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Una cierta verdad


Cartel de Una cierta verdad

Durante el periodo de casi dos años, las vidas de cinco personajes se entrecruzan en el entorno de un Hospital de Salud Mental. Los cinco han visto o verán severamente alteradas sus capacidades de comprender y percibir la realidad; invadidos y desposeídos de todo aquello que conforma su propia identidad como personas.

Siguiendo la estela de estas historias íntimas, la película nos embarca en un viaje emocional y de conocimiento a la búsqueda de un resquicio de luz en el aparentemente inextricable y enigmático universo de la locura. Como en una novela de intriga, con paciencia y rigor, el film nos revela los signos que trazan secretamente el hilo narrativo del relato humano que se oculta detrás de todo proceso de trastorno mental.

     Título original: Una cierta verdad
     Año: 2008
     Duración: 130 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Documental.
     Fecha de estreno: 08/05/2009
     Calificación: Mayores de 7 años
     Distribuidora: Notro Films

 

Comentario

Tras algunos años de experiencia como ayudante de dirección me decidí a afrontar el deseo, largamente sopesado, de dirgir un proyecto propio. Mi primera decisión fue la elección de un tema abierto, que no me condicionara ni me comprometiera de antemano en un modo ni en una forma específica de abordarlo. Asumía mi condición de debutante y, ante la falta de una perspectiva y una estética propias, quería que fuese precisamente, el proceso de gestación de la obra, el que me enseñase el camino y el que me permitiese ir reconociendo, paso a paso, la posibilidad, si es que la había, de una identidad y de un modo de expresión propios.

Es en el construir el relato a partir del sufrimiento y la angustia que padecen nuestros protagonistas donde se sitúaba de forma más precisa mi responsabilidad como cineasta. No en el mero desarrollo de una propuesta estética sin otro fin más que sí misma, sino en usar todas las herramientas expresivas que el cine pone a nuestra disposición, con el único fin de contar de manera justa y exacta, y sin entorpecerla, la verdadera historia de unos personajes marcados por la tragedia de una enfermedad.

Se trataba, primeramente, de dotar de solemnidad y trascendencia las vidas de aquellos, liberarlas de la costra de vulgaridad aparente que se desprende casi inevitablemente de toda experiencia extraída en bruto de la inmediata cotidianidad, y lograr que su sufrimiento y su soledad, dejasen de resultarnos, en su observación externa como algo ajeno. Lograr que nos concerniera, que nos doliera también, que nos importara y nos conmoviera. Dicho movimiento nos implicaba también, por ejemplo, el confrontar frontalmente el mito oscuro, la maldición, el estigma terrible de muchos de aquellos que se ven tocados por la enfermedad. Para hacerlo, se trataba de situarse en las antípodas de lo "políticamente correcto", de aquellos que creen que basta con cambiarle el nombre a las cosas, excluirlas del paisaje, ocultar sus sombras y maquillar retóricamente sus defectos, para que desaparezcan como por arte de magia.

La observación de la dimensión trágica de la enfermedad, en lo que tiene de condena o infortunio individual, absolutamente azaroso y desprovisto de toda causa y de toda culpa, la que nos pone en primer término la dimensión humana, demasiado humana, de dicho trastorno. Revelar el gesto humano de aquellos que son capaces de mantener su dimensión humana, su belleza moral, su buena predisposición hacia los demás, e, incluso, la alegría de vivir, a pesar de verse condenados a la perdida de la propia identidad, la invasión y desestructuración del cuerpo y del pensamiento, resume los valores estéticos y el contenido expresivo del proyecto.