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Memorias de una guerrillera


Una mujer de unos setenta años camina descalza por la fina arena de una playa de Valencia. Tras de si deja una estela de huellas que bien podrían ser los pasos seguidos desde que era una adolescente en un pueblecito de Cuenca y ayudaba a la guerrilla antifascista que se había retirado a los montes para seguir la lucha contra Franco. “Me llamo Remedios Montero, pero en el monte me llamaban “Celia”.

Remedios vuelve tras sus pasos y recuerda cuando es tan solo una adolescente y toda la familia es punto de apoyo para los hombres del monte. Recuerda su trágica huida tras ser delatada por un buen amigo de su padre. Sus memorias comienzan a fluir y los amargos recuerdos borrados por el tiempo vuelven a aparecer, como el día en que sus dos hermanos fueron asesinados por la Guardia Civil o la soledad y el frío de las largas caminatas nocturnas. Pero especialmente recuerda la historia de amor con Florián, aquel líder guerrillero del que se enamoró casi sin palabras y sin contacto. La lucha no permitía los sentimientos, sin embargo, cuanto mayor era la contención más grande era el deseo por aquel enigmático líder que de vez en cuando les visitaba. Sin duda el amor estaba siendo sacrificado por los ideales.

A principios de los años 50 Remedios es detenida y llevada a la cárcel modelo de Valencia. Allí es torturada, pero por su boca no sale ningún nombre. Durante los ocho años que pasa en prisión piensa en los compañeros de guerrilla, especialmente en Florián, del cual dicen que ha muerto en una emboscada con los guardias.

Cuando recupera la libertad, Reme huye a Francia y consigue establecerse en París. Allí comienza a trabajar para el Partido deseando no convertirse en una exiliada más. La envían a algunas misiones. Una de ellas le lleva a Praga donde tiene que reunirse con un camarada para comenzar a trabajar en la delegación que el Partido tiene en esa ciudad. La espera se hace larga en un gris apartamento de Praga hasta que la puerta se abre y una voz familiar le saluda en perfecto castellano.

Es Florián, su viejo compañero de monte y su amor perpetuo. No estaba muerto como decían. Los dos juntos se casan y son felices, con esa felicidad que en los exiliados siempre es a medias. Allí regresan al calor de la memoria, a aquellos días y noches insoportables del monte, al recuerdo de lealtades y traiciones, al tiempo que nunca se detiene.

El pensamiento del destierro siempre está puesto en el regreso. En 1978 le conceden el pasaporte a Florián. Entonces comienza el retorno. La vuelta a casa. La llegada que nunca es destino sino tránsito. El país desconocido. El pueblo que apenas conocen. La sensación de estar de paso y la amargura de los amigos perdidos.

Remedios termina su paseo por la playa. Sus huellas han sido borradas por el agua del mar. Se sienta junto a Florián que permanece sentado en silencio en una silla de playa. Sus manos se unen mientras miran la estrecha línea que divide la tierra del cielo, aquella que nunca dejaron de mirar.

     Título original: Memorias de una guerrillera
     Año: 2006
     Duración: 103 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Documental.
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