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El camí més llarg per tornar a casa


Cartel de El camí més llarg per tornar a casa

Una mañana, Joel encuentra a Elvis, el perro de su mujer, medio moribundo y sediento. Esto le obliga a salir de casa, algo que lleva evitando desde hace tiempo. Al dejarse las llaves dentro, pasará el día intentando desesperadamente volver a su casa, su refugio.

     Título original: El camí més llarg per tornar a casa
     Año: 2014
     Duración: 85 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 29/05/2015
     Calificación: Mayores de 16 años

 

Comentario

Una película rodada desde el estómago...

Esa sería, para mí, una gran definición del resultado de “El camino más largo para volver a casa”, un proceso creativo largo y poco ortodoxo. Rodada en tres partes, rodajes de pocos días durante un año, sumando, exactamente un total de 16 días.

Un guión que se fue gestando observando a Borja, modificando la historia a favor del tono que se iba creando, y teniendo tiempo de reescritura para ir transformando al protagonista, un Joel cada vez más oscuro, más salvaje, si cabe, dado el conflicto interno que lleva a cuestas. Pero, sobre todo, de ahí lo del estómago, no fue una película nada racional, sí calculada y reflexionada desde un guión, pero muy intuitiva y libre, dada la libertad de creación y el estado de ánimo con el que nos dejamos llevar: La hostilidad y la rabia. La sensación de acompañar un protagonista antagónico, qué podía no empatizar con el espectador por su opacidad emocional y su comportamiento errático, era un aventura en la que nos tiramos sin red pero con una confianza ciega.

El tiempo es relativo...

Una obviedad, lo sé, pero aunque la película sea un trozo muy pequeño de la vida de Joel –tan solo un día–, la aventura que vivimos y la que queda al final fuera de campo es larga. Era importante para mí dar una visión verídica pero a la vez personal de ese vacío y ese dolor punzante e incomprensible que provoca la pérdida en el momento justo antes del proceso de aceptación, en sus primeras 24 horas, donde el cuerpo reacciona a la vida y la muerta de forma animal e irracional, tal vez, porque el protagonista nunca antes había tenido la impronta de ésta.

Un personaje opaco...

No pretendía hablar sobre la muerte desde la memoria, sino desde una reflexión más visual, tal vez más metafórica, desde las acciones, no desde el texto. El refugio es la casa, el perro es la dependencia y la muerte a la vez, las llaves es ese clásico y precioso símbolo para abrir puertas cerradas, puertas secretas o puertas que no son de tu propiedad, y el vagabundo o el sin techo. No me atrevía a verbalizar ni reflexionar nada, el pudor de la experiencia tal vez, o el poco tiempo de reacción del protagonista para poder sentenciar o categorizar sobre el tema.

No sé muy bien el porqué de nuestro hermetismo sobre Joel, pero lo que estaba claro es que nuestra experiencia vital nos llevaba a encontrar alivio ante una fórmula visual menos literaria.

La estética...

El trabajo de la tensión dramática era muy especial porque jugaba con una energía pasivo-agresiva de lenta cocción que fue dramatizada desde unos planos secuencia largos en montaje interno y zooms de acercamiento muy lentos, combinado con una cámara de seguimiento más nerviosa y dinámica. Ese contraste lo utilizaba para responder estéticamente al viaje emocional del protagonista y tal vez a esa tensión que puede vivir el espectador.