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La vida en rosa: Edith Piaf


Cartel de La vida en rosa: Edith Piaf

De los barrios bajos de París al éxito de Nueva York, la vida de Edith Piaf fue una lucha por cantar y sobrevivir, vivir y amar. Creció en medio de la pobreza, pero su voz mágica y sus apasionados romances y amistades con los grandes nombres de la época (Yves Montand, Jean Cocteau, Charles Aznavour, Marlene Dietrich, Marcel Cerdan, entre otros) hicieron de ella una estrella mundial.

     Título original: La Môme
     Año: 2007
     Duración: 140 min.
     Nacionalidad: Francia, República Checa, Reino Unido
     Género: Biografía. Drama
     Fecha de estreno: 20/04/2007
     Calificación: Mayores de 13 años
     Distribuidora: Alta Films, S.A.

 
Premios:
Oscar. Mejor actriz 2008

Comentario

El guión

Tenía ganas de hablar de cómo funciona un artista en su interior, hacer una película sobre el impulso vital de un artista. Estaba en una librería, hojeando un libro sobre Edith Piaf y de pronto se me ocurrió la idea. Inmediatamente, le envié un texto a Alain Goldman, y a los cinco minutos me dio su visto bueno y compartió mi entusiasmo. La verdad es que la velocidad con la que me apoyó me hizo preguntarme por un momento en qué me había metido...

Para mí, Edith Piaf es el ejemplo perfecto de alguien que no pone ninguna barrera entre la vida y el arte. La fusión entre su propia vida y su trabajo es la base misma de un verdadero artista. Como todos los franceses, conocía alguna de sus canciones y sabía algo de su vida, pero no mucho más, así que me pareció que ella representaba el pretexto ideal para que yo pudiera hablar de lo que me interesaba.

La inspiración inicial surgió al ver una fotografía suya por la calle con su amiga Momone. Poca gente tenía una imagen de ella tan joven, porque predominan las fotografías de las décadas de 1950 y 1960, cuando ya se había convertido en un frágil icono vestido de negro. Esa foto me mostró la imagen de una persona completamente distinta, de alguien que no era Edith Piaf y que me intrigaba. Me imaginé una especie de puente entre la imagen que casi todo el mundo tiene de ella y esta foto en la que aparecía como un diamante en bruto.

Leí todo lo que se había escrito sobre ella, estuviera o no editado, tanto de la época en que estaba viva como ahora. Al mismo tiempo, empecé a escribir el guión, combinando los aspectos que me parecían más importantes en lo que estaba leyendo y lo que yo quería expresar y que iba más allá de la misma Piaf. Creo que tengo una idea clara de lo que experimenta una artista, ya sea Edith Piaf o cualquier otra: temores, angustias, deseos... No quería hacer una película biográfica, pero quería que todo lo que apareciera en la película fuera real. Tan sólo en algunos momentos, sobre todo si se referían a su infancia, de la que hablaba muy poco, he tratado de deducir lo que pudo haber pasado recurriendo a los pocos elementos de los que disponemos.

En el curso de mis lecturas, he acumulado mucha información y, sobre todo, he podido confirmar mis intuiciones. Edith Piaf es innegablemente el arquetipo del artista. En general, cuando el artista empieza a autodestruirse, su arte retrocede: en este sentido Piaf representa una excepción, porque, mientras su cuerpo se iba consumiendo, su arte se iba elevando, haciéndose más puro. Esto sucede muy de cuando en cuando. Incluso en su declive, en su voz y en su voluntad estaba todo lo que la impulsaba a cantar, a interpretar como no lo había hecho antes. Nunca se rindió. No creo en el artista atormentado. Como todos, Edith Piaf obviamente tuvo momentos felices, incluso cuando menos podría esperarse. No creo que ser desgraciados sea un requisito imprescindible para ser grandes artistas, o artistas sin más. Por el contrario, hay que hacer todo lo posible para no ser desgraciados.

En muchas biografías, la infancia del personaje aparece poco, y, sin embargo, precisamente la infancia determina buena parte de nuestra vida. A menudo, la clave de todo está precisamente en nuestra infancia.

Prácticamente cada escena rodada, incluso los diálogos, se corresponden con la primera versión del guión, porque hice una reelaboración de su estructura pero no de su contenido. La primera escena está exactamente como la pensé al comienzo. En sus escritos, en sus declaraciones, Piaf se expresaba con mucha corrección: en los diálogos, he utilizado sus propias palabras. Iba directamente a lo esencial, sin verbosidad.

He leído su correspondencia, incluso las cartas no publicadas, y me impresionó la calidad de su prosa, su honestidad y su agudeza de juicio.

A pesar de la inmensa fama de Edith Piaf, el tema de la película tuvo para mí un carácter muy íntimo y personal porque puse en ella exactamente lo que quería decir. Nunca me sentí intimidado por su importancia. Yo quería hacer un retrato. Narrar su vida no me interesaba en sí. Los hechos que he filmado ayudan a configurar el retrato. Siempre he tratado de ser sincero, respetuoso, acercándome a ella pero sin idealizarla: ella nunca lo hizo, ni consigo misma ni con su arte; nunca se juzgó con complacencia.

Mientras trabajaba en la escritura del guión, no quise ver a ninguna persona que la hubiera conocido directamente. Un día, Ginou Richer, que había sido su mejor amiga durante veinte años, se puso en contacto conmigo. Le envié el guión, pensando que sería un verdadero examen. Me llamó por teléfono para decirme que no me había equivocado acerca del personaje. Yo veía todo el proceso como una especie de excavación en la que intentaba reunir una serie de piezas sin saber si el resultado llegaría a corresponderse con el original. De todas formas, mi abordaje no ha sido el de un arqueólogo, sino ?espero? el de un artista con el propósito de no falsear a los personajes o los acontecimientos. Quería decir, a mi manera, cosas verdaderas y exactas acerca del personaje de Piaf, sin traicionarla o sin tener que elegir entre dos abordajes. Todo lo que yo quería manifestar libremente, a través de ella o con ella, tenía que inscribirse en su vida real.

Reparto

Empecé a pensar en el reparto de la película confiando en mi intuición. Hay muchos personajes, y para cada uno de ellos mi elección fue más allá de cualquier consideración profesional, fue una cuestión más bien visceral. Además que por su talento como actores, todos ellos me producen emoción.

Aunque no la conocía personalmente, para interpretar a Edith Piaf pensé inmediatamente en Marion Cotillard. La había visto en algunas películas en las que mostraba su talento dramático, tan importante para el papel y que pocas actrices posen. Edith Piaf es un icono: todo el mundo reconoce su rostro, su voz, su silueta. Para que el público aceptara lo que yo quería decir, tenía que existir un parecido entre la actriz y la Piaf. Marion es más guapa, pero guarda una clara semejanza con las fotos de la cantante cuando era joven. Así que le envié el guión y luego nos vimos. No teníamos mucho tiempo, así que no hicimos pruebas propiamente dichas, sólo dedicamos medio día al maquillaje. Pero lo que sí le pedí a Marion es que hiciera el mismo trabajo de investigación que yo había hecho, que leyera libros y que viera sus películas. Me parece que ella, al igual que yo, ha hecho esta película de forma intuitiva, la mejor forma de hacerla.

Como teníamos un calendario muy ajustado, tuvimos que ir perfeccionando el maquillaje durante el rodaje. Didier Lavergne ha hecho un trabajo increíble. Decía que tanto maquillaje sería imposible para los primeros planos, pero seguí insistiendo hasta que obtuvo el resultado adecuado, fue una lucha conjunta. Yo le había dicho a Marion Cotillard que, por más maquillaje que llevara puesto, quería verla a ella. No quería imitaciones, ni que ella desapareciera bajo el maquillaje: quería que se las pudiera ver a las dos, tanto a ella como a Edith Piaf.

Es la primera vez que he establecido una relación tan fuerte con una actriz. Los dos hemos compartido la misma percepción acerca del personaje de Piaf. Nos inspirábamos mutuamente para nuestro trabajo. En algunas tomas se oye la verdadera voz de Marion, pero casi todo el tiempo hemos utilizado el play-back y hacer el play-back de Edith Piaf es muy complejo. No se trata sólo de poner un disco y cantar. Marion trabajó mucho para ajustar los tiempos exactos de la respiración y del ritmo. Ha logrado encarnar a la cantante capturando su alma: hace que reviva.

No se trataba de volver a oír todos sus éxitos, y menos aún de hacer una larga relación de sus célebres amigos y de sus amantes. Me concentré en todos aquellos que la habían ayudado a construir su propio personaje, y por ello vemos a su representante y a su ayudante, pero no a Montand, Aznavour y otra gente famosa de su época. Sólo me interesaba la Piaf íntima, la mujer y no su imagen pública. Marlene Dietrich es la única excepción a la regla. También escribí una escena en la que conoció a Chaplin y él le dijo que con las canciones ella había conquistado lo mismo que él había conquistado con sus películas. La verdad es que Marion interpreta muchas escenas como si fuera una actriz del cine mudo. Edith Piaf creó un personaje, al igual que lo hizo Chaplin. Creó su propia leyenda y llegó a inventarse algunos aspectos, sobre todo con los periodistas, que se los creyeron a pies juntillas.

Clotilde Courau interpreta a Anetta, la madre de Edith, que abandonó a su hija para dedicarse a la canción. Es un papel pequeño pero decisivo. Es un personaje muy difícil. La madre de la Piaf pedía dinero a menudo a su hija, y Edith, a pesar de su amargura, siempre la ayudaba. Es la única de la familia que no está enterrada con ella.

Jean-Paul Rouve interpreta a Louis Gassion, el padre de Edith, un artista circense itinerante. Hace mucho tiempo que conozco a Jean-Paul y me apetecía trabajar con él. Me gusta la sensibilidad que aporta físicamente a su personaje.

En cuanto a Sylvie Testud, que interpreta a Momone, la amiga de Edith en los inicios de su carrera, yo no la conocía y para mí ha sido una revelación. La había visto en otras películas, pero dan una falsa impresión de ella. Es muy divertida. Como actriz, es genial, pero también muy sencilla y sin pretensiones. Me gusta la forma en que ve las cosas.

Gérard Depardieu interpreta a Louis Leplée, que dio a la Piaf su primera gran ocasión profesional. Yo no lo conocía personalmente: fue una sugerencia de Alain Goldman. Nos entendimos muy bien desde el primer momento. Gérard es como la Piaf: no separa la vida del arte, mezcla los dos.

Con Pascal Greggory, que interpreta al representante de Edith Piaf, Louis Barrier, yo ya había trabajado antes. Él me llamó y reescribí su papel por completo. El suyo fue el único papel que modifiqué, siguiendo los consejos de Ginou Richer. Ella me desveló uno de sus secretos: Louis había estado locamente enamorado de Edith Piaf, y al principio llegaron incluso a salir juntos. Esto no aparece en ninguna biografía, pero era muy importante y afectaba a todo el personaje y Pascal tuvo razón en insistir en que había que modificarlo.

En cuanto al personaje de Marcel Cerdan, el campeón del mundo de boxeo, fue el único para el que hice unas pruebas. Necesitaba un actor que tuviera cierto parecido con él y que supiera algo de boxeo. Conocía a Jean-Pierre Martins desde hacía tiempo, pero no pensé en él para este papel. Él estuvo tocando en un grupo llamado Les Silmarils y hace doce años rodé un vídeo para ellos. Después de un par de pruebas, entró perfectamente en el papel.

Emmanuelle Seigner interpreta a Titine, la prostituta que se encariña mucho con Edith de pequeña. Me había reunido con Emmanuelle para hablar de un proyecto que al final no se concretó, así que tenía ganas de trabajar con ella. Es verdad que la Piaf se crió en una casa de citas, pero yo escribí el personaje de Titine basándome en que a las prostitutas, con su lado maternal, les habría gustado que una niña viviera con ellas.

El rodaje

No fue fácil conseguir la financiación para la película. Alain tuvo que esforzarse mucho para reunir los fondos, así que el tiempo de preparación fue extremadamente reducido, unos tres o cuatro meses. Más que nunca, tuve que confiar en mi instinto. No hubo lecturas o repeticiones, que tampoco es que me gusten. Tanto en el plató, como cuando escribo, lo que busco es la primera versión, es decir, la espontaneidad. Teníamos un programa de trabajo tan frenético, que a veces veía el decorado por primera vez el mismo día de filmación. El departamento de escenografía trabajaba día y noche sin interrupción. A veces, cuando rodábamos, la pintura aún no estaba seca.

El rodaje se desarrolló durante cuatro meses y medio, a comienzos de 2006, la mayor parte en Praga, y algunas semanas en París y Los Ángeles. Las escenas ambientadas en Nueva York se rodaron en interiores. Obviamente, tuvimos que construir muchos decorados de época, a veces para una sola escena o un solo plano. Hubo decorados muy variados y de distintas dimensiones. En la película hay carretas y también limusinas, porque la vida de Edith Piaf se desarrolla entre un siglo XIX rural y un siglo XX urbano. No sólo quería reconstruir una época, sino que el público se viera inmerso en ella. La narración tenía que ser impresionista, no lineal. Quería entrelazar varios períodos, trasladándome de unos a otros por asociación de ideas o de imágenes, como cuando los recuerdos acuden por un instante a nosotros. Olivier Raoux ha hecho un trabajo monumental con los decorados. Además, la delicadeza y los claroscuros de Tetsuo Nagata me han aportado una sorprendente precisión visual. Era la primera vez que trabajaba con él y me ha fascinado su maestría en el tratamiento de la luz.

Estuve mucho tiempo decidiendo cómo afrontar uno de los momentos más importantes en la existencia de Edith Piaf, en el que le dicen que Marcel Cerdan, el amor de su vida, había muerto en un accidente de aviación mientras volaba para reunirse con ella. Concebí la escena como un plano secuencia que en cierto sentido resume su vida: feliz por la mañana, destrozada por la noche, pero siempre en el escenario. Esa escena se rodó en un decorado expresamente concebido y fue repetida y coreografiada.

En cuanto a la música, confié la selección de las canciones a mi instinto, a mis sentidos. Naturalmente, algunas fueron elegidas casi automáticamente. También me apetecía oír cantar a la Piaf en inglés, para que no fuera sólo un símbolo francés. Como artista, no pertenecía a nadie en particular sino a todos los que la escuchaban. El ideal de todos los artistas es alcanzar la universalidad.

La realización de esta película ha durado tres años, tres años ricos en acontecimientos. Muchas personas se han esforzado en hacer una película que no sólo obtuviera buenas críticas o que fuera un éxito de taquilla, sino para hacer juntos una obra digna de la persona cuya historia se cuenta y digna también de nuestras expectativas. Todavía recuerdo las veladas que pasé con los amigos del equipo en mi apartamento de Praga, pero apenas tengo recuerdos de episodios del plató.

Ésta es sin duda alguna la película que siento más cercana a mí. En mi opinión, la historia siempre es sólo un pretexto, un medio para comunicar las sensaciones que no puedo explicar únicamente con imágenes y sonido. Procedo de una escuela de arte, no de una escuela de cine. Trato de tener el enfoque de un pintor, no en el sentido visual sino como creatividad. A lo largo de los años he intentado mantener ese enfoque con sencillez y mejorarlo profundizando lo más posible dentro de mí. La verdad es que, aun contando y respetando la historia de la Piaf, es una película muy autobiográfica. Si tuviera que contar mi vida en una película, no sería mucho más sincero. Todo indica que Edith Piaf tenía una fe, mientras que yo, personalmente, todavía estoy buscándola. Me falta esa voz interior que debería servirme de guía. A menos, que, naturalmente, sea la intuición...

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