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Las razones del corazón


Cartel de Las razones del corazón

Emilia, un ama de casa agobiada por la medianía de su vida, por su marido fracasado, y por su maternidad agobiante y mal llevada, siente que se le derrama el vaso de la vida. El mismo día, el mismo maldito día que la abandona el amante distante, la tarjeta de crédito, con la que ha jugado al gato y al ratón por meses, la embarga. Ante su departamento vacío y desolado, la mujer decide tomar aquella decisión tan largamente acariciada, el suicidio. Curiosamente su muerte acerca al marido cornudo y al amante esquivo. La vida, qué duda cabe, es una paradoja constante.

     Título original: Las razones del corazón
     Año: 2011
     Duración: 139 min.
     Nacionalidad: México, España
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 07/10/2011
     Distribuidora: Wanda Films

 

Comentario

Probablemente uno de los personajes más conocidos de la literatura mundial sea el de Emma Bovary. Y al mismo tiempo, qué duda cabe, uno de los más desconocidos. Emma fue aplastada por el dictum de Gustave Flaubert, su autor: "Emma soy yo."

Emma, provinciana ilusa, trepadora, ñoña, quedó disminuida, desdibujada tras la figura de su autor. Nada más falso.

Emma y su creador poco y nada tenían en común. Flaubert fue lúcido, punzante, acre crítico de la sociedad que lo perpetró. La revisó, hizo la disección con la frialdad de un entomólogo de pueblo. Emma en cambio nunca pudo ver más allá de sus narices. Sus alcances, al igual que sus ambiciones fueron magros. Nunca alcanzó a ver más allá de una decena de millas de su pueblo gris, monótono y provinciano. A Emma la sofocaba su vida, su marido, su hija, su rutina, el olor de su cocina, ella padecía junto con ellos la misma factura pobre, magra, deslavada.

Sin embargo, con el paso de los años: heroína, novela y autor se fundieron y alcanzaron no sólo el mismo relieve sino, incluso, la misma reverencia. Una lectura desapasionada el día de hoy nos revela a un personaje poco a nada admirable: egoísta, trepadora, infantil, ilusa. Pocos, sin embargo, se atreven a externarlo en voz alta. Nadie puede rebelarse contra Emma Bovary. Mal pensar de Emma es mal pensar de Flaubert. Punto y basta. Tal confusión nos ha llevado a una ecuación curiosa. Reverenciar, justificadamente, una novela cruel e implacable, como injustificadamente a su personaje central, la adúltera fatua e ilusa.

Llegué a tales conclusiones la última vez que leí Madame Bovary, hace un par de años. Impulsado por la misma visión concluí que el personaje con el que yo me podía identificar más fácilmente era el del marido: el señor Bovary, tan desdeñado, tan resignado, tan consciente del engaño de su mujer, tan capaz no sólo de perdonarla sino de asumir el adulterio, de elaborar una fantasía en torno a la mujer vacua con tal de preservar su recuerdo, su imagen, y seguirla amando después de la muerte, después del desamor,después de la traición.

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