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Cien clavos


Cartel de Cien clavos

Un joven y eminente profesor de la Universidad de Bolonia se ve envuelto en una delicada investigación. Decide escapar de todo y termina recorriendo la apacible ribera del Po. Allí encuentra un edificio de piedra abandonado en el que se instala. En torno a su nuevo hogar se van tejiendo historias cotidianas de amor y amistad entre el profesor y las gentes del lugar. Asistimos a un momento de espontánea armonía en el que todo es posible.

     Título original: Centochiodi
     Año: 2008
     Duración: 92 min.
     Nacionalidad: Italia
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 12/09/2008
     Distribuidora: Sagrera Tv

 

Comentario

Lo dije hace tiempo: antes de empezar la fotografía principal sobre CENTOCHIODI, sabía que ésta sería mi última película narrativa. Seguiré haciendo documentales como hacía cuado empecé mi carrera hace más de cincuenta

años. Acepten mi decisión como una elección personal, tomada con tranquilidad. No ha sido una decisión forzada, ni tomada por vanidad. Los sentimientos no han tenido nada que ver. Para mí, hoy, es algo natural: una consecuencia de mi transformación con el paso de los años; una transformación que, en este preciado momento de mi vida conocido como edad “avanzada”, me lleva hacia otros objetivos.

Me he pasado la vida contando historias en la pantalla. He hecho que las cosas y los personajes actuaran y hablaran según mi imaginación y mi voluntad, tratando siempre de ser honesto con mis interlocutores. Es un pacto que no he roto nunca, ni cuando la película era un éxito, ni cuando las cosas no salían bien del todo. Pero, ¿qué significa saber que estás haciendo algo por última vez?

En primer lugar, eres consciente de que tu último trabajo resume el significado de toda tu existencia.

Y en ese caso, la pregunta clave que me hacía era: ¿qué historia estoy contando? ¿De qué estoy hablando? Y, sobretodo, ¿de quién estoy hablando?

Cada historia debe tener un protagonista que se convierte en un ejemplo ideal para nosotros: hombre o mujer, enamorado apasionadamente, o lleno de odio, para bien o para mal. Drama o comedia: no importa. Así pues, ¿de QUIÉN debo hablar? ¿De entre los grandes hombres de la historia, a QUIÉN he conocido que haya dejado huella en mí? ¿A QUIÉN debo recordar, entre tantos, como

ejemplo de total humanidad ¿A quién me dirijo en mis momentos oscuros en busca de apoyo y esperanza?

¿Es demasiado predecible decir a “Cristo”? Sí: Cristo el hombre, uno de nosotros, a quien podemos encontrar cualquier día de nuestra vida; en cualquier momento, en cualquier lugar. El Cristo de la calle, no el ídolo del altar y el incienso. No se trata del Cristo que encontramos en los libros, cuando los libros y los altares se convierten en cómoda ortodoxia, una hipócrita comodidad o incluso en una excusa de abuso de poder. ¿Son palabras duras? ¿Exageradas? Sin embargo, nos llegan gritos de guerra y dolor de todas partes, como si se tratara de un tributo que hay que pagar a un absurdo Dios de la destrucción; un Dios que planta la semilla de la destrucción entre los hombres. ¿Dónde está el Dios de la paz?

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