la llegada de Pilar, la mujer de Martín, con su hijo Pablo, y de Mª Carmen, la novia de Marcos, se les termina la vida de hombres solteros que llevaban en un país con tanta libertad. El trabajo sigue siendo el día a día de Martín y Pilar, mientras el pequeño Pablo comienza a ir al colegio y a integrarse. Con la muerte del padre de Martín, se plantean que lo que habían ido a buscar ya lo han conseguido y es hora de regresar. Para su sorpresa, será más difícil la vuelta que la ida.

     Título original: Un franco, catorce pesetas
     Año: 2005
     Duración: 107 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Drama. Comedia
     Fecha de estreno: 05/05/2006
     Calificación: Todos los públicos
     Distribuidora: Alta Films, S.A.

 
Nominaciones:
Goya. Mejor dirección novel 2007

Comentario

El niño de la película soy yo

Mi padre dice que los mejores años de su vida fueron los que pasó en Suiza, de 1960 a 1966. Vivir allí nos abrió los ojos y fue muy difícil encajar la vuelta. Eran años difíciles: mi padre y su amigo eran dos oficiales de primera en la mejor fábrica del momento en España y no podían pagar su propio piso. Por eso vivíamos con mis abuelos en el sótano que les correspondía por ser porteros en una finca del barrio de Argüelles.

Tiempo después de haberse marchado mi padre y su amigo a Suiza, un día mi madre me cogió, me llevó al tren, pasamos muchas horas de pie en el vagón, y… ¡llegamos a un jardín! Salí de un sótano y me llevaron a un lugar maravilloso con un río, bosques, donde podía ir con la bicicleta en verano o jugar con el trineo en invierno. He rodado en la casa donde me crié, y a día de hoy, al abrir las ventanas, el paisaje sigue siendo el mismo que veía cuando era niño. Allí, desde el primer momento, aprendimos que "lo que es de todos es más mío que lo mío", y no lo he olvidado nunca.

Cuando volví a Madrid, ya con doce y trece años tenía discusiones con los otros chavales porque decían que los niños nacían… ¡por el ombligo! Yo alucinaba porque a mí me habían dado educación sexual en el colegio. Aquello era un mundo impensable para los españoles, con lagos nudistas, bailes donde sacaban a bailar las chicas, que eran las que, además, llevaban la iniciativa sexual. Las suizas se sentían muy halagadas con los piropos. Incluso vi debates en televisión sobre por qué las mujeres suizas se casaban con italianos y españoles, que qué estaba pasando.

Cuando me anunciaron que nos veníamos, para mí fue algo normal, no me impresionó. Tenía la idea de que en España estaba mi familia, mis abuelos, mis tíos. Lo traumático fue cuando ya estaba aquí. Desde que cumplí los dieciocho, he ido todos los años a Suiza. Y a mis mejores amigos siempre les he llevado a conocer donde viví. Suiza tiene ahora 7 millones de habitantes y 2 millones de inmigrantes. Allí siguen viviendo 90.000 españoles.

Les reproché mucho a mis padres haber vuelto. Pero cuando escribí el guión de esta película, me decía que de haberme quedado en Suiza igual hubiese sido mecánico fresador en vez de actor. En cualquier caso, ésta es una historia contada desde la perspectiva y la comprensión que da el tiempo, y desde la ternura y humanidad que da el haberla vivido.