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César debe morir


Cartel de César debe morir

El teatro de la cárcel Rebibbia de Roma. Acaba de terminar la representación de "Julio César", de Shakespeare; el público aplaude, entusiasmado. Las luces se apagan y los actores vuelven a su condición de presos camino de las celdas.

Seis meses antes

El director de la cárcel y un director de teatro se dirigen a los presos para hablarles de un nuevo proyecto, la escenificación de la obra "Julio César" en la cárcel. El primer paso es el reparto. El segundo, el estudio del texto. El idioma universal de Shakespeare ayuda a los presos a identificarse con los personajes. Es un camino largo, difícil, plagado de ansiedad y de esperanza. Estos suelen ser los sentimientos que invaden a los presos en sus celdas, después de los ensayos. ¿Quién es Giovanni, el hombre que encarna a César? ¿Y quién es Salvatore, convertido en Bruto? ¿Qué han hecho para estar condenados al encarcelamiento? La película no intenta esconder sus crímenes.

Pero el orgullo y la pasión que sienten por la obra no siempre libera a los presos de la exasperación que produce la cárcel. Sus violentos enfrentamientos incluso hacen peligrar la representación. Cuando llega el tan esperado día, los temores se recrudecen. El público es numeroso y muy diversificado: presos, actores, estudiantes, directores…

Julio César vuelve a la vida en el escenario de una prisión. El éxito es total. Los presos regresan a sus celdas. "Casio" está entre ellos. Es uno de los personajes principales y también uno de los mejores actores. Hace muchos años que ingresó en la prisión Rebibbia, pero esta noche su celda no parece la misma, se siente en un entorno hostil. Se queda inmóvil un momento antes de girarse y mirar a cámara: "Desde que he conocido el arte, mi celda se ha convertido en una cárcel".

     Título original: Cesare deve morire
     Año: 2012
     Duración: 76 min.
     Nacionalidad: Italia
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 23/11/2012
     Calificación: Todos los públicos
     Distribuidora: Golem Distribucion, S.L.

 

Comentario

Una amiga muy querida nos contó una experiencia teatral vivida hacía unas noches. Dijo que había llorado, y llevaba años sin hacerlo. Decidimos ir al teatro de la cárcel de Rebibbia de Roma, en el ala de máxima seguridad.

Después de atravesar varias puertas y pasar por diversos controles, llegamos a un escenario donde una veintena de presos, algunos de ellos condenados a cadena perpetua, recitaban la "Divina Comedia", de Dante. Habían escogido cantos del "Infierno" y volvían a encarnar el dolor y el tormento de Paolo y Francesca, del Conde Ugolino, de Ulises, en el infierno de la cárcel.

Todos recitaban en el dialecto que solían hablar; en ocasiones evocaban paralelismos entre los versos de los cantos y sus vidas. Entonces entendimos las palabras y lágrimas de nuestra amiga. Sentimos la necesidad de descubrir a través de una película cómo podía surgir una interpretación tan bella de las celdas de una cárcel, de unos marginados tan alejados de la cultura.

Sugerimos "Julio César", de Shakespeare, a Fabio Cavalli, el director que trabajaba con los presos. Escenificamos la obra en colaboración con los presos, filmándoles en sus celdas, en el patio, los pasillos y dependencias del ala de máxima seguridad, y finalmente en el escenario. Hemos intentado subrayar el contraste de su oscura y monótona vida en la prisión con la fuerza poética que evoca Shakespeare, la amistad y la traición, el asesinato y el tormento de una elección difícil, el precio del poder y la verdad. Llegar hasta lo más hondo de una obra como "Julio César" también significa mirar dentro de uno mismo, sobre todo cuando se abandona el escenario para regresar al confinamiento de una celda.

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