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Sacro GRA


Cartel de Sacro GRA

Usando como hilo conductor las aventuras de Marco Polo en Las ciudades invisibles de Italo Calvino, Rosi recorre los márgenes de GRA, como se conoce al Grande Raccordo Anulare, la autopista que circunvala Roma (con guiño en su título también a la búsqueda del Santo Grial, Sacro Graal en italiano). Una exótica fauna humana se cruza en el camino de Rosi: desde uno de los últimos pescadores de anguilas del Tíber o un científico que estudia las enfermedades de las palmeras, hasta unos nobles venidos a menos realojados en el extrarradio. Un colorido collar cuyas cuentas son los estudios de personajes de Rosi -llenos de humor, a ratos inquietantes y a ratos profundamente humanos- ensartados en esa cadena que rodea el cuello de la capital italiana que es el GRA.

     Título original: Sacro GRA
     Año: 2013
     Duración: 93 min.
     Nacionalidad: Francia, Italia
     Género: Documental.
     Fecha de estreno: 19/09/2014
     Calificación: Mayores de 7 años
     Distribuidora: Surtsey Films

 

Trailer:

Comentario

UNA GUÍA INVISIBLE

Durante la fase de localización de la película, transporté conmigo Las ciudades invisibles, de Italo Calvino. El libro de Calvino consta de una miríada de tramas, lo que deja al lector la libertad de imaginar de mil formas que se entrechocan y se superponen. La estructura es densa y compleja, y el lector puede interpretar de múltiples maneras en función de su estado de ánimo, el entorno y las circunstancias que afectan a su vida. El libro me acompañó durante los meses de realización de la película mientras que el GRA parecía evaporarse, haciéndose más invisible que nunca.

EL GRA

El GRA, flujo de tráfico ininterrumpido, y las gentes que lo habitan conforman una realidad que demanda atención y consideración. Sus contradicciones sorprenden: un hermano franciscano sacando fotos al cielo en medio del carril de emergencia, rebaños de ovejas pastando a pocos metros de vehículos que circulan a 120 km/h… Mundos en movimiento que se cruzan sin darse cuenta. De día, el GRA es tan solo una plataforma de transporte, pero de noche, emerge un mundo de gran complejidad al que solo se puede acceder después del crepúsculo.

MIRAR Y FILMAR

Filmar es doloroso para mí. El mero hecho de sacar la cámara ya lo es. Antes de hacerlo, tengo que haberme acercado a mis personajes y sus historias. Este proceso puede llevar meses. Solo después de este acercamiento gradual, puedo saber con qué distancia, qué ángulos y qué encuadre filmar los planos. Cuando por fin sé que ha llegado el momento de rodar, ya no tengo dudas. En este momento, solo estoy yo y el personaje, la cámara parece desaparecer de mis manos. Filmar no consiste solamente en dar vida a una acción: es la contradicción de una multitud de elementos que han aparecido con el transcurso del tiempo. La cuestión no es saber qué estilo utilizar para una escena en concreto, sino saber cuánto tiempo pasar con un personaje antes de encontrar la distancia y la perspectiva adecuadas con las que filmar su historia. Lo que surge aquí es mucho más complejo que el simple hecho de observar o llevar un plano a escena.

EL EQUIPO

Por todos estos motivos, siempre he preferido estar solo con mis personajes, sin equipo. Intenté trabajar de esta forma también en SACRO GRA, pero por primera vez, estuve acompañado por un equipo reducido de colaboradores inspiradores, sin los que habría sido imposible terminar el proyecto. A diferencia de mis otras películas, que son el fruto de un encuentro personal con un lugar y sus personajes, SACRO GRA es originalmente una idea que Lizi Gelber nos propuso a mí y al productor Marco Visalberghi, que creyó en su potencial. Gracias a los consejos, a los contactos y al entusiasmo constante del urbanista Nicolò Bassetti, también fuente de la idea del filme, fui capaz de transformar progresivamente esta banda de asfalto en un lugar rebosante de historias. Mantuve interminables conversaciones, a menudo al volante de nuestra minivan, con Roberto Rinalduzzi, mi ayudante de dirección, un compañero de viaje ideal y el confidente de todos mis miedos, dudas e incertidumbres. Él supo, de manera instintiva, en qué momento dejarme solo con los personajes, protegiendo así la intimidad total que rodea al momento de la filmación. Jacopo Quadri, con quien he montado todas mis películas, aportó una fluidez y una coherencia sinfónica al ritmo y la musicalidad de las secuencias, algo esencial para una película que no cuenta con una trama central. Finalmente, me dirigí a Dario Zonta, que por su experiencia junto a Pietro Marcelloy Alina Marazzi, y gracias a su conocimiento crítico del cine documental, era el hombre perfecto para producir esta película compleja y resolver los problemas técnicos y creativos que surgirían durante su creación.

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