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Las dos caras de enero


Cartel de Las dos caras de enero

1962. Una glamurosa pareja americana formada por el carismático Chester MacFarland y la bella y joven Colette se encuentra en Atenas durante unas vacaciones en Europa. Durante una visita a la Acrópolis conocen a Rydal, un joven estadounidense que habla griego y trabaja como guía turístico, situación que aprovecha para timar a turistas ricas. Atraído por la belleza de Colette e impresionado por el dinero y sofisticación de Chester, acepta encantado una invitación a cenar.

Pero Rydal no tardará en descubrir que las apariencias engañan y que debajo del afable exterior de Chester se esconden oscuros secretos. Cuando Rydal va a ver a la pareja en su lujoso hotel, Chester le pide ayuda para mover el cuerpo de un hombre aparentemente inconsciente que, según él, le atacó. Rydal acepta sin pensarlo, pero se implica cada vez más en unos acontecimientos siniestros de los que no podrá liberarse. Además, se encapricha de la vulnerable Colette, incrementando los celos y la paranoia de Chester, y dando pie a una lucha mental entre los dos hombres. Las circunstancias les llevan de Grecia a Turquía, donde tiene lugar una dramática escena final en las callejuelas del Gran Bazar de Estambul.

     Título original: The two faces of January
     Año: 2014
     Duración: 96 min.
     Nacionalidad: EE.UU., Reino Unido, Francia
     Género: Intriga.
     Fecha de estreno: 13/06/2014
     Distribuidora: Universal Pictures Spain S.L.

 

Trailer:

Comentario

Leí la novela de Patricia Highsmith Las dos caras de enero hace más de veinte años. La trama era muy abierta, incluso inconsistente, a menudo ilógica, pero la historia y sus personajes imperfectos nunca me abandonaron desde entonces.

De todos los libros que he adaptado a la pantalla, es el único que he querido dirigir, quizá porque reconocí en mí mismo las muchas contradicciones emocionales y defectos de los personajes. La autora tiene la asombrosa facilidad de iluminar lo que más nos gustaría esconder en nosotros, sobre todo la falta de dignidad en nuestras emociones y nuestro comportamiento.

Sus personajes mienten, beben, tienen ataques de celos irracionales, son paranoicos y, a menudo, perfectos estúpidos. Pero son esas imperfecciones, esos defectos, lo que nos permite identificarnos con ellos.

El cine explora con frecuencia el lado más oscuro del ser humano, pero pocas veces se inclina hacia su lado más débil, y es exactamente lo que me fascinó del libro. Al principio del relato, Rydal habla de "los trucos crueles que los dioses reservan a los hombres". Los tres personajes principales de la historia están a merced de los dioses, pero también desafían y luchan contra el destino.

Como director, los tres me apasionaron. No he querido estudiarlos con lupa, sino más bien ser cómplice de sus errores, simpatizar con sus dilemas morales y emocionales, así como compartir sus miedos y sus tristezas.

En ningún momento me he sentido tentado por describir una postal de Grecia y de Turquía en los años sesenta, he querido mostrar un mundo que reflejara el estado psicológico y el descenso al inframundo de los personajes.

Para mí, y a pesar de sus defectos, estos tres personajes tienen algo de heroico. La vida se empeña en vencerlos, pero en la derrota recuperan la dignidad y el humanismo, convirtiéndolos en un grito que se alza desafiante a los dioses.

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