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Tideland


Cartel de Tideland

Jeliza-Rose es una niña que se encuentra en una situación muy poco corriente: sus padres son drogadictos. Cuando su madre muere, se embarca en un extraño viaje con su padre, Noah, un roquero desfasado.

La película salta de la realidad a la fantasía, pues Jeliza-Rose escapa de la inmensa soledad de su nueva casa y entra en un mundo de fantasía que existe en su imaginación. En este mundo, las luciérnagas tienen nombres, los hombres de barro despiertan al anochecer y las ardillas hablan. Sus confidentes son las cabezas de cuatro muñecas, separadas de sus cuerpos hace mucho tiempo, hasta que conoce a Dickens, un joven disminuido psíquico con la mente de un niño de diez años. Vestido con un traje de natación, se pasa el día escondido en una destartalada cabaña que hace las veces de submarino mientras espera el momento de cazar al monstruoso tiburón que vive en la vía del tren. También está la hermana mayor de éste, Dell, una esbelta figura espectral vestida de negro que se oculta tras una malla de apicultor.

     Título original: Tideland
     Año: 2005
     Duración: 122 min.
     Nacionalidad: Reino Unido, Canadá
     Género: Drama. Fantástico
     Fecha de estreno: 08/06/2007
     Distribuidora: Notro Films

 

Comentario

En 2001, Terry Gilliam encontró la novela Tideland de Mitch Cullin en su despacho, entre un montón de libros sin leer. Desde la primera página se sintió atraído por el argumento y el material, que le pareció "gracioso, conmovedor y perturbador al mismo tiempo. Encontré a cuatro o cinco personajes increíbles que son el corazón de la película y cuyas situaciones se vuelven cada vez más extrañas. Lo que más me gustó fue que era un mundo infantil, un mundo que tenía ganas de explorar a través del cine".

Gilliam llamó a su amigo y guionista Tony Grisoni, con quien había colaborado en Miedo y asco en Las Vegas. Como recuerda Gilliam, "en aquel momento buscábamos algo que fuera algo más comedido y un poco más modesto que Quixote, no una película descontrolada de enorme presupuesto". Ambos habían trabajado recientemente en The Man Who Killed Don Quixote.

En palabras de Grisoni, "el libro trataba a todos los personajes con autenticidad. Era una novela maravillosa, una parábola oscura. También se veía muy, muy claro cómo podía convertirse en un guión".

Gilliam sabía a qué productor tenía que mostrar el libro. Ese productor era Jeremy Thomas, quien llevaba mucho tiempo deseando colaborar con Gilliam. Como afirma Thomas, "he querido hacer una película con él desde que le conocí, hace 20 años, así que la cosa viene de antiguo. Leí el libro y en él encontré un relato extraordinario que parecía haber sido escrito para Terry, porque estaba lleno de cosas que sabía que le fascinarían y que me parecieron muy intrigantes. Entonces supe que la historia de una niña en un mundo de fantasía se convertiría en manos de Terry en una película extraordinaria".

Con Thomas a bordo, el viaje empezó. Gilliam escribió por correo electrónico a Cullin interesándose por los derechos de producción. Por aquel entonces, al escritor nunca se le había pasado por la cabeza que se adaptara su novela al cine. "Ni en un millón de años se me habría ocurrido que Gilliam querría hacer una película con ella, o que podría interesarle en ese sentido." Fue entonces cuando Thomas adquirió los derechos.

Según afirma Grisoni, "no había forma de adaptar la novela sin comunicarse con Mitch Cullin, porque es un libro muy auténtico". Cuando se puso en contacto con el autor, le preguntó si al escribir el libro utilizó algún sistema que le ayudara a entrar en el estado mental adecuado, y entonces recibió fotografías de la granja donde Cullin vivió y algunas imágenes de hombres de barro que tenía en su estudio, junto con una selección de lo que él denomina "música de Tideland".

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