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La última nota


Cartel de La última nota

Mélanie, una niña de diez años, muestra un gran talento con el piano y toma clases particulares para preparar su ingreso en el conservatorio. Pero cuando llega el examen no logra pasarlo, porque pierde la concentración ante la falta de atención de la presidenta del jurado, una célebre pianista. Profundamente decepcionada, Mélanie abandona sus clases de piano.

Diez años más tarde, mientras hace unas prácticas en el bufete del señor Fouchécourt, el marido de la mujer que, indudablemente, ha cambiado su vida, Mélanie, que se destaca por su precisión y su abnegación en el trabajo, va a la casa de los Fouchécourt para ocuparse de su hijo durante unos días de vacaciones. El reencuentro con la señora Fouchécourt discurre maravillosamente, porque Mélanie muestra muy pronto su formación musical y se convierte en su pasapáginas.

     Título original: La tourneuse de pages
     Año: 2006
     Duración: 85 min.
     Nacionalidad: Francia
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 22/06/2007
     Distribuidora: Alta Films, S.A.

 

Comentario

El hilo conductor de LA ÚLTIMA NOTA es la historia de una venganza, pero detrás se oculta un plano más ambiguo, en el que la fascinación y la atracción se confunden con la manipulación. Esta película habla de venganza social y de su equivalente psicológico, pero, teniendo en cuenta que la interpretación de la música es, por encima de todo, una actividad física, me parecía que esa venganza tenía que ser muy física y que tenía que ir provocando miedo y tensión a medida que avanzara la narración.

Indudablemente, con el fin de mantener una distancia respecto a mi experiencia como músico y a mi visión de la creación musical, me planteé que la película se aventurara en el territorio del cine de género y del thriller.

Lo que yo no había previsto es que los mecanismos del suspense fueran tan similares a los de la composición musical. En efecto, en una composición musical se pueden encontrar los conceptos de tensión y estado de reposo, las cadencias (regularidad en la combinación de las duraciones de los sonidos), variaciones en los tempos, las pausas, los clímax, etcétera.

En mi opinión, no hace falta mostrar de forma muy estética la interpretación musical, cuando se trata de artistas de alto nivel: en sus rostros, en sus manos, en sus miradas es donde hay que leer las emociones. El papel de la pasapáginas es el de un ser invisible, que entra en escena después de los solistas, que se queda sentada durante los saludos y que parece que no tiene la menor importancia en el éxito de la interpretación. Sin embargo, pasar las páginas demasiado pronto o demasiado tarde puede ocasionar un desastre. Además, este peligro potencial es más fascinante aún si tenemos en cuenta que el público no sospecha nada.

La apuesta de LA ÚLTIMA NOTA se apoyaba en la elección de las dos intérpretes, porque ellas eran las que tenían que expresar toda la ambigüedad que yo había soñado para la película: la relación constante entre fuerza y debilidad, entre Ariane, célebre concertista de piano, que se ha convertido en víctima del miedo a fallar, y Mélanie, una joven que vio rotos sus sueños de niña y que ahora se ve impulsada por una determinación implacable. Antes de empezar a rodar, me había imaginado que iba filmar con un sistema de plano y contraplano, que habría alimentado la tensión necesaria para toda la película, pero, al final, fue la propia película la que decidió otra cosa diferente, porque, desde las primeras escenas, me di cuenta de que había que capturar casi todos los encuentros entre Catherine Frot y Déborah François en un solo fotograma, como si se tratara de una jaula en la que dos fieras estuvieran manteniendo una lucha muy especial.

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