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Klimt


Cartel de Klimt

La obra de Gustav Klimt es una arrebatadora combinación de sensualidad, expresividad y pasión y, como su propia vida, está dedicada por entero a las mujeres. Fue un artista muy adelantado a su tiempo que obtuvo el reconocimiento en París pero el desprecio en Viena, su ciudad natal, donde se le tachó de escandaloso. Klimt vivió la vida igual que la pintó. Tuvo romances con sus modelos y musas, relaciones de las que nacieron 30 hijos aproximadamente.

En sus cuadros y dibujos, Klimt creó una imagen completamente nueva de la mujer y un nuevo ideal de belleza aún vigente hoy día. La eterna búsqueda de perfección, erotismo y amor del artista se refleja en sus obras y se expresa en esta historia a través de su apasionada relación con la bailarina y actriz francesa Lea de Castro.

La historia arranca en el pabellón austríaco de la Exposición Internacional de París de 1900, donde Klimt es galardonado con una medalla de oro por su obra. Allí conoce al mago del cine Méliès, que le presenta a Lea de Castro. La bailarina encarna a la musa de sus sueños así como a su ideal erótico y sus deseos carnales. También conoce al misterioso "Secretario de Estado", que a lo largo de la película hostiga la inestable cordura del artista. El director Raúl Ruiz muestra el enfrentamiento de Klimt con las autoridades austríacas y con la alta sociedad vienesa, surgido a raíz de las alegorías "escandalosas" del pintor y que desemboca en un dramático incidente en el que Klimt roba del edificio de la Secesión de Viena sus cuadros incautados por el Estado, que finalmente se ve obligado a comprar para evitar el encarcelamiento. Ruiz se sirve de hechos, conversaciones y citas del círculo de amigos de Klimt y otros personajes contemporáneos a él para dotar de autenticidad a la acción con la aparición esporádica de figuras como Schiele, Altenberg, Bahr y Wedekind, que labraron el tejido cultural que envolvía las cafeterías de la Viena del cambio de siglo.

La trama de la película se centra en la pasión de Klimt por Lea de Castro, su lucha por la libertad artística y su eterna pero platónica relación con Emilie Flöge. La amistad íntima que le unió al artista Egon Schiele compone la voz narrativa de la película. La interpretación que Raúl Ruiz hace de la vida de Klimt es una extraordinaria plasmación visual y musical de los hechos históricos. El director indaga en la eterna búsqueda de perfección, erotismo y amor de Klimt; en su incansable exploración de una nueva forma expresiva; en su rechazo del clima social y artístico de la época; en la agitación que vivió Viena con la llegada del siglo XX; y en el declive del Imperio de los Habsburgo.

La creación de Raúl Ruiz es un virtuoso homenaje a un artista y a su vida, con la Belle Époque como sugerente telón de fondo histórico.

     Título original: Klimt
     Año: 2006
     Duración: 97 min.
     Nacionalidad: Austria, Francia, Alemania
     Género: Drama. Biografía
     Fecha de estreno: 26/01/2007
     Calificación: Mayores de 18 años
     Distribuidora: Eurocine Films

 

Comentario

No es tarea fácil plasmar estos pensamientos sobre el papel. Sin embargo, y para mi sorpresa, al escribir estas líneas empecé a sentirme como un médium del espíritu de Karl Kraus ya que, en el transcurso de una siesta, me encontré pidiéndole consejo. Así pues, no es a mí (pues poseo un temperamento más bien comedido) a quien hay que culpar de todo exceso que aparezca en el presente texto.

Esta película no es una biografía lineal de la vida y la época de Gustav Klimt. Es más bien una fantasía o, si lo prefieren, una fantasmagoría, como si fuera uno más de sus cuadros, donde se funden figuras materiales e imaginarias que revolotean en torno a un punto central: el pintor Klimt. Mi intención es servirme de las características estilísticas únicas de la obra de Klimt, la preponderancia de la belleza, el exceso de color, la distorsión espacial y los ángulos complejos, para dotar de vida e iluminar una de las épocas más ricas, contradictorias y extravagantes de la historia moderna.

Esta película se narrará a la manera de Arthur Schnitzler, tal vez no sólo el más vienés de los escritores, sino también uno de los autores de la época más aclamados en todo el mundo. Su escritura, a la que se atribuye la génesis de la estructura narrativa circular, mezcla la realidad con el ensueño, la cordura con la locura. Escandalizó y desconcertó al público de principios del siglo XX, y algunos lectores actuales podrían tener hoy día la misma reacción… pero por algún motivo resulta perfectamente natural. Al fin y al cabo, incluso el vals vienés era chocante en aquel entonces. Y esta película, en muchos sentidos, es un vals. Da vueltas y más vueltas, se acelera, marea y llena de júbilo. De hecho, en todo momento sonaba en mi cabeza La Valse de Ravel, que se acelera de forma desbordante hasta su clímax para después detenerse de forma abrupta e inesperada.

De modo más general, pretendo sugerir que nada es del todo seguro o inmutable. Que no hay certeza en lo que uno ve (lo que se materializa de forma conmovedora el deterioro de la salud mental de Klimt provocado por la sífilis): los escenarios sufren cambios imperceptibles por el movimiento de objetos y paredes, la fuente de luz se traslada, los movimientos del actor siguen una coreografía y la acción se fragmenta. Describir todos estos procesos técnicos llevaría demasiado tiempo, pero añadiré solamente que en mi película basada en la obra de Proust El tiempo recobrado empleé más de sesenta efectos estilísticos y que en ésta creo que podría llegar a alcanzar el doble.

Pasemos ahora a la trama: vemos por primera vez al pintor Klimt en el momento de su muerte recordando un episodio oculto de su vida: su apasionado romance con la mundana bailarina Lea de Castro. En el transcurso de una estancia en París, el pintor conoce a una actriz que afirma ser la falsa Lea pero que promete conducirle hasta la auténtica Lea, a quien él había visto ya en una película de Méliès. A partir de este primer encuentro, diversos episodios se suceden en torno al tema central de la relación con Lea, que en realidad podrían ser dos o tres mujeres distintas. Se trata de una aventura sentimental caracterizada por citas frustradas y un deseo ardiente. Todo ello situado en un telón de fondo que en ocasiones acapara el centro de la atención: el agonizante Imperio de los Habsburgo y la efervescente Viena de fin de siglo, con su repertorio de mentes brillantes, intrigas y tensión sexual.

La película se ambienta en una época de enorme agitación, marcada por el nacimiento de la individualidad artística y personal. No obstante, Klimt no pudo encabezar esta nueva ola sin rechazar todas las restricciones sociales y domésticas, cosa que hizo con sus aventuras románticas y a veces con lo contrario: la normalidad de la vida familiar. Lo trágico, sin embargo, es que las aventuras se convierten en rutina y la vida familiar engendra locura.

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis nunca andan demasiado lejos: debido a la ascensión de Serbia, Viena se ve amenazada por la guerra, la hambruna se extiende y la sífilis y la tuberculosis asolan Europa. ¿Y qué hay del otro jinete, la Muerte? No, la muerte se halla implícita en los otros tres; el cuarto es la pasión y el gozo, que revolotea sobre las figuras de la película. Es un vals: bailas y bailas y bailas dando vueltas y más vueltas y todavía más vueltas.

Espero oír críticas a este guión similares a las que atrajo el arte de Klimt: que supeditaba el detalle al conjunto, el ornamento a la expresión global. Pero esta tendencia es una característica que define la época que retrata la película, un momento en el que la Humanidad se perdió en los detalles (que siempre son lo más importante). Esta película estará repleta de la belleza, el gozo y la decadencia de la época pero también estará templada por la premonición de muerte. Confío en que reflejará el fin de una era.

Sí, en esta película, la muerte es motivo de alegría: para terminar con una cita de Karl Kraus, "sólo lo muerte no miente".

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