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Los pasos dobles


Cartel de Los pasos dobles

La mejor forma de huir de tus perseguidores sin dejar rastro es caminar hacia atrás, sobre tus propias huellas. Eso creía François Augiéras, que cubrió de pinturas un búnker militar en el desierto, y luego lo dejó hundirse en la arena para que nadie lo encontrara hasta el siglo XXI. ¿Pero quién es Augiéras? ¿Legionario, pintor, escritor, pistolero, santo, ladrón, diablo o una mezcla de todo ello?

     Título original: Los pasos dobles
     Año: 2011
     Duración: 87 min.
     Nacionalidad: España, Suiza
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 23/09/2011
     Calificación: Mayores de 7 años
     Distribuidora: Avalon Productions S.L.

 

Comentario

Llevábamos varios meses trabajando en el guión de Los pasos dobles cuando por fin pudimos ver a su protagonista, François Augiéras, en movimiento, vivo y coleando: le vimos cargar un rifle y disparar contra sus propios cuadros; armado con arco y flechas; emboscándose en lo alto de un desfiladero; caminando sobre las aguas de un río. Su mejor amigo, Paul Placet, nos había dejado los originales de las películas Super8 que filmaron juntos durante los años 50: unas cintas domésticas en las que ambos compadres se turnaban tras la cámara, mientras jugaban a imitar las películas de bandoleros que tanto les gustaban. Su favorita era O cangaceiro (Lima Barreto, 1953), mítico filme brasileño que se apropió del lenguaje de los westerns norteamericanos una década antes de que Sergio

Leone rodara su primer spaguetti western. Sin duda, el joven Augiéras se veía a sí mismo como una mezcla imposible de fauno, poeta maldito, beduino, santo y pistolero, y siempre procuró vivir acorde con esos modelos extremos. Rastrear su biografía (mediante libros tan alucinados como La trajectoire, Viellard et enfant, Le voyage des morts...) implica una larga huida de la civilización occidental: un viaje que arranca en el fortín militar de su tío -un coronel de las colonias africanas con quien tuvo una relación tormentosa que marcaría su existencia-, prosigue por múltiples países y cuerpos nunca lo bastante duraderos, y termina en una cueva, donde vivió sus últimos días como un eremita, lejos de los hombres.