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Barcelona (un mapa)


Cartel de Barcelona (un mapa)

Seis personajes - arquetipos contemporáneos de la soledad urbana - se encuentran en un viejo piso del Ensanche barcelonés. Un matrimonio anciano, el hermano de ella y tres realquilados: una mujer rubia, que da clases de francés, un joven vigilante de seguridad, ex futbolista, y una muchacha sudamericana, embarazada.

El anciano, antiguo portero de la ópera a quien le gusta travestirse, les reúne a todos para pedirles que se marchen, ya que va a morir y quiere estar solo en el tramo final de su vida.

En el anodino piso barcelonés, el incesto, la homosexualidad y el adulterio se entrecruzan en la vida de los personajes... mientras asistimos al paso del tiempo en la ciudad mediterránea.

     Título original: Barcelona (un mapa)
     Año: 2007
     Duración: 90 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 19/10/2007
     Distribuidora: Filmax Group - Telegroup

 
Nominaciones:
Goya. Mejor guión adaptado 2008

Comentario

Llevo leyendo y siguiendo en el teatro, siempre que me es posible, la prolífica obra de Lluïsa Cunillé desde que la dio a conocer hace más de quince años el Teatro Fronterizo con su primer texto representado, que creo fue Rodeo, en la temporada 92-93 en el Mercat de les Flors de Barcelona. Siempre me pareció una autora interesantísima, inquietante, muchas veces hermética, pero muy cercana y con un mundo poético interior de los más fascinantes de los autores contemporáneos europeos.

Hace tres años estrenó - deslumbrando la Sala Becket, para mí la cuna, el santa sanctorum, el máximo referente creacional de la nueva dramaturgia catalana: ¡bravo, bravo por el trabajo de Sanchís Sinisterra y de Toni Casares! - un gran texto, Barcelona, mapa d'ombres, que, medio escondido en una programación de miradas sobre nuestra ciudad, me dejó conmovido, emocionado, con ganas de no levantarme de la butaca, dispuesto a asistir de nuevo al rito de su representación. Un mundo poderoso, una historia llena de recovecos, unos personajes tremendamente construidos. Luego el texto, gracias al buen olfato de Josep Maria Pou, saltó al CDN en Madrid y… los grandes textos siempre tendrán largo recorrido.

Seis personajes - arquetipos contemporáneos de la soledad urbana - se encuentran en un viejo piso del Ensanche barcelonés. Un matrimonio anciano, el hermano de ella, y tres realquilados: una solitaria mujer rubia, que da clases de francés y sólo sale de noche; un joven vigilante de seguridad, ex futbolista a quien su mujer ha abandonado; y una muchacha sudamericana, embarazada. El anciano, antiguo portero del Liceu, la ópera de la ciudad, a quien le gusta travestirse, visita a las dos mujeres para pedirles que se marchen, ya que va a morir y quiere estar solo en el tramo final de su vida. Lo mismo hace su esposa con el vigilante a la vez que recibe la visita de su hermano, médico y homosexual, a quien no se atreve a pedir un falso certificado de defunción. Al final de la trama descubriremos las intenciones del matrimonio en un tour-de-force, absolutamente emotivo y genial, casi rozando el grand guignol, en medio de la poética más delicada. Así es ese microcosmos, paradigma de una sociedad antaño vencedora pero ahora en descomposición, donde el incesto, la homosexualidad y el adulterio se entrecruzan en la vida de los personajes... mientras asistimos al paso del tiempo en la ciudad mediterránea.

Estoy muy de acuerdo con Marcos Ordóñez cuando escribe: No falta ni sobra nada en este texto. Todo es importante, nada es "simbólico" o "significativo". No hay costumbrismo. No hay opacidad. Porque su tono es inusual. No es una autora difícil, como se ha dicho. Es una autora clara: lo que sucede es que hay demasiado ruido, demasiado tintineo a su alrededor. Y es una autora mayor, que quedará, cuando caigan las etiquetas y la pereza receptiva.

Ese mundo terminal de una sociedad que se acaba, que miente y se descompone, me permite mirar nuevamente a unos personajes que se me aparecen parientes de otros desesperados perdedores solitarios que he tenido la oportunidad de presentar en trabajos previos. Supongo que una de las cosas que más me atrajo para llevar el texto de la Cunillé al cine fue precisamente la gran riqueza dramática de los protagonistas, y del difícil momento que viven, y la ternura que me provocan. Sentía como si fueran viejos conocidos míos, como si salieran de Carícies o de La Rossa del bar o de Amor Idiota… Siempre he sentido un gran cariño por la gente sola, desesperanzada, a la que no le queda fuerza para luchar por un mundo mejor, ya que no lo ven posible en sus vidas.

Todo ello me llevó a plantearme la película como una apertura de los actos del texto, máxime cuando se basaba en una pieza tan cerrada de contenido y de acción. Pero en lugar de hacer una fácil apertura de "exteriores", he buscado la apertura en el propio interior de los personajes. Tramé un guión que, al margen de unas pequeñas secuencias presentativas de los personajes, que precedieran cada uno de los cinco actos, estuviera lleno de flashes que tuvieran más que ver con el subconsciente, con el estado anímico que viven esas criaturas desvalidas, que con su realidad cotidiana. Una vez terminado el montaje, cuando el guión ya no es blanco sobre negro sino que finalmente se ha convertido en tu propia visualización de la historia, el resultado me recuerda un poco el concepto narrativo de mi primera película, Ocaña, retrat intermitent, rodada precisamente hace treinta años, donde también buscaba la verdad del personaje en base a unas intermitencias, a modo de provocaciones de la memoria que completan/configuran el retrato del personaje. En la puesta en escena de Barcelona (un mapa) he intentado separar los dos mundos contrapuestos, el real rodado de una manera limpia y serena y el más onírico, el de los flashes, que visualizo para explicar ese más allá de los límites aparentes de cada uno de los habitantes del piso del Ensanche.

Para terminar, algo con lo que debiera haber empezado. Sin la complicidad de los grandísimos actores que han aceptado crear estos personajes, esta película no se hubiera podido realizar. Mi más sincero agradecimiento a todos ellos, en particular al duo protagonista, Núria Espert y Josep Maria Pou, que son los que aguantan el armazón de toda la estructura narrativa. Con los dos sólo había trabajado una vez, con Núria en Actrius y con Pou en Amic/Amat y hemos tenido la suerte de encontrar nuevamente unos personajes que nos han permitido reunirnos y gozar de y con el trabajo. Tanto los ensayos como, sobretodo, el rodaje, serán unos días difíciles de olvidar, por ese goce especial, intenso, que percibes cuando intuyes que asistes a la creación de algo único que podrás compartir luego con el espectador. Ojalá la suerte que tuvimos en esas dos películas vuelva a aparecer en esta ocasión. A su lado, mi estimadísima y vieja cómplice, Rosa Maria Sardà, y los magníficos Jordi Bosch, María Botto y Pablo Derqui.

Los directores siempre damos la cara por los proyectos, pero la verdad es que el cine es un arte colectivo donde las responsabilidades, canalizadas por el director, son varias. Ha sido un placer repetir con mi equipo: Mario Montero en la fotografía, Carles Cases en la música, Pere Abadal como montador, Bel·lo Torras en la dirección artística, Maite Fontanet que ha organizando una producción mía por primera vez... A todos ellos mil gracias por su amistad y dedicación. Nos conocemos de muchas batallas que siempre hemos planteado buscando la máxima coherencia.

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