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Lourdes


Cartel de Lourdes

Christine ha pasado la mayor parte de su vida confinada en una silla de ruedas. Para escapar de su aislamiento, emprende un viaje a Lourdes, el legendario lugar de peregrinaje en el corazón de los Pirineos. Una mañana, se despierta aparentemente curada por un milagro. El jefe del grupo de peregrinos, un seductor voluntario de la Orden de Malta, empieza a interesarse en ella, que intenta aprovechar esa nueva oportunidad para ser feliz, mientras que su curación despierta envidia y admiración entre los demás miembros del grupo.

     Título original: Lourdes
     Año: 2009
     Duración: 99 min.
     Nacionalidad: Australia, Francia, Alemania
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 31/03/2010
     Calificación: Todos los públicos
     Distribuidora: Alta Films, S.A.

 

Comentario

Lourdes, la ambivalencia y lo absurdo

La película LOURDES muestra, por una parte, la fe en un Dios bondadoso y eterno, y, por otro lado, la realidad caracterizada por lo arbitrario y lo efímero. LOURDES es un cuento cruel: un ensueño o una pesadilla. Enfermos y moribundos de todo el mundo visitan Lourdes para recobrar la salud. Esperan un milagro, porque es precisamente en Lourdes donde aún se producen milagros. Pero Dios parece un tanto caprichoso: da y toma en función de su humor, y sus caminos son impenetrables. En la católica Lourdes, los paralíticos sueñan con poder andar, los que están solos con tener amigos, los hambrientos con quedar saciados, pero la sensación de tener una vida truncada así como el deseo de plenitud son universales.

La felicidad, lo efímero y la esperanza

En Lourdes, el milagro le aporta a Christine un período de felicidad, una mejoría, pero, en definitiva, no la salvación. La promesa de salvación que ofrece la Iglesia tiene que ser pospuesta. El consuelo de los que no vuelven curados o que recaen está en el más allá. El deseo de curarse es el deseo de alcanzar la felicidad y conservarla: vivir una vida plena, completa, feliz y que tenga sentido. Así, Christine, desde el momento de su restablecimiento, empieza a proponerse retomar sus estudios, crear una familia y aprender a tocar el piano. Pero la felicidad es efímera, va y viene, sin que eso tenga un significado especial.

¿Por qué no yo?

Una curación milagrosa es injusta. ¿Por qué una persona se cura y otra no? ¿Qué se puede hacer para curarse? ¿Rezar, como la madre de la joven apática; escoger la humildad, como Cécile, o, por el contrario, no hacer nada, como Christine? No hay respuesta para estas preguntas: los milagros parecen arbitrarios, se producen sin lógica ni razón aparente. El milagro es fundamentalmente injusto pero no obstante es también una inmensa alegría para quien se cura. Sin embargo, una persona que, presumiblemente, ha experimentado una curación milagrosa, no tiene ninguna garantía de que su curación perdure. La curación ofrece una nueva oportunidad a Christine -que querría disfrutar de la vida-, pero comprende que su reciente felicidad puede acabarse en cualquier momento. Ella empieza entonces a buscarle sentido, a preguntarse si tendría que hacer alguna cosa especial para ser digna de su curación. ¿Qué habría que hacer para que el milagro dure? ¿Dios oye sus plegarias?

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