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Todo es silencio


Cartel de Todo es silencio

Noitía, en la costa atlántica, en Galicia, a finales de los años sesenta. Fins y Brinco son dos adolescentes con una relación de amistosa rivalidad en medio de la cual se encuentra Leda, algo mayor que ellos, que no tarda mucho en mostrar su preferencia por Fins, al que arrastra a la búsqueda de los tesoros que los naufragios arrojan a las playas, al tiempo que su relación pasa de la amistad a la intimidad del primer amor. La relación de Fins y Leda se interrumpe bruscamente cuando él se ve obligado a marcharse del pueblo, tras la muerte de los padres de ambos en un accidente mientras pescan con dinamita. Es la primera vez que Malpica, el padre de Fins, ensaya tal modalidad prohibida.

Cuando vuelve, veinte años después, Fins, policía ahora, ve que todo ha cambiado en Noitía: las tradicionales redes contrabandistas se han reconvertido al narcotráfico, aunque siempre bajo el oscuro control de Mariscal, el amante ante los ojos de todos de la madre de Brinco, que oficia ahora de lugarteniente del mismo, y que ha tenido un hijo con Leda. La vigilancia a que somete Fins a la pareja va más allá de la investigación policial encomendada: los viejos afectos, las lealtades, el cumplimiento del deber se entremezclan y están presentes en todas las actitudes de los personajes.

     Título original: Todo es silencio
     Año: 2011
     Duración: 119 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Intriga.
     Fecha de estreno: 09/11/2012
     Calificación: Mayores de 12 años
     Distribuidora: Alta Films, S.A.

 
Nominaciones:
Goya. Mejor guión adaptado 2013

Comentario

TODO ES SILENCIO, además de un título, es, de igual manera, una declaración de intenciones. Los personajes que habitan el guión hablan, desde luego. Algunos, mucho. Mariscal, muchísimo. Sin embargo, se caracterizan más por lo que hacen que por lo que dicen; por lo que callan, que por sus palabras. Muchas son mentiras, encubrimientos retóricos de las verdaderas intenciones de quienes las expresan, demagogia a veces. Otras, un pálido reflejo de los sentimientos que intentan traducir con angustia, con miedo, con odio recocido, con tristeza enorme…

Los sentimientos de los personajes que habitan el guión no están nada claros. No lo pueden estar. ¿Qué siente la Leda adulta, emparejada con Brinco, por Fins? Un Fins que fue seguramente su primer amor, cuyos padres murieron juntos en un mismo accidente, separados durante años por cientos de kilómetros y porque Fins nunca supo qué decirle, qué prometerle, cómo ni por qué pedirle que lo esperara, asegurarle que volvería. ¿Tenía derecho a ello? Nunca se atrevió a escribirle; pero cuando regresa a Noitía corre a su encuentro en la escuela ruinosa donde pudieron aprender todo y no lo consiguieron. En esa escuela-mundo que la vida ha convertido en encrucijada geográfica, histórica, sentimental y hasta económica.

La vida, que en definitiva es la que mata, arrolla a lo largo de la narración a todos los personajes que la pueblan, a sus pensamientos y a lo que sienten. El Brinco niño que odia a Mariscal será su lugarteniente, su hijo. Sira, la madre de Brinco y mujer de Rumbo, es la amante de Mariscal ante los ojos de todos. Ella sabe que tuvo las llaves de la vida y nunca las usó para ir al encuentro de la felicidad. Lo canta como un fado hermoso y lo vive sin remedio. El destino fatal de Fins y Brinco corre desbocado por raíles que unas veces discurren paralelos y otras convergen hasta provocar choques, descarrilamiento. Por el camino quedan otros: Chelín, Rumbo, la mujer de Mariscal, los hombres que guardan a éste…