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Quinceañera


Cartel de Quinceañera

Magdalena es la hija de un mexicano afincado en Estados Unidos que dirige una iglesia en una zona comercial en Echo Park, Los Ángeles. Se acerca su decimoquinto cumpleaños y solo piensa en su novio, su vestido para la Quinceañera y la limusina Hummer que su padre alquilará para ese día tan especial.

Sin embargo, unos meses antes de la celebración, Magdalena se queda embarazada. Los preparativos de la fiesta siguen adelante y solo es cuestión de tiempo que su padre, un hombre muy religioso, se entere y la eche de casa. Magdalena no tiene más remedio que mudarse a casa de su tío abuelo Tomás, un anciano que se gana la vida vendiendo champurrado (una bebida mexicana) en la calle. Tomás ya ha acogido a Carlos, el primo de Magdalena, un cholo al que sus padres también han echado por sus tendencias homosexuales. Carlos deja muy claro que la presencia de Magdalena le molesta.

La pequeña casa que Tomás alquila desde hace muchos años está situada en el jardín de un edificio recientemente adquirido por una pareja gay, dos pioneros que vaticinan el cambio que sufrirá el barrio. Es inevitable que los dos mundos colisionen, el de los inquilinos y el de los propietarios. Poco a poco, Magdalena, Carlos y Tomás se sienten más unidos, pero el cambio económico del barrio va en su contra y dará pie a una crisis casi irremediable.

     Título original: Quinceañera
     Año: 2006
     Duración: 90 min.
     Nacionalidad: EE.UU.
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 15/12/2006
     Calificación: Mayores de 13 años
     Distribuidora: Golem Distribucion, S.L.

 

Comentario

QUINCEAÑERA es una reivindicación de los dramas "kitchen sink" (dramas de cocina) basada en las tensiones raciales, de clase y sexuales de un barrio latino obrero en plena transición. Los dramas "kitchen sink" nacieron en Gran Bretaña a finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Eran películas adultas muy realistas, con comentarios políticos y humor sardónico. Siempre transcurrían en el norte de Inglaterra, bastión de la clase trabajadora industrial. Una nueva generación de directores, Lindsay Anderson, John Schlesinger, Tony Richardson (es interesante recordar que la mayoría eran gays), ofrecieron al mundo películas duras como El ingenuo salvaje, Esa clase de amor y la que más ha influido en nuestro largometraje, Sabor a miel.

Esas películas eran la síntesis de una especie de realismo poético que queríamos imitar en QUINCEAÑERA. Deseábamos hacer una película que celebrara la vida diaria, que tratara de las cosas pequeñas que crecen gradualmente; una película con políticas oblicuas, humor inesperado, emociones que se hicieran más poderosas mediante la moderación; una película que fuera más allá de lo habitual. A partir de estas premisas intentamos recrear el estilo de los dramas "kitchen sink".

¿Y cómo se convirtió el norte de Inglaterra en Echo Park, Los Ángeles? En 2004, nuestros vecinos nos pidieron que fuéramos los fotógrafos oficiales de la Quinceañera de su hija. Nos hablaron de ello en enero aunque la celebración no tendría lugar hasta junio. Esta antelación nos dejó entrever los elaborados preparativos necesarios para una Quinceañera. Domingo tras domingo, unas doce amigas de la chica aparecían para practicar el vals en el patio trasero y, poco a poco, nos fuimos dando cuenta de la importancia que tenía el acontecimiento no solo para la chica, sino para toda su familia.

Llegó el gran día. La ceremonia tuvo lugar en una iglesia muy popular en un centro comercial en Sunset Boulevard. Todas las chicas iban vestidas de rosa, la iglesia estaba decorada en rosa, había flores rosas por todas partes. Nuestra joven vecina, transformada en una belleza luminosa, el pelo recogido con una tiara y vestida de seda, avanzó lentamente por el pasillo central al son de la marcha de Aida. Los chicos, todos vestidos de esmoquin, observaban la escena con desapego masculino. El día era de las mujeres. Celebraban abiertamente la juventud en flor, la pureza, la virginidad.

Aunque se celebró en una iglesia evangelista, la celebración tenía un carácter muy católico, con imágenes evocando a la Virgen María. De hecho, la Quinceañera es algo mucho más antiguo que la llegada del catolicismo a México ya que remonta a la civilización azteca donde los quince años se consideraban el paso de niña a mujer. La tradición perdura en pleno siglo XXI en Echo Park, Los Ángeles.

Unos cuanto tequilas más tarde, en un restaurante del barrio especializado en recepciones, la formalidad desapareció y los adolescentes dieron rienda suelta a su habitual energía. El reggaetón sustituyó a los valses de Strauss y la pista de baile se llenó de jóvenes bailando "freak" sin cortarse lo más mínimo. A los pocos minutos, cuatro generaciones se habían vuelto locas: tíos, primos, abuelas, ex miembros de bandas ahora regordetes bailando con niños, tías algo ebrias ligando con jóvenes machos. Y se nos ocurrió que podía ser una película.

Comenzamos el año 2005 con el objetivo de hacer una película acerca del barrio. El Echo Park de "Mi vida loca", de Alison Anders, ha cambiado mucho en doce años. La avanzadilla del aburguesamiento, gays y artistas, han empezado a llegar. Los precios en alza crean un conflicto con la comunidad que ocupa el barrio y empieza a emerger una distribución racial codificada a pesar de que los agentes inmobiliarios rehúsan reconocerla al lanzar una nueva zona.

Ya teníamos un contexto para QUINCEAÑERA. El viejo ritual transcurriría en un barrio en alza, y además tenía un antecedente, Sabor a miel. A partir de ese momento, la película se desarrolló muy deprisa. Tardamos tres semanas en escribir el guión y conseguimos financiar el reducido presupuesto, un auténtico milagro. La idea era trabajar deprisa, barato y rodarlo todo en un radio de 1,5 km de nuestra casa. Y fue posible gracias al increíble apoyo que nos prestó la comunidad latinoamericana. Nos dejaron sus casas, volvieron una y otra vez para trabajar de figurantes, nos dejaron vestidos de Quinceañera, cocinaron para nosotros, se esforzaron en todo, además de decirnos cuándo dábamos en el blanco. Pero lo más importante es que nos avisaban si nos equivocábamos. Los actores también fueron maravillosos. Después de pasar días oyendo a chicas de 18 años procedentes de Beverly Hills darnos una versión tipo culebrón de Magdalena, fue un placer descubrir a Emily Ríos. Su juventud, su fortaleza, su estilo tan del este de Los Ángeles y, sobre todo, su innegable talento era lo que buscábamos. Lo mismo nos pasó con Jesse García. Nos maravilló la electricidad y heroísmo sobrio que aportó al papel de Carlos. Luego, cuando Chalo González, un veterano que ha trabajado en películas de Sam Peckinpah como Grupo salvaje y Quiero la cabeza de Alfredo García, nos mandó su tarjeta SAG (sindicato de actores) para trabajar en la película, supimos que habíamos dado con un filón.

Y al cabo de nueve meses, QUINCEAÑERA se convirtió en realidad. Es una película de la que estamos muy orgullosos, un drama "kitchen sink" al estilo reggaetón.

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