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Cerezos en flor


Cartel de Cerezos en flor

Sólo Trudi sabe que Rudi, su marido, sufre una enfermedad terminal. En sus manos está decírselo o no. El médico sugiere que hagan algo juntos, algo que deseaban hacer hace mucho tiempo... Trudi decide no contarle a su marido la gravedad de su enfermedad y seguir los consejos del médico. Convence a Rudi para que vayan a visitar a sus hijos y nietos a Berlín... Pero cuando llegan allí, se dan cuenta de que sus hijos están volcados en sus propias vidas y no tienen tiempo para ellos. Y de repente, Trudi muere. Rudi está desesperado y no sabe lo que hacer. A través de una amiga de su hija se entera de que el amor que sentía Trudi por él le había apartado de la vida que ella hubiese querido llevar. Empieza a verla con una mirada nueva y promete compensarla por haber desperdiciado su vida. Así que se embarca en un último viaje que le llevará a Tokio, que celebra el festival de los cerezos en flor, un canto a la belleza, la transitoriedad y a los nuevos comienzos...

     Título original: Kirschblüten - Hanami
     Año: 2008
     Duración: 126 min.
     Nacionalidad: Alemania, Francia
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 06/03/2009
     Distribuidora: Wanda Films

 

Comentario

¿Por qué sigo volviendo a Japón?? Este es la tercera película después de "Sabiduría garantizada" y "El pescador y su mujer", que he rodado, al menos en parte, en Japón. . Fui por primera vez a Japón hace más de 20 años. El Festival de Cine de Tokio me había invitado a presentar mi primer largometraje "Directo al corazón". Así que tropecé con este país igual que se tropieza con un sueño. Mi primera noche en Tokio, después de un viaje de casi 24 horas, me puse a vagar por las calles en un estado de confusión: el aire era húmedo, tropical, los farolillos chinos encima de los taxis deslumbraban y un aluvión de gente, vestida de negro pasaba a mi lado avanzando como un gigantesco banco de peces. No me atrevía a unirme a ellos y seguirles a pesar de que me gustaba la idea por estrafalaria que fuera. Tuve que pasarme tiempo en las salas de cine, pero lo que quería de verdad era explorar ese país extranjero. Así que le pedí a alguien que me escribiera un cartel con los caracteres en japonés de la palabra "Tokyo", Armada de mi cartel, me fui a la estación de tren llamada Shibuya y cogí un tren a Kamakura.

Después del corto trayecto en tren, paseé por los templos y los bosques de bambú. Estaba abrumada. Estaba segura de que había encontrado el paraíso. Seguí andando y andando. No podía leer una sola palabra, no podía hablar y también entendía nada de lo que oía. Pero eso no me desagradó. Me sentí invisible o camuflada, a pesar de que daba la nota, al ser rubia y alta y llevar un impermeable amarillo chillón. Tardé casi 10 años en volver a Japón. Fue en 1994, y viajé en compañía de mi hija pequeña.

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