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El circo


La película comienza abruptamente en los Estados Unidos con la persecución de una joven, Marion Dixon por parte de una turba racista que no le perdona que haya tenido un hijo mulato. La secuencia no tiene desperdicio: la fugitiva consigue refugiarse en un tren en marcha en el que se topa con un tipo sospechosamente parecido a Hitler que se dirige a ella en alemán. El giro de un globo terráqueo nos lleva, en una elipsis descomunal, hasta la Unión Soviética, que aparece en el mapa con sus siglas CCCP; allí nos topamos con la carpa de un circo cuyo director, Von Kneischitz, no es otro que el inquietante teutón del tren.

Marion entra a formar parte de la compañía circense y el tal Von Kneischitz no deja de explotarla sin piedad, y eso a pesar de la brillantez de un número diseñado por el joven ingeniero soviético Iván Martynov, del que la joven termina enamorándose. Cuando, después de muchas peripecias, el tiránico director la expone a la vergüenza de mostrarla en público con su hijo mulato, el público ruso, cariñoso y tolerante, la acoge con una canción de cuna cantada en varias de las lenguas que tienen su hogar en la “plurinacional” y “multiétnica” URSS (ruso, ucraniano, georgiano e incluso yiddish).

     Título original: Tsirk
     Año: 1936
     Duración: 94 min.
     Nacionalidad: Rusia
     Género: Drama.
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