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Los ojos de Julia


Cartel de Los ojos de Julia

Julia recibe la noticia de la inesperada muerte de su hermana, Sara. Todos los hechos apuntan a que se trata claramente de un suicidio. A pesar de todo, Julia es incapaz de aceptar esta versión y empieza a investigar las circunstancias que rodeaban la vida de su hermana, a la que no visitaba desde hacía unos meses.

Pero algunos inquietantes indicios, que contradicen el carácter de Sara, y el descubrimiento de que su hermana se había apartado completamente de sus vecinos y amigos sólo hacen aumentar en ella las sospechas de que algo extraño se oculta tras su muerte.

La obsesión de Julia por seguir sus últimos pasos en vida la conducen a cruzarse con una amenaza misteriosa que nadie más en su entorno parece percibir, ni siquiera su marido, Isaac. Julia debe enfrentarse a este peligro desconocido superando además una trágica adversidad: una enfermedad genética degenerativa que le provoca la pérdida progresiva de su visión.

Aunque durante estos últimos años la complicidad y el amor entre Isaac y Julia han podido mantener alejados los ataques de ceguera de ella, una serie de extraños acontecimientos cada vez más agresivos hace que estos virulentos ataques amenacen con volver y sumergir a la mujer en un mundo de oscuridad, indefensa, a merced de la terrorífica presencia que se oculta en ella.

     Título original: Los ojos de Julia
     Año: 2010
     Duración: 112 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Intriga.
     Fecha de estreno: 29/10/2010
     Calificación: Mayores de 16 años
     Distribuidora: Universal Pictures Spain S.L.

 
Nominaciones:
Goya. Mejor interpretación femenina protagonista 2011

Comentario

¿UN VIAJE A LA OSCURIDAD?

"Los Ojos de Julia" es un viaje a la oscuridad física y emocional de una mujer que debe enfrentarse a sus miedos más íntimos. En progresivo aislamiento de la protagonista, una mujer que va perdiendo la vista a causa de una enfermedad, sirve para contar en forma de pesadilla terrorífica un viaje a la aceptación, a la superación de las propias limitaciones. Pero también sirve para contar una historia de amor particularmente bella.

"Los Ojos de Julia", al igual que ocurre en el mundo de los sentimientos, juega con la fina capa que separa lo visible de lo invisible, lo real de lo irreal, lo que vemos de lo que imaginamos. Y lo hace poniendo a la protagonista en situaciones límite, obligándola a reconstruir un puzzle del que apenas tiene piezas. A medida que Julia vaya encajando piezas, irá tomando conciencia de que algo horrible está ocurriendo a su alrededor, algo que nadie más parece percibir y que la dejará sola ante el peligro.

Guillem Morales y Oriol Paulo, los guionistas, nos cuentan en forma de thriller de terror la historia de una mujer que es incapaz de aceptar que se está quedando ciega. Es un guión diseñado a contrarreloj, donde cada pieza mostrada esconde una pequeña respuesta al enigma planteado. Es un guión que busca la complicidad con el espectador, situándolo en el punto de vista de la protagonista. Sus ojos, son los ojos del público. Lo que Julia vea, será lo que el público vea. Lo que Julia no vea, tampoco lo verá el público. Lo que Julia sienta, será lo que el público sienta. Y lo que Julia tema, será lo que el público tema. Es una complicidad llevada al límite, una propuesta de juego formal y emocional, diseñada para atrapar al espectador y arrastrarlo con la protagonista hacia una oscuridad que esconde algo horrible. Una respuesta al enigma planteado.

El director recuerda perfectamente cómo nació la idea de la película: "Tuve la imagen de una mujer con una venda en los ojos. Le habían operado de la vista y tenía que llevar la venda puesta durante dos semanas si quería recuperarla. Pero si se quitaba la venda accidentalmente, la operación se arruinaría. De alguna manera intuía que esa mujer, aunque llevara la venda puesta, en ese momento empezaba a ver las cosas más claras que nunca. Eso es todo lo que sabía entonces. Era sólo una idea. Pero sabía que detrás había una buena historia que contar."

LA PRODUCCIÓN

"Los Ojos de Julia" se llamó en principio "Julia's eyes". La razón era que tenía que ser un film de habla inglesa. Joaquín Padró, el productor, explica: "Guillem y yo nos propusimos como ambición personal desarrollar su segunda película en inglés a nivel tanto de evolución personal como productora. Con los contactos que en esa época estaban surgiendo en Gran Bretaña a partir del "remake" de su primera película "El habitante incierto" era lógico y natural que con su segundo proyecto empezáramos a buscar financiación en Inglaterra. Aunque una película no es en inglés o español. Ante todo lo que perseguíamos era tener el dinero suficiente para hacerla bien".

El encuentro de los productores y el director con Guillermo del Toro en Londres marcó un nuevo rumbo a la historia. La implicación de Guillermo en el proyecto fue cada vez mayor y Universal Pictures veía una excelente oportunidad para iniciar su primera producción en España. Las negociaciones con Antena 3 auguraban el apoyo de la cadena al proyecto.

Finalmente, el guión le llegó a Belén Rueda y su entusiasmo fue tan grande que se concertó un primer encuentro entre ella y el director que dio el empujón final para que el proyecto se decidiera rodarlo en España. Luis San Narciso y su equipo se hicieron cargo del casting a lo largo de tres meses. La preproducción se había iniciado.

Para el equipo técnico se empezaron a concretar nombres. Oscar Faura, que ya había hecho "El Orfanato" y "Spanish Movie" y que también fue compañero de clase con Guillem, se alzó como una apuesta segura y elegante para llevar a cabo la dirección de fotografía. Y Balter Gallart, con una larga trayectoria en la cinematografía española y contando películas como "Los abandonados" o "Los girasoles ciegos" en su haber, se ocuparía de la dirección artística.

El equipo técnico se completó con Joan Manel Vilaseca, el montador habitual de Guillem Morales, Oriol Tarragó se encargaría de hacer el diseño de Sonido y Fernando Velázquez la banda sonora, mientras Reyes Matabuena se ocuparía de la dirección de producción.

El rodaje, con un presupuesto de 5 millones de euros, se desarrolló durante unas diez semanas tras una exhaustiva preproducción, siete de las cuales transcurrirían en dos platós de Terrassa.

QUEDARSE CIEGO

A lo largo de la historia del cine se pueden rastrear varias películas protagonizadas por mujeres ciegas, algunas tan emblemáticas como "Sola en la oscuridad" (Terence Young, 1967) o "See no evil" (Richard Fleischer, 1971) entre otras. Pero hay muy pocas que describan el proceso de un personaje que se va quedando ciego, que se siente que está condenado a un mundo de oscuridad y que no podrá hacer nada para evitarlo.

En ese sentido, "Los Ojos de Julia" no es una película sobre una mujer ciega. Es una película sobre una mujer que se va quedando ciega, describiendo su evolución tanto desde el punto de vista psicológico, terrorífico y emocional.

Su director dice: "Julia va a quedarse ciega… Pero antes de perder definitivamente la vista tendrá que ver dos últimas cosas, dos cosas muy importantes que nunca antes había visto. Una de ellas será lo más hermoso que existe, pero la otra será lo más terrible que uno pueda ver..."

Profundizando en el concepto primordial de pérdida sobre el que está construida la historia del film, su responsable puntualiza: "Perder algo siempre es terrible. Perder cosas que tienes o que has conseguido. A veces son cosas materiales, pero a veces son personas o sentimientos. Perder algo siempre es un duelo. Y un duelo no es nada agradable. Pero perder algo siempre supone ganar otra cosa. Y es ahí donde nos tenemos que detener. Porque eso no tiene nada de triste o terrible. Quedarse ciego no es agradable pero no significa que todo acabe ahí. Significa transformación. Y la transformación es un proceso doloroso pero increíblemente positivo si lo asumimos como lo que es, una evolución. Quedarse ciego no es tan importante como la actitud que tenemos hacia este cambio. Y éste es el viaje de Julia."

Pero la cosa no acaba ahí. Porque "Los Ojos de Julia" persigue jugar con la mirada del espectador, a veces de manera más evidente, otras no tanta. Y en eso especialmente, en lo de hacer sufrir cierta ceguera al espectador y que así pueda compartir el proceso de Julia, estriba una de sus partes más fascinantes. Y no nos referimos a los planos subjetivos del personaje de Julia, si no al compromiso visual, pacto no tácito con la audiencia, que su director esgrime desde la planificación para dejar "ciega a la audiencia" sin tener que recurrir al negro absoluto.

"Estaba obsesionado con la idea de cegar al espectador de alguna manera para que compartiera la experiencia emocional de Julia", dice Guillem, "y creo que lo conseguimos. Puedo afirmar que en algún momento de la película el espectador llega a estar ciego, cinematográficamente hablando".

Los críticos y los amantes de cine se darán cuenta del perverso juego que se establece con el espectador en cierta parte de la película, juego que por otra parte no deja de ser excitantemente cinematográfico y que aquí, por supuesto, no podemos desvelar. Así, la capacidad de agresión visual al ojo del espectador va felizmente en aumento.

Para que Belén Rueda pudiera dominar las diferentes fases de ceguera que padecía Julia, no sólo tuvo que entrevistarse con asesores de la ONCE, sino que se tuvieron que crear cuatro gafas con diversos grados de defecto visual que la actriz se colocaba antes de interpretar una nueva toma para así ser consciente de la capacidad visual que el personaje tenía en cada momento y la relación que se establecía en cada entorno.

La obsesión por la ceguera y la agresión visual al espectador proporcionó una de las anécdotas más escalofriantes del rodaje y que Guillem ha contado ya en alguna ocasión:

"En la película hay un momento en que a Belén la amenazan acercándole la punta de un cuchillo a los ojos, muy cerca de la pupila. El plano era muy cerrado, casi un primerísimo plano y no podíamos usar un cuchillo falso debido a la proximidad de la óptica. Tenía que ser un cuchillo afilado de verdad. Por supuesto esto pensaba trucarlo; rodar por separado los ojos de Belén y el cuchillo afilado, y luego integrarlos digitalmente para obtener el escalofriante efecto final. En el momento de rodarlo Belén y el actor que le aproximaba el cuchillo habían estado ensayando la escena y habían adquirido tanta confianza en su control que se ofrecieron para hacerlo de verdad, con el cuchillo afilado, sin trucos. Yo me opuse enérgicamente. La integración digital funcionaría. No era necesario correr riesgos. Pero ellos insistieron: 'Deja que lo probemos, Guillem, lo controlamos, no te preocupes', insistieron. Los veía tan convencidos que al final accedí. 'Está bien, sólo una vez, pero id con mucho cuidado', les dije pensando que el sentido común imperaba en ellos, que sólo querían jugar y que no resultaría. Cuando dijimos 'acción' el cuchillo se acercó tanto a los ojos de Belén que a todos se nos heló la sangre. Cuando cortamos, estábamos horrorizados en silencio. Todos menos los actores que se acercaron sonriendo al combo para ver cómo había quedado. Después de ver el plano, palidecieron. El plano es bellísimo, pero yo tuve pesadillas durante toda la semana pensando que habría pasado si Belén hubiera estornudado en aquel maldito momento".

UNA ESTÉTICA Y UNA ATMÓSFERA

La estética de "Los Ojos de Julia" puede sorprender un poco por su apuesta de alejarse de lo gótico sin dejar de reivindicarse como una película estéticamente tétrica dentro de los parámetros del thriller. "Fue una decisión creativa muy pensada y me siento muy satisfecho de ello", explica Guillem Morales. "Otorgar a la película una atmósfera gótica hubiera sido lo más fácil. Pero deseábamos probar algo más especial e inquietante. De hecho las premisas estéticas de "Los Ojos de Julia" se han basado más en algunos videojuegos -de los que soy fan absoluto- que en películas cinematográficas. Y quise impregnar a todo el equipo de dirección artística de las influencias de mis juegos favoritos".

Balter Gallart, el director artístico, y su equipo tuvieron que romperse la cabeza para trasladar unas premisas estéticas de unos videojuegos norteamericanos a Europa con la consiguiente traducción estética. El resultado fue, según Balter, "una atmósfera con influencias centroeuropeas increíblemente empobrecida. No es una estética gótica pero otorga a la película la atmósfera adecuada para una historia tan sobrecogedora y que describe perfectamente un mundo en el que -como repetía constantemente Guillem- ya no hay nada hermoso que ver".

Uno de los grandes aciertos de la película fue el hallazgo -casi en el último momento- de la urbanización de Sara en el pueblo de Cantonigrós: el primer intento de un catalán, que pasó parte de su vida en Bélgica, de construir una zona residencial en España que se utilizó en el siglo pasado para el cuidado de leprosos y que ha terminado convirtiéndose en una serie de chalets. "Su estética iba perfecta para lo soñado", declara Balter Gallart. "Además, la parte trasera de los chalets derivaba en zonas privadas y comunes ajardinadas que conectaban los diferentes espacios y que nos sirvió para crear el laberinto de patios en los que Julia tenía que seguir una enigmática cuerda o correr y esconderse en ellos por la noche en medio de la lluvia".

La Escuela Industrial de Tarragona fue otro de los escenarios importantes para traducir las rigurosas premisas estéticas. Consistente en una enorme y monumental sucesión de edificios y espacios sin reformar que beben de la estética franquista de los setenta, se encontraron varios escenarios ideales para la película, como esa versión perversa de la ONCE que es el exterior del centro Baumann. Pero las entrañas de la bestia contenían más perlas, como todo el recorrido de túneles por los que Julia se lanza a la carrera de una enigmática sombra. La emoción al descubrir ese laberinto de túneles junto con la fascinación que le despiertan los espacios cerrados al director provocó que él y Oriol arrancaran un par de páginas del guión a pocas semanas de empezar la película y reescribieran las últimas escenas del primer acto para que la acción pudiera transcurrir en su interior. Aunque por otra parte, "el túnel más estrecho de todos era una pesadilla logística para el equipo", recuerda Guillem. "El espacio del último pasillo era tan angosto que sólo cabía una persona y para filmar cada plano debíamos entrar uno detrás de otro y en estricto orden como si estuviéramos jugando a una especie de Tetris. Un solo error de estrategia, y todo el mundo debía salir de nuevo para dejar pasar al otro en su correcto orden".

El rodaje en plató tuvo lugar en los estudios de Terrassa durante ocho semanas. Para ello, el equipo de Balter tuvo que crear más de una docena de decorados distintos, algunos con techo incluido, a medida que iba avanzando el rodaje. Cabe destacar que se utilizaron dos platós simultáneamente para su construcción y filmación.