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La posibilidad de una isla


Cartel de La posibilidad de una isla

Hijo del gurú de una secta irrisoria, Daniel 1 hace crucigramas esperando a que su vida adquiera sentido. Se queda atrás. Silencioso. Indiferente a las cosas del mundo real; tanto a sus placeres como a sus desgracias. Daniel 25 (descendiente número 24, por reproducción artificial, de Daniel 1) vive en silencio en una cámara subterránea, atado a las imágenes por satélite de un mundo exterior desértico, contaminado, devastado por las guerras étnicas y religiosas que han conducido a conflictos nucleares, a epidemias incontrolables y, sobre todo, a catástrofes climáticas de una magnitud sin parangón. ¿Cómo ha hecho Daniel 1 que Daniel 25 sea posible? Puede ser que al pasar por una isla, un territorio aislado, donde Daniel 1 se planteó por fin cuál sería el futuro del mundo, y admitió la hipótesis científica y biológica de una posible eternidad humana. Puede que siendo el primero en acceder a desaparecer en beneficio de "otro él", de un mutante, un "superhombre". El que lo sobrevive todo. Pero solo, ¿qué sentido tiene la supervivencia?

     Título original: La Possibilité d'une île
     Año: 2008
     Duración: 95 min.
     Nacionalidad: Francia
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 15/05/2009
     Calificación: Mayores de 7 años
     Distribuidora: Premium Cine

 

Comentario

- ¿Cómo surgió la iniciativa de hacer una película?

Para entenderlo bien hay que remontarse muy, muy atrás. Hay que leer de la página 2 a la 10 del libro. Las escribí sin un propósito concreto. Son muy extrañas, frases cortas, mucho espacio en blanco... Era difícil prever lo que saldría de ahí. Podría haber dado un libro... una película... las dos cosas... una antología de poemas... o nada. Y luego escribí las páginas 11 y 15 independientemente de las demás, en un momento de mi vida en el que estaba solo en mi piso en España. Más tarde, volví a leer las páginas 9 y 10, que son en realidad un recuerdo verdadero; yo estaba en Alemania, en una casa de escritores cerca de Berlín. Había hecho una lectura y una mujer me dijo que debía hablar conmigo sin falta. Al día siguiente vino a verme. La situación fue rarísima... Estábamos solos en un barrio de Berlín, cerca de un lago precioso... y con toda tranquilidad me dice, "he soñado con usted". Y me cuenta, "yo estoy en una cabina de teléfonos, hablando, y no sé si hablo con la gente que hay para que me respondan, o si hablo sola para mantener la función del habla. El sueño fue muy vívido... Me dejó muy marcado la idea de hablar sin saber si nos estamos comunicando con alguien o no nos comunicamos con nada. Me dije que debía escribir alguna cosa relacionada con un personaje que existiera en el fin del mundo. Y ése fue el origen del personaje de Daniel 25 en el libro.

- ¿Qué representa hacer una película así? ¿El complemento de un libro? ¿Una interpretación distinta de la historia?

Es una interpretación, aunque nos arriesguemos a decepcionar visualmente. Por ejemplo, la zona blanca con los lagos de la que hablo en el libro es un lugar totalmente imaginario. Me hubiera encantado encontrar un equivalente real, pero no existía. Así que la zona final del libro, que me gustaba mucho visualmente, no está en la película. Hubo que encontrar otra cosa.

- Ha decidido dejar fuera una parte entera del libro, ¿qué ha motivado esta elección?

De hecho es con lo que se han quedado mis lectores más sensibles, la parte poética del final. Habría podido hacer algo con la descomposición de la pareja... Habría podido, y la tentación es aún muy fuerte, hacer algo con el reencuentro y la relación erótica intensa con Esther... Hice una lectura en el Festival de Inrocks, y sólo leí unos pasajes de la tercera parte. Fue muy bonito. La tercera parte tiene una dimensión poética muy fuerte, independiente del resto. De modo que pude basarlo todo en eso. La gente suele quedarse con lo importante. Un libro es una cosa, con lo que la gente se queda es otra.

- ¿Me está diciendo que le preocupa lo que vayan a pensar los lectores al ver la película?

Un poco, sí...

- Normalmente el creador impone lo que tiene que decir.

Pero a veces la gente te dice la verdad sobre lo que haces... más que tú mismo. Puede que yo sea el creador, pero también soy lector. Sé bien lo que me faltaría si fuera a ver la adaptación de uno de mis libros favoritos. No se trata en absoluto de una adaptación fiel, pero creo que el lector más profundo pensará que sí lo es. Por ejemplo, Alina Reyes insistió mucho en la tercera parte, en que existe un asombro visual tenaz. Eso no es tener en cuenta a los lectores, sino tener en cuenta a ciertos lectores.

- A menudo se critica la violencia en sus libros, aunque también el sexo. Aunque también están presentes en este libro, la película está exenta de toda violencia o de cualquier contacto físico... ¡menuda sorpresa! ¡Al final es usted un romántico!

Sí, es muy cierto... Pero no tengo la impresión de que el sexo y la violencia fueran fundamentales en este libro. Para las lecturas que se han hecho, al contrario de con la de "Plateforme", los pasajes escogidos no han sido tan sexuales. Sí que es cierto que me encantaría hacer una película porno si la ocasión se presentase, pero en este libro eso no era lo que hacía falta. En realidad hay un cierto erotismo ligado al cine que me desagrada mucho.

- Al final, lo que queda del sexo es la sensualidad de la actriz Ramata Koité... ¡y puede que el concurso de bikinis!

Para el concurso de bikinis, nos divertimos mucho volviendo a Benidorm. Estuvimos en un hotel enorme, el Hotel Bali, extremadamente acogedor. Pudimos volver donde queríamos, nos ayudaron mucho en eso. Es un hotel fascinante, ¡inmenso! Una verdadera máquina de vacaciones con spa: hordas de turistas, cientos de rusos, de ucranianos, de polacos... ¡era como una persona en sí misma! Me acuerdo de las localizaciones; pasé un día horrible buscando residencias de vacaciones y no encontré nada... llegamos al hotel Bali y, bueno, ¡nunca he estado tan contento en mi vida! Me puse a correr por todas partes, ¡estaba loco de felicidad! Tenía ganas de fotografiarlo todo, de grabarlo todo... ese hotel es un monumento extraordinario.

- ¿Resultó complicado encontrar financiación para hacer la película?

¡Mucho!

- ¿Por qué? ¿Qué puede resultar complicado cuando te llamas Michel Houellebecq?

Por el hecho de ser sinceramente odiado por casi todo lo cultural en Francia. Por distintas razones, pero el hecho es ése. Por eso no he tenido ninguna subvención. Me vetan en todas partes, ¡salvo en el arte contemporáneo! Si en ese entorno presento cualquier cosa con mi nombre, funciona. Es muy extraño...

- ¿Ha participado usted en la producción?

En un momento dado, me han llamado para invertir. Mi agente intervino y me convertí en coproductor al 50%.

- ¿Por qué quiso hacer una película? No es usted un total desconocido, sus libros se

venden.

No se trata de una cuestión de ego. Pensé que podría hacer una película buena. Tengo sentido de la imagen y del sonido... Quería intentarlo.

- ¿Un sueño de niño?

No, yo era un niño que leía mucho, pero nunca veía la tele.

- Entonces, ¿por qué una película?

Igual que cuando escribo un libro, el tema en sí mismo cobra unas dimensiones que aparta tu ego a un lado y te ordena que le sirvas. Sentí que podía ser una película interesante. En un momento dado, emprendemos cosas porque si no las hacemos, nos falta algo.

- ¿Un poco como los personajes de las novelas huyen de usted para imponerse?

¡Sí! ¡Exacto! Escogemos a un actor o no, pero una vez que le hemos elegido, tiene sus consecuencias. Eso reorienta al personaje. ¡Eso sí que es emocionante! Eso ocurre también con los personajes de las novelas. En la literatura no existe realmente el libre albedrío. En los ensayos con Benoît Magimel, cuando yo le dije que es un personaje literario, él me dijo "es como un actor que tiene que estar constantemente en escena".

- Pero el personaje literario es bidimensional... ésos otros son de carne y hueso.

No... un personaje de novela se convierte en verdad. Aunque no sea real. Yo sueño constantemente con el personaje de Esther. Es menos conocido en el ámbito de la literatura porque la gente se imagina que lo tenemos todo en la cabeza, pero de hecho, de tanto escribir, los personajes se vuelven muy, muy presentes.

- Usted aparece en la película, ¿es una alusión?

Fue Patrick Bauchau el que insistió. A él le pareció muy importante que durante su discurso de profeta yo estuviera de ayudante.

- ¿Tiene la música de la película un sentido más allá de lo estético?

La música es grandiosa, casi enfática. Sí, es romántica, enfática, grandilocuente... Cuando monté la película, sin duda quería mantener ese efecto espectacular del momento en que Benoît Magimel sale del cráter. Fue precisamente ese momento, lo que escribió el músico para la escena del cráter fue lo que me llevó a llamarle para decirle que le había escogido para hacer la música de la película. Luego, claro, hubo que controlar a la persona, ¡porque se puso como loco! ¡Le metía música a todo! ¡De vez en cuando había que poner diálogos!

- A propósito, ¿por qué no ha puesto música en los créditos del final?

La idea de la respiración y de las piedras que caen se me antojó muy bella... De hecho, se puede decir que lo hicimos entre tres, el montador, el mezclador y yo. Dosificamos mucho las respiraciones, el tiempo... qué buen recuerdo. Un recuerdo satisfactorio para todo el mundo.

- Hablemos un poco del perro, ¿le hizo pasar un casting?

Pues claro. De hecho hubo un casting doble. Uno para el perro y otro para el entrenador.

- ¿Es complicado hacer actuar a un animal en una película?

¡Sí! La escena inicial era muy distinta. El animal tenía que estar con el humano en la cueva, pero el entrenador sobrevaloró el poder de control que tenía sobre el animal. Esa noche, al ver las imágenes, me dije que el hombre y el perro no parecían quererse en absoluto. No parecían viejos compañeros. Parecía más un encuentro entre dos seres, nada más. Volví a escribir la escena en función de una historia en la que el actor se encontrara al perro a la salida de la cueva. Ése fue el evento principal de la película, que esa escena cambió un poco.

- Y el amor, ¿qué papel desempeña en esta historia?

Yo diría que es la ventaja de las situaciones del tipo "fin del mundo". En la sociedad, existe un gran abanico para elegir que desaparece cuando ya no quedan seres humanos sobre la tierra (risas). ¡La posibilidad de elección se reduce a cero! ¡La sexualidad se reduce a cero! Así que no lo pusimos difícil. Habría que razonarlo, a lo mejor, como siempre; de hecho, toma lo que tenemos bajo la mano. Seguramente sería más sano... Me he peleado mucho para que en el montaje permaneciera la versión más romántica de la historia que querría que Daniel se acordara de Marie (Ramata Koité). Me gustaba mucho la idea de que fuera una mujer en general.

- ¿Hay un momento en particular que le haya marcado durante el rodaje?

El plano final, que es milagroso. Ramata escalando las rocas. Es el tipo de momentos que justifican el hacer una película. Fue inesperado, y todo el mundo se quedó tan paralizado que fue precioso.

- ¿Eso le da ganas de hacer otra película?

Pero no en seguida. Sientes tanta presión que por ahora sólo tengo ganas de estar solo. Tampoco es tan malo escribir. Es un modo de vida muy diferente, pero no es malo.

- ¿Hace falta haber leído el libro para entender la película?

No, no hace falta. Yo diría que hace falta tener interés por el tema de las sectas porque se trata mucho aquí. Empieza muy "a lo Tom Waits", diría yo.

- ¿Qué le respondería a los lectores que dijeran "no es como el libro, ¡eso no era lo que yo había entendido!"?

Creo que he hecho una adaptación fiel del fondo, con una gran bifurcación en el personaje de Patrick Bauchau, que es mucho más simpático que Raël, y en la relación padre-hijo que se vuelve más presente gracias a la relación de Bauchau y Magimel, que se quieren mucho.

- Entonces, está bien haber leído el libro, pero hay que estar abierto a una interpretación diferente...

Sí. Lo divertido es que la gente no se da del todo cuenta de la forma en que está escrito un libro. Nunca se sabe qué va a pasar al final. En el proyecto inicial, Esther no existía en absoluto. Cuando yo me la encontré en mi vida es cuando entró en el libro. Parece muy monolítico para un libro, y no es el caso. Es más largo que hacer una película. Se bifurca sin parar. Y luego, cuando se escribe un libro, no se sabe porqué, hay partes muertas y hay partes vivas que no aparecen en la película. Por ejemplo, el encuentro con Esther está muy bien, pero yo no lo he puesto porque sería otra película.

- ¿Qué diferencia hay entre el proceso creador del escritor y el del director?

Por lo que a mí concierne, son bastante parecidos

- Pero el cine es un trabajo colectivo...

En realidad, el director tiene relaciones individuales con muchas personas.

- Eso no es exactamente colectivo.

Sí, pero si lo comparamos con la creación del escritor... es un proceso un poco más social. Sí, pero la cuestión implícita es saber si eso me intranquiliza y, en realidad, no es para tanto. No tengo ningún problema de socialización y no tengo ningún problema para hacer que me obedezcan, ocurre de forma bastante natural. Aunque sí tengo problemas para compartir el poder.

- ¿Se puede poner una etiqueta a esta película?

Tiene un clima muy extraño... poético. Yo diría que es una película poética.

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