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Paraíso: Fé


Cartel de Paraíso: Fé

En PARAÍSO: FE, Ulrich Seidl explora lo que significa llevar una cruz. Para Anna Maria, una especialista en rayos X, el paraíso es Jesús. Dedica sus vacaciones a predicar, yendo de puerta en puerta por todo Viena con una figura de la Virgen María de 40 centímetros de alto. Pero un buen día, después de una ausencia de años, su marido, un musulmán egipcio en silla de ruedas, regresa a casa y la vida de Anna Maria descarrila. Los gritos se unen a los himnos y los rezos. La película narra el vía crucis de un matrimonio y describe las ansias de amor de una mujer. Es la segunda entrega de la trilogía Paraíso. En la primera, Paraíso: Amor, Teresa, la hermana de Anna María, espera encontrar el paraíso con un amor más terrenal en Kenia.

     Título original: Paradies: Glaube
     Año: 2012
     Duración: 113 min.
     Nacionalidad: Austria, Alemania, Francia
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 23/08/2013
     Calificación: Mayores de 18 años
     Distribuidora: Sherlock Films S.L.

 

Trailer:

Comentario

Las heroínas de Ulrich Seidl, al menos las que conozco, se mueven gracias a algo que parece emerger de su interior. Es (quizá) una especie de estímulo que se les ha implantado mediante un condicionante pauloviano, aunque no se sepa quién y no hiciera falta un procedimiento especial. Tienen un cierto parecido con Tyrone Slothrop, el personaje principal de El arco iris de la gravedad, de Thomas Pynchon, que debido a un estímulo que le implantaron (no recuerda quién ni cómo) tiene una erección cada vez que se cae un cohete V-2, pero - y aquí viene lo crucial - se pone en marcha antes de que caiga el cohete. Tyrone lo tiene, lo lleva dentro, como las mujeres de Ulrich Seidl. Es posible adivinar de dónde proviene, incluso en ocasiones se ve claramente, se puede "psicologizar" como ocurre en FE porque golpea en plena cara; pero se sigue sin saber lo que las empuja a buscar la lujuria, a buscar a Jesús (para algunos significa lo mismo), a humillarse durante sus insensatos intentos por convertir a los extraños (del mismo modo que no recuerdan la implantación del estímulo, tampoco lo perciben como una humillación, nada es una humillación si se SABE lo que se hace y por qué, y por eso pueden ser tan humildes esas mujeres, tan fogosamente humildes. No saben nada de deseos implantados, solo saben que deben perseguirlos y entregarse a ellos).

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