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The runaways


Cartel de The runaways

Los Ángeles, 1975, Joan Jett y Cherie Currie, dos adolescentes del Valle de San Fernando con el 'punk' en las venas, se conocen y se convierten en el cuerpo y alma del influyente grupo femenino The Runaways. Floria Sigismondi lleva The Runaways a la gran pantalla en esta historia de un grupo de jóvenes extraordinarias, que se transforman de jóvenes rebeldes del sur de California en estrellas del rock del legendario grupo que allanó el camino a las futuras generaciones de mujeres en el mundo de la música. Bajo el férreo control e influencia del empresario del rock Kim Fowley, el grupo se convierte en un clamoroso éxito y en una familia de inadaptadas. Con su imagen de chicas duras y su talento en bruto, el grupo no tarda en adquirir cierto renombre, al igual que sus dos miembros principales: Joan es el puro corazón 'rock & roll' del grupo, mientras que Cherie, con su 'look' estilo Bowie-Bardot, es la gatita sexy.

     Título original: The runaways
     Año: 2010
     Duración: 105 min.
     Nacionalidad: EE.UU.
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 10/09/2010
     Calificación: Mayores de 16 años
     Distribuidora: Aurum Producciones S.A.

 

Comentario

Verano de 2009, Kristen Stewart se transforma en una auténtica furia con la guitarra, enfundada en un mono de cuero rojo. Justo a su derecha, Dakota Fanning se ha convertido en una estrella del 'glam rock', vestida con un ceñido corsé y medias de red. El público enloquece cuando el grupo acomete con estruendo "Cherry Bomb", el mayor éxito de The Runaways.

Este momento hiperrealista supone mucho más que simplemente unos actores rodando una escena: Fanning está cantando de verdad y Stewart está tocando de verdad, mientras la emoción embarga a las Cherie Currie y Joan Jett de verdad, que ven interpretar ante sus ojos sus vidas treinta años después. Los fans fingen aplaudir a The Runaways, pero lo cierto es que están absolutamente encandilados ante la presencia de Fanning y Stewart.

La autenticidad y la pura veracidad prevalecen mientras Floria Sigismondi dirige la cámara para que capte el momento desde todos los ángulos imaginables. Para los personajes, es el punto álgido de su viaje. Para las jóvenes actrices, es casi el final de un intenso mes de rodaje, a lo largo del cual se han visto puestas a prueba por los papeles más duros y posiblemente más profundos de sus carreras.

A Sigismondi no le interesaba filmar un 'biopic' ni celebrar el pasado. Veía The Runaways como una forma de contar una historia de liberación femenina en la que unas jovencitas se hacen valer y logran hacerse un nombre.

"Es una historia iniciática de unas jóvenes que podría decirse que se meten demasiado de lleno, aunque logren más o menos sobrevivir al tiempo que pasan juntas", explica Sigismondi. "Van demasiado lejos, perdidas en sus circunstancias. Pero no es un documental. Me tomado ciertas libertades para tratar de reflejar la verdad a través de los hechos y buscar una historia más allá de lo que ya sabemos".

Esta historia ha tardado cuatro años en hacerse realidad, empezando por el productor John Linson (Los amos de Dogtown), que adquirió los derechos cinematográficos del libro de Currie y se propuso hacer esta película. Al haberse criado en torno al mundo de la música y del entretenimiento (su padre es el conocido productor Art Linson -con títulos como Aquel excitante curso, Los intocables de Eliot Ness, Heat- que también produce de The Runaways), John Linson estaba especialmente versado en el precio de la fama, sobre todo en los jóvenes.

Estaba en una fiesta hablando de música cuando surgió el nombre de Cherie Currie. Linson admite haber estado "colgado" por Cherie de niño, al leer sus alocadas historias sobre The Runaways en la revista "Creem". Mientras los demás conversaban sobre el impacto de The Runaways en el mundo de la música, a Linson se le ocurrió la idea de "hacer una película sobre dos jovencitas que plantan cara a Hollywood". Para hacer justicia a The Runaways, Linson sabía que no podía tratarse de una versión edulcorada del grupo apta para todos los públicos, que obviara las partes más subidas de tono de la historia. "No se trataba tanto de hacer una película musical como de un drama sobre chicas adolescentes, que contara la verdad sobre cómo puede y no puede ser la vida en Los Ángeles", comenta Linson.

Para poder hacer la película que querían, los Linson necesitaban el respaldo adecuado de una productora que no tuviera miedo de producir películas que hicieran caso omiso de las convenciones y fórmulas de los grandes estudios. No tuvieron que buscar muy lejos para encontrar a River Road Entertainment, dado que Art Linson acababa de producir la alabada adaptación del libro de Jon Krakauer dirigida por Sean Penn Hacia rutas salvajes (Into the Wild), basada en la vida de Christopher McCandless y su extraordinario viaje por el Oeste norteamericano. Para tratarse de una compañía que ha producido ya cierto número de "historias reales", River Road no está interesada en recrear simplemente el pasado. La compañía pretende producir películas capaces de aguantar el paso del tiempo, en el sentido de que se preocupan por la evolución de los personajes y el sentido más general de sus vidas tanto como por cada uno de los momentos que se suceden por el camino.

Los Linson y el fundador de River Road, Bill Pohlad estaban completamente en sintonía sobre el enfoque que querían darle a la historia de The Runaways. "Tiene que tratar de personas", explica Pohlad. "Trata sobre chicas y la capacidad, incluso a temprana edad, de tratar de encontrarse a uno mismo y tratar de sacarle el jugo a la vida, en lugar de limitarse a formar parte del paisaje o a caer en una u otra trampa".

Las mujeres

Aunque no fuera fundamental, al equipo de producción le resultaba importante encontrar a una directora, dada la naturaleza iniciática de la obra. Tras hablar con una serie de posibles candidatas, durante más de año y medio, dieron con Floria Sigismondi.

"Por supuesto, conocíamos a Floria y su trabajo en vídeos musicales", recuerda Pohlad. "Nos atraía mucho y el resultado ha sido increíble. Se metió de cabeza en el material y sin duda sentía una fuerte conexión con él. Es muy segura, con una visión muy clara, y alguien con un gran sentido visual y un gran ojo".

A la hora de prepararse para escribir el guión, Sigismondi llevó a cabo numerosas entrevistas con miembros del grupo y gente cercana a su mundo. También se documentó sobre perfiles de otros grupos musicales de la época y sacó material del libro de Currie. Con todo ello, Sigismondi fue capaz de imaginar a unas adolescentes luchando con todo lo que conlleva encontrarse con tan tremenda popularidad. "Para reflejar cada una de sus personalidades consulté mucha documentación histórica", explica Sigismondi. "Luego recordé mi propio pasado y pensé cómo me habría sentido yo en una situación similar. Y seguí a partir de ahí"...

En el fondo, The Runaways era un grupo sobre la liberación. Liberación de los estereotipos, liberación de la banalidad de la vida en los suburbios y liberación del rock corporativo y el sonido disco que dominaban la radio.

Naturalmente, al mundo del rock de los años 70 no le faltan desde luego historias escabrosas llenas de excesos y uso ilícito de drogas, y The Runaways no fueron ninguna excepción, lo que, a entender de Sigismondi, hizo mucho más conmovedor el éxito del grupo.

"No se trataba, ya sabes, de 'estos son sus logros'", señala Sigismondi. "Creo que los logros llegan a través del dolor. En mi opinión, Cherie triunfa porque toma una decisión. Y Joan triunfa porque toma otra decisión. Pero, para mí, las dos son heroicas porque ambas siguen su corazón. Pero, con todo ello, fue difícil llegar hasta ese punto. Así que, para mí, no se trataba simplemente de los mejores momentos, se trataba de todo, y eso incluía también los peores".

Para Sigismondi, no había muchas jóvenes que pudieran interpretar a Joan Jett y encarnar verdaderamente su persona, desde su voz a su personalidad y su lenguaje corporal, como Kristen. Stewart era de la edad adecuada y estaba en el momento adecuado de su vida para identificarse con Joan y lograr una profunda conexión con su personaje. "Creo que Kristen se convirtió en ella", observa Sigismondi. "Su esencia era auténtica; fue una transformación verdaderamente asombrosa de ver".

No es nada común que un actor pueda tener un acceso tan inmediato a la persona a la que está interpretando. Durante la producción, podía verse a menudo a Stewart y a Fanning a un lado de los platós, en los tráileres, incluso fuera de la producción, colaborando estrechamente con Currie y Jett para pulir cada detalle de sus personajes. Para construir cuidadosamente su interpretación de modo que fuera un reflejo exacto de Joan, Stewart pasó mucho tiempo con Jett a lo largo de la producción de la película.

"Joan es nuestra productora ejecutiva; estaba allí cada día, pasando tiempo conmigo", recuerda Stewart. "Para preparar un papel de este tipo, puedes documentarte, leer entrevistas, ver viejas grabaciones pero, pese a lo que me habría ayudado, no había disponible mucho material de ese tipo. Pude hablar directamente con Joan y creo que me habría sentido como una farsante de no haberlo hecho".

Mientras Dakota subía al escenario para su crucial escena de "Cherry Bomb", esperando entre bastidores se halla su mayor admiradora y fan. "Para mí, Dakota es sencillamente una de las mejores actrices que ha habido jamás", afirma Cherie Currie. "Fue muy simpática y se mostró muy interesada en asegurarse de que daba en el clavo con su forma de cantar e interpretar. Es fenomenal". Tener la misma edad que Cherie en la película ayudó. Al sentirse de la edad de Cherie, Dakota podía identificarse mejor con su personaje. "Tuve mucha suerte de contar con Cherie para que me ayudara a entender al personaje", señala Fanning. "Pude hacerle preguntas que condujeron a anécdotas sobre mi personaje y me proporcionaron más información, me permitieron ampliar lo que había sobre el papel".

Kristen y Dakota captaron la energía, la ira y la juventud de estas jóvenes, tomaron clases de canto, y Kristen aprendió diligentemente a tocar la guitarra. Michael Shannon la recuerda comentando: "No quiero quedar como una idiota ahí arriba. No quiero fingir. Quiero poder tocar esas canciones". Stewart dominó los 12 temas.

La película nos recuerda que The Runaways llegaron en un momento sumamente crucial para las mujeres en la música y el filme capta de forma elocuente el mundo de la música en Los Ángeles en la primera mitad de la década de 1970.

"Todos quieren creer que les puede pasar algo extraordinario", comenta Currie. "Eso no significa que no vayas a tener que esforzarte al máximo para conseguirlo porque, créeme, mucha gente no creyó jamás que pudiéramos hacer lo que hicimos. Pasamos por un infierno para hacer las cosas más fáciles para las chicas en el mundo de la música. Éramos soldados ahí fuera, manchándonos de sangre y sufriendo. Pero aquí estamos. Y nos va bien".

La música

El supervisor musical George Drakoulias recuerda un momento fundamental durante los ensayos, cuando le estaba poniendo grabaciones a Joan Jett. "George, ¿por qué me estás poniendo mis propias canciones? Creía que íbamos a oír a Kristen", preguntó Jett. "No, si la que canta es Kristen", respondió Drakoulias. "¿De veras?", comentó Jett, incrédula. Drakoulias replicó: "Joan, te lo prometo, está cantando Kristen". Joan se rió y dijo: "Vaya, qué pasada". Entonces fue cuando Drakoulias supo que Kristen era la única persona adecuada para el papel. "Si Kristen era capaz de engañar al oído de Joan, sabía que nos iría bien", recuerda Drakoulias.

Meterse en un estudio de grabación para grabar los temas de The Runaways fue una experiencia totalmente nueva para Fanning. Para cantar estas canciones icónicas, Fanning se preparó mucho, con lecciones de canto incluidas y estudiando cada detalle de la coreografía de Currie. La actriz se sintió como si estuviera haciendo realidad su sueño de ser "una superestrella del rock & roll".

El mentor y manager

El actor candidato al Oscar Michael Shannon no tenía muy claro si su apretada agenda le permitiría abordar el papel de Kim Fowley. Cuando empezó a documentarse para el mismo, se topó con una entrevista que Fowley había concedido al programa "The Tomorrow Show with Tom Snyder" en los años 70. "Aparece en pantalla, con un traje naranja, el pelo estirado hacia atrás, con maquillaje puesto, laca de uñas, como una mantis religiosa", recuerda Shannon. "Era una de las personas más fascinantes que había visto nunca y no podías apartar la vista de él". Ese vídeo de Tom Snyder fue lo que le convenció de meterse en el proyecto. Shannon sintió que sería un reto enorme tratar de captar la personalidad y manera de ser de Fowley.

A Fowley le encanta soltar diatribas y más diatribas, como un moderno poeta 'beatnik' malhablado y, como señala Sigismondi: "Si esos diálogos no se dicen correctamente, podrían hacerse largos y difíciles". Cuando la directora oyó a Shannon pronunciar su primer monólogo en los ensayos, lo vio como una revelación.

Hubo momentos durante el rodaje en los que a Shannon le tocaban diálogos bastante groseros que lo ponían un poco incómodo, ya que iban dirigidos a las jóvenes actrices. "Había una línea que me tenía sumamente nervioso y, naturalmente, cuando me llegó el momento de decirla, me hice un lío", recuerda Shannon. "De vez en cuando, teníamos meteduras de pata divertidas". Shannon agradece que Fanning y Stewart fueran tan profesionales, dada la oscura naturaleza de parte del material. "Ambas son grandes profesionales", afirma Shannon. "Son gentiles, amables y me brindaron su apoyo".

La imagen

"Realicé un esfuerzo consciente por ser muy realista a la hora de crear el mundo, en lo referente a nuestro arco argumental", comenta Sigismondi. "Al principio, el valle es la hermosa y soleada California pero, a medida que avanza la película, va cambiando y transformándose; las chicas salen de gira y las cosas se ponen más crudas".

Juntos, Sigismondi y el diseñador de producción ganador del Oscar, Eugenio Caballero, planificaron meticulosamente, perfilaron, ensayaron e iluminaron cada escena con el único propósito de encuadrar la tensión. Siempre que podían, Sigismondi y Caballero optaron por aumentar la iluminación con más lámparas prácticas de la época. Se emplearon las lámparas de fotografías en cada rincón del plató para crear una sensación de intimidad. "Hay un filtro que lo hace perfecto", explica Caballero, "que realza los sentimientos, con la gama de colores".

Caballero utilizó colores saturados para reflejar los 70 pero, a medida que las chicas perdían su inocencia, empleaba colores más pálidos. Caballero diseñó las escenas según la actitud. "Era una actitud muy propia del 'punk'", comenta Caballero. "Los acordes no están muy afinados". El equipo quería que el diseño tuviera ese mismo impacto, para hacerlo visualmente asombroso, a la vez que lo mantenían crudo y real.

"En California están en un entorno mucho más cerrado, y son un grupo pequeño, que intenta afianzarse, crear una imagen, pero, cuando llegan a Japón, las chicas se sumen en un nivel mucho más profundo de oscuridad, a través de las drogas y la experimentación", señala Sigismondi. En la escena de "Cherry Bomb", por ejemplo, montaron un plató con unas cuantas líneas, cobre, plata y oro, donde todo lleva hacia Cherie, de modo que, a medida que avanza la escena, ella misma se convierte en la bomba. Caballero explica: "En ese momento está experimentando un enorme cambio, que el diseño puede reflejar de manera sutil".

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