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Voces en la noche


Cartel de Voces en la noche

Gabriel Noone, locutor de un programa nacional de radio, se encuentra en su estudio leyendo su relato, Voces en la noche. Cuando empieza el relato, vemos de espaldas a una mujer en una cochambrosa habitación de hotel, escuchando a Gabriel en una pequeña radio despertador.

Gabriel está atravesando una crisis personal y profesional. Su pareja desde hace ocho años, un hombre mucho más joven que él y seropositivo, Jess, acaba de mudarse "temporalmente" y Gabriel sufre un bloqueo creativo. Debe cinco relatos a la emisora y no ve una salida a corto plazo. Su amigo y editor Ashe le pasa entonces unas memorias escritas por Pete Logand, de catorce años, que describen los constantes maltratos y abusos sexuales que sufrió en su infancia a manos de sus padres y los amigos de éstos. Gabriel está inmerso en su lectura cuando Pete le llama a su casa de la zona alta de Manhattan y le deja un mensaje tan breve como perturbador.

Ashe cuenta a Gabriel que Pete halló consuelo en el programa radiofónico de Gabriel mientras sus padres sádicos le mantenían encerrado en el sótano. Gabriel accede a ponerse en contacto con Pete y así es como inicia una amistad telefónica con el joven. La madre adoptiva de Pete, Donna, que para apartarle de sus padres desequilibrados le ha trasladado al campo, en Wisconsin, informa a Gabriel de que el muchacho está muy enfermo de sida y que probablemente le queda poco tiempo de vida. En las semanas que siguen, Gabriel establece un íntimo vínculo paternal con Pete por medio de frecuentes conversaciones telefónicas.

Entretanto, la relación de Gabriel con Jess sigue empeorando, y Gabriel se siente rechazado y desconcertado ante la situación. En una fiesta repleta de amigos de Jess, todos ellos jóvenes y modernos, éste explica que necesita espacio y tiempo para él, para disfrutar la vida por su cuenta y conocerse a sí mismo aprovechando que su salud ha mejorado. Al hacerse patente que la relación ha llegado a su fin, las conversaciones telefónicas de Gabriel con Pete se convierten en su única vía de escape.

Un día, Pete llama mientras Jess está ayudando a Gabriel a arreglar los fusibles. Gabriel conecta la opción de manos libres para que Pete y Donna puedan hablar con Jess. Cuando termina la llamada, Jess le comenta que parece que Pete y Donna sean la misma persona. Gabriel se lo toma como una afrenta personal, convencido de que Jess pretende estropear la única cosa en su vida que le hacer sentir bien. Gabriel espera disipar las dudas de Jess cuando Donna invita a Gabriel a pasar las Navidades con ella y Pete.

     Título original: The night listener
     Año: 2006
     Duración: 82 min.
     Nacionalidad: EE.UU.
     Género: Drama. Intriga
     Fecha de estreno: 23/02/2007
     Calificación: Mayores de 13 años
     Distribuidora: Eurocine Films

 

Comentario

El oyente nocturno es una novela, una obra de ficción, pero está inspirada en algo que ocurrió de verdad a Armistead Maupin y a su pareja, Terry Anderson, en 1992. Maupin, el prestigioso autor de la popular serie Historias de San Francisco, recibió un manuscrito de un muchacho de 14 años que había sido víctima de abusos en su infancia y había sido rescatado por una asistente social que le animó a escribir como medio terapéutico de superar la pesadilla que había vivido.

"Eran unas memorias increíbles. Era como leer el Diario de Ana Frank", recuerda Maupin, que quedó tan impresionado por el relato de supervivencia del joven que preguntó a su editor si podía hablar con él para decirle lo mucho que le había gustado su obra. Así empezó una amistad telefónica de una punta a otra del país con el muchacho, que vivía con su madre adoptiva en Union City, Nueva Jersey, a casi 5000 kilómetros de San Francisco.

"Llegué a sentir mucho afecto por ellos. Trabamos una fabulosa amistad. Aunque yo era un hombre gay que se acercaba a la cincuentena y él se identificaba como heterosexual, teníamos muchas cosas de las que hablar. En cierto modo acabé siendo algo parecido a un padre adoptivo", afirma Maupin. Terry Anderson recuerda por su parte que el muchacho les llamaba tres o cuatro veces por semana.

Al cabo de seis meses de amistad telefónica continuada, un día Terry cogió el teléfono y habló con la madre por primera vez, ya que hasta entonces sólo había hablado con el joven. Maupin recuerda que, "después de una conversación de unos veinte minutos, Terry colgó y me dijo: "me parece increíble que no te hayas dado cuenta"". Terry descubrió un chocante parecido entre las dos voces.

Al principio, Maupin no quería creer que alguien hiciera algo así. "En parte yo tenía que creer que él existía, porque dudar de la palabra de un chico maltratado me parecía lo peor del mundo. Para ellos es muy difícil dar la cara y hablar de su experiencia, y esto podía acabar con él. Bastaba un dos por ciento de posibilidades de que existiera para que yo prefiriera no correr riesgos. Tenía que mantener aquella amistad.

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