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La vida de los otros


Cartel de La vida de los otros

El capitán Gerd Wiesler es un oficial extremadamente competente de la Stasi, la todopoderosa policía secreta del régimen comunista de la antigua República Democrática Alemana. Pero, cuando en 1984 le encomiendan que espíe a la pareja formada por el prestigioso escritor Georg Dreyman y la popular actriz Christa-Maria Sieland, no sabe hasta qué punto esa misión va a influir en su propia vida.

     Título original: Das leben der anderen
     Año: 2006
     Duración: 144 min.
     Nacionalidad: Alemania
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 16/02/2007
     Calificación: Mayores de 7 años
     Distribuidora: Alta Films, S.A.

 

Comentario

A lo largo de los años, ha habido dos cosas que me han llevado a hacer esta película. Una de ellas fue el conjunto de los recuerdos que tenía de mis visitas infantiles a Berlín Este y a la RDA [República Democrática Alemana, antigua Alemania Oriental]. Yo era un niño de ocho, nueve o diez años, y encontraba interesante y excitante sentir el miedo de los adultos. Y ellos tenían miedo: mis padres, cuando pasaban la frontera (los dos habían nacido en el Este y quizá por esa razón los controlaban de forma más estricta) y nuestros amigos de Alemania Oriental cuando otras personas los veían hablando con nosotros, que veníamos de Occidente. Los niños tienen unas antenas increíbles para captar las emociones. Pienso que sin esas experiencias me habría sido difícil encontrar la manera de abordar adecuadamente este tema. Además, había una imagen que no se me iba de la cabeza desde que se me ocurrió en 1997, durante un taller de creatividad en la HFF (la Escuela Superior de Cine y Televisión Konrad Wolf en Potsdam-Babelsberg): el plano medio de un hombre con auriculares, sentado en una habitación sombría, oyendo, aunque no querría, una música de una belleza exquisita. La imagen de este hombre estuvo persiguiéndome en sueños y fue transformándose a lo largo de los años en el personaje del capitán Gerd Wiesler Gabriel Yared siempre dice que un artista creativo sólo es un receptor.

Si eso es cierto, debe de haber una especie de gran locutor emitiendo señales sin cesar.

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